Volver tras estar prácticamente un mes fuera de las pistas nunca es fácil. Si esa vuelta se produce en una superficie completamente distinta a la anterior, en la que has de adecuarte a un ritmo y altura de bola totalmente distinta a lo que te estabas acostumbrado, doble trampa. Medirte a un tipo como Jaume Munar, capaz de convertir su tenis en una defensa numantina que no te da espacio ni te concede ningún punto de forma gratuita, añade una mayor dificultad al compromiso. Carlos Alcaraz lo vivió en sus carnes a lo largo de todo el primer set, pero consiguió recuperar sus mejores golpes justo a tiempo, salvando un par de situaciones comprometidas en el segundo set para culminar una magnífica remontada en su debut en el ATP Rio Open 2022 (2-6, 6-2, 6-1).
Y es que el break de salida con el que Carlos abrió fuego acabó siendo todo un espejismo a lo largo del primer set. Había caído la noche en Rio de Janeiro, con la grada expectante de ver a la mayor promesa que el cuadro tiene a su disposición. Munar, convertido en "villano" por un día, empezó a proponer a su oponente un guion de partido para el que hay que estar física y mentalmente preparado. Y Alcaraz, tras entregar el break de vuelta en su primer turno al saque, no parecía estarlo. Ni mucho menos faltaba actitud, ante algunos gestos de desesperación de cara a su banquillo (en el que no estuvo Juan Carlos Ferrero, por cierto); faltaba mucho tenis. Activación en las piernas para ser eficaz con la derecha, velocidad al saque... el murciano se intentaba aclimatar a un ritmo distinto mientras Munar se convertía en un auténtico martillo pilón.
Tantas facilidades al saque acabaron por hacer mella en la mentalidad de ambos: para Jaume, verse netamente superior sobre la arcilla carioca fue un chute de energía que le hizo atreverse hasta con varios restos de revés paralelo (ganadores). Para Carlos, un problema que no parecía poder desbloquear. Ahogado en sus propios errores y concesiones, fue incapaz de llegar al 50% en los puntos ganados con el primer saque y con el segundo. Munar empujaba y, con ello, colocaba un imprevisible 6-2 que obligaría al murciano a remar a contracorriente.
EL INICIO DEL SEGUNDO SET, UN PUNTO DE INFLEXIÓN
Pero los grandes jugadores deben demostrar y ganar en sus peores días. Los puntos importantes son los que acaban marcando el devenir de un partido, y fue ahí donde Alcaraz marcó la diferencia. Iniciaba el segundo parcial y todo hacía indicar que la victoria del mallorquín estaba en camino: un 0-40 para arrancar el parcial y colocarse, de nuevo, por delante en el marcador. He aquí un verdadero punto de inflexión: con más garra y carácter que tenis, Carlos consiguió salvar las acometidas de un Munar sabedor de la importancia de ese juego. Tras sacarlo adelante, la pista y la mente parecieron aclararse para Carlos, que deceleró un tanto su tenis y comenzó a jugar de forma más segura, con golpes con mayor margen que le permitiesen dominar, sin jugarse tanto el palo ante un tipo que jamás falla una bola fácil.
Funcionó, vaya si funcionó. Poco a poco Alcaraz fue inclinando el partido y los intercambios a su favor, recuperando golpes que habían comenzado dormidos. El revés, vital para no fallar en rallies de más de cuatro golpes, fue el primero en volver. Los intercambios de cruzado a cruzado ya no eran puntos gratis para Munar: ahora Carlos mantenía el fuerte y, cuando podía, encontraba una dejada sutil o un buen revés paralelo para cambiar el ritmo de los puntos. Una vez llegó la primera bola de rotura, el segundo set tenía escrito el nombre del murciano. El tercero sería otra historia... o no.
HURACÁN ALCARAZ
De nuevo, Munar dispuso de una pelota de break nada más comenzar el set definitivo. No la aprovechó, el juego terminó con el grito huracanado de Carlos... y el resto fue historia. Si en el segundo parcial Alcaraz había recuperado el revés, en el tercero puso sobre la pista dos de sus más preciadas características: su carácter y mentalidad ganadora y, sobre todo, su derecha. Volvieron los golpes de highlights, las condiciones atléticas increíbles para alcanzar bolas que parecen inalcanzables, y la derecha recuperó la lucidez y viveza con la que encandiló al mundo. Por todo ello, Munar acabó el tercer con apenas un único juego en su casillero, claudicando un duelo en el que pudo arrancar golpeando primero en todos y cada uno de sus sets (2-6, 6-2, 6-1). Para Alcaraz, un partido de esos que te reafirman en la élite: encontró la manera de darle la vuelta a los patrones dominantes de su rival, y de hacer las suficientes cosas bien como para elevar su nivel y recuperar lo que al principio parecía dormido. En segunda ronda espera Delbonis, aunque lo de hoy fue, en toda regla, una buena vuelta a la Tierra para Carlitos.

