Toda Australia estará mañana pendiente de la final de Birmingham a la espera de que su tenista, Ashleigh Barty, haga historia convirtiéndose en la segunda jugadora de su país tras Goolagong en alcanzar el Nº1 del ranking WTA. Pero antes de vivir ese momento crucial, la de Ipswich ha querido pasar por el consultorio de Telegraph Sport para recordar que siempre le fueron las cosas tan bien como ahora. No todos los días se celebra la conquista de Roland Garros, o se aspira a liderar el tenis femenino. Mucho antes, hace unos cuantos años, la oceánica tuvo que dejar atrás sus miedos para hoy sonreírle al futuro.
Y todo empezó con 15 años, cuando una jovencísima Barty se proclama campeona de Wimbledon Junior, encendiendo la mecha de la presión y la expectativa. “Aquello fue lo mejor y lo peor que me ha pasado. Nunca lo cambiaría por nada, nunca, todavía guardo algunos de los mejores recuerdos de mi vida en aquella semana. Pero sigo pensando que todo sucedió demasiado pronto. Recuerdo jugar mi primera partido en la Pista 4 y ya sentirme favorita, nunca había estado tan nerviosa, aunque luego fui ganando en comodidad. El pasto siempre me ha parecido la superficie más natural, incluso ahora. Volver al Parque Aorangi y ver mi nombre escrito en la pizarra es muy agradable”, confiesa la actual número 2 del mundo.
Aquello significó un antes y un después en su vida, llevándole con 16 años a independizarse en Melbourne. Allí comenzó a torcerse todo, tanto que apenas doce meses después estaba volviendo a casa. “No fue exactamente después de ganar Wimbledon, pero sí tuve un período de mi vida donde realmente luché por mi salud mental. A los 16, 17, 18 años. Para mí era importante trabajar en esto, pero creo que era todavía más importante tomarme un tiempo lejos del tenis”, subraya la mujer que se tomé un descanso durante dos temporadas para luego volver más fuerte que nunca.

Eso sí, hay percances que un jugador de tenis tiene que sobrellevar siempre, incluso ahora que las cosas van por buen camino. “Esta parte del año conlleva estar fuera de casa cerca de dos meses y medio. Cada vez que me voy me resulta más difícil irme. Desde luego, de no estar en una pista de tenis, el lugar donde elegiría estar es en casa con mi familia, aunque sé que siempre me están viendo. Hablo con ellos todos los días, pero sigue siendo la parte más difícil de mi trabajo. Por suerte, tengo a gente a mi alrededor que me ayuda a lidiar con eso pero, ciertamente, no es más fácil ahora que cuando comencé”, asegura la oceánica.
Para entender el presente exitoso de Barty, antes hay que irse a 2017, para entender quiénes fueron las personas que la convencieron para volver. “Casey (Dellacqua) fue una de las razones principales por las que volví al deporte, sabía que tenía su amor y su apoyo. Ahora la extraño todos los días de la gira. Sé que tiene una familia hermosa y está en el siguiente capítulo de su vida, pero ha sido una parte crucial en mi vida”, señala. “Rodearme de las mejores personas posibles es la mejor decisión que he tomado en mi carrera. Mi victoria en París fue tanto para Jim (Joyce), como para mí, como para Casey, las personas que han estado conmigo en los momentos más difíciles. Ahora que he ganado un Grand Slam, puedo asegurar que no me siento diferente en absoluto. Fue una gran experiencia pero eso no me va a cambiar como persona, sigo sienda la misma Ashleigh Barty”, sentencia la campeona de Roland Garros.
Nadie sabe lo que puede pasar mañana en Birminghan, lo que está claro es que ningún trofeo cambiará la manera de respirar tenis de esta mujer. “Es algo fantástico estar en una nueva final, la verdad es que está siendo una temporada espectacular hasta el momento. Pase lo que pasa mañana, estoy feliz por disfrutar de tantos momentos como éste, ojalá mañana vayamos a por uno más”.

