En un partido durísimo, implacable con la mente y el físico, David Ferrer se mostró como pez en el agua. Un pez con achaques, forzando la máquina, sin duda, pero recordando lo que fue durante toda su carrera. En un duelo marcado por la expectativa ante la posibilidad de apagar la llama definitivamente, el alicantino se citará mañana con el número 4 del mundo, Alexander Zverev, al que ya derrotó en Miami, después de doblegar al también español Roberto Bautista en tres disputadísimas mangas (64 46 64).
Un poquito más tarde de las 16h de la tarde en Madrid, con el sol en lo más alto, Ferrer y Bautista, en el partido más expectante de la jornada, el público gozó de un gran nivel, como se esperaba. Semejantes en su manera de construir los puntos, uno más rítmico, el otro más plano en sus golpes, 'Ferru' y Bautista ofrecieron un gran partido a los aficionados presentes en la Caja Mágica, con larguísimos intercambios, de revés a revés, de ataque a defensa, paso a paso, de esquina a esquina.
Reconoce David que ha pasado por problemas físicos estos días, pero arranca a un gran nivel, cerrando puertas y ángulos a base de mover las piernas, de meter una bola más, de cubrir la pista y el lado más débil de la cancha con un paso atrás y otro al costado, eterno para devolver y mantener el punto a flote, desgastando la zona de revés de Bautista que trata de invertirse constantemente para encontrar un punto de mayor velocidad que le conceda bolas cortas de David. Ferru, amante de la invertida para abrir ángulos, encuentra chispa en el primer set.
Es en los primeros diez juegos donde se desvelan los planteamientos y donde las energías no flaquean. En general, durante todo el partido se le ve a Bautista necesitado de un punto más de variedad y ajustes sobre el tipo de golpeo de Ferru. Bautista no termina de sacar el rendimiento más optimizado a su derecha invertida cruzada, planísima, velocísima sobre cemento, pero Ferrer se conoce el tiro y ajusta los pasos y su defensa para poder devolver cada pelota abierta.
Es en el último tramo del segundo set, sobre todo en el décimo juego, donde Ferru da síntomas de cansancio, de comenzar a llegar un pelín más tarde a cada defensa, y Roberto aprovecha la bola de break que tiene para igualar la tarde. Del físico, se pasa a la cabeza, y Ferrer aguanta. Durante muchos momentos se le ve riéndose tras cada esfuerzo, incrédulo, nervoso pero disfrutando.
En el parcial decisivo, concretamente en el quinto juego, Ferrer pide la asistencia médica, con calambres y desgaste en su pierna izquierda, tras un tremendo esfuerzo en un punto concreto. Lo que parece un momento agónico, tapándose la cara, no es el fin. David sigue. Y empuja un poco más para lanzar manotazos y concederse una oportunidad de más. De disfrutar, de jugar al tenis.

