Que jugadoras como Naomi Osaka tardan generaciones en salir es evidente. La japonesa es diferente, talentosa, ganadora y precoz. Tiene un juego puro, genuino, innato, que le ayuda a resolver problemas con solo mover las manos y depender de sí misma. Atributos que le han valido para alcanzar la cima del ranking en un tiempo absolutamente meteórico. Su reinado ha sido un puñetazo sobre la mesa del circuito femenino. Un huracán recién llegado a todos sitios, que saborea el éxito como pocas jugadoras en la historia.
Sin duda estamos ante un caso de precocidad especial, no tanto por la edad con la que comenzó a levantar títulos importantísimos, pues hubo precedentes más precoces, sino por la velocidad que lleva su carrera una vez se metió en el top-100. Ahí, Osaka está batiendo a todas, como recoge un fantástico reportaje gráfico de WTA.com. La número 1 el mundo no ha esperado demasiado tiempo para abalanzarse sobre el trono.

Antes del Open de Australia 2018, Osaka era la número 72 del mundo. Su progresión era igualmente velocísima, pues antes de ganar en Indian Wells ya figuraba entre las 50 mejores, siendo la número 22 tras alzarse con el título en California, pero fue desde ahí cuando todo se precipitó a una velocidad descomunal. El US Open 2018 y el Australian 2019 le permitieron romper dos barreras que, relacionadas, dan con un dato insólito.
Tras ganar en Nueva York, Osaka se metió en el top-10, con fecha 10 de septiembre de 2018, y sólo 20 semanas después, su clasificación decía ser la mejor tenista del mundo, tras ganar a Pliskova en Melbourne. Ese lapso de tiempo le ha permitido ser la jugadora que más rápido ascendió desde el top-10 hasta el top-1 desde que se contabilizan rankings, siendo más rápida que Martina Hingis (25 semanas) y que Evonne Goolagong (25 semanas).
Naomi Osaka, que busca prolongar su reinado ya sin la ayuda de Sascha Bajin, sigue rompiendo records de precocidad. ¿Cuál será el siguiente?

