Hay jugadoras que transmiten una sensación única de control de las emociones, inteligencia en pista y capacidad de revertir situaciones complejas. Naomi Osaka brilla con luz propia en esas vertientes del juego y se consagra como la gran revolución del tenis femenino en los últimos meses. La japonesa ha llegado para quedarse, como así atestigua el hecho de presentarse en la final del Open de Australia 2019 y dar continuidad al impresionante nivel de juego que demostró en Flushing Meadows la pasada temporada. Venció a una Karolina Pliskova repleta de confianza tras su sorpasso a Serena, y lo hizo con la contundencia de una samurái y la delicadeza de una alquimista.
El partido se desarrolló en su totalidad con la Rod Laver Arena cubierta debido a las altas temperaturas exteriores. Parecía ser esto algo que beneficiara el juego ofensivo de la checa, empeñada en la búsqueda inexorable del golpe ganador. Sin embargo, la versatilidad de Osaka es su mejor arma, así como su capacidad innata para interpretar de qué manera le conviene más jugar. Se mostró tremendamente intensa al resto, metiéndose en pista y arrebatando la iniciativa a una Pliskova que asistía cariacontecida al hecho de jugar con muchos primeros saques, pero verse incapaz de sentirse dominadora. Las bolas de break fueron cayendo del lado de la japonesa en el primer set, que cuando consiguió la ventaja fue ya muy superior y cerró el parcial con suficiencia.
Pliskova se ordenó en la segunda manga, comenzó a jugar con tiros incisivos, pero con margen, y fue desarbolando el juego de una Osaka que se precipitaba en su intento por continuar con la batuta del encuentro. Hubo un intercambio de roturas en los compases iniciales, y el zarpazo definitivo lo dio la checa en el décimo juego, restando para ganar el set y equilibrar el marcador con todo el merecimiento. Pareció ser el aviso para una Naomi de que no podía relajarse ni un ápice, y la japonesa encontró el punto de inflexión para voltear las sensaciones del encuentro, en los primeros compases del tercer parcial.
La checa parecía lanzada y tuvo tres bolas de break en el primer juego. Osaka se activó y consiguió levantarlas jugando con tremenda valentía y golpeando paralelos. Fueron estos golpes los que tenían el poder de cambio el encuentro, ya que ambas jugaban con potencia cargando el juego en cruzado por lo que si alguna tenía la capacidad de hacer el cambio de dirección, cogía una ventaja evidente. Naomi prolongó su estado de gracia en el siguiente juego, donde cosechó la la ventaja de break que supo mantener hasta el final.
No se lo puso nada fácil Karolina Pliskova, generosa en el esfuerzo que casi tiene recompensa en el octavo juego, cuando dispuso de bola de rotura. Sin embargo, Naomi Osaka asumió riesgos con el servicio y consiguió hacer una auténtica muestra de madurez para cerrar el partido con maestría. La japonesa venció por 6-2 4-6 6-4 y accede a la final del Open de Australia 2019 con la sensación de tener capacidad para protagonizar una era plagada de éxitos. Se jugará el título con Petra Kvitova.

