Los Masters 1000 multiplican su reparto del pastel

Seis nuevos campeones en las dos últimas temporadas indican que la dictadura del Big4 es cada vez más vulnerable en torneos de esta categoría.

Karen Khachanov, el último campeón de Masters 1000
Karen Khachanov, el último campeón de Masters 1000

No hay guerra que cien años dure es un dicho que puede aplicarse a cualquier ámbito de la vida. También al deporte, un mundo que se alimenta de etapas, reinados y múltiples dinámicas. Está claro que si hablamos del tenis moderno es obligatorio hablar de Roger Federer, Rafa Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray. El Big4, así los llamaron después de asumir el mandato del circuito a su antojo, repartiéndose cada torneo relevante que asomaba en el calendario desde, más o menos, la temporada 2004. Pero tampoco las leyendas se libran de hacerse mayores, bajar el rendimiento, lesionarse y abrir la puerta a una nueva época. Algo así hemos podido presenciar en 2017 y 2018, dos cursos donde los Grand Slams han seguido hablando el mismo idioma, pero en los Masters 1000 se han ido aceptando nuevos dialectos.

Nueve torneos por año, formados por cuadros de 64 jugadores exceptuando dos de ellos que cuentan con 128 huecos. No parece fácil hacerse con un Masters 1000, categoría que nació en 1990 y que ha ido cambiando de nombre hasta encontrar la fórmula idónea en 2009. Por aquel entonces, el Big4 ya venía arrasando en la categoría, pero apenas representaba un boceto de lo llegarían a conseguir. A punto de zanjar la presente temporada, estos cuatro fueras de serie han recolectado 106 Masters 1000 entre ellos, siendo Nadal el que más conquistó (33) y Murray el que menos (14). ¿Qué jugadores lograron comer en esta mesa, aunque solo fuera un aperitivo? Apunten el dato porque es tremendo. Desde 2009 hasta 2016, ambas temporadas incluidas, solo cinco hombres lograron levantar su primer Masters 1000: Ivan Ljubicic (2010), Robin Soderling (2010), David Ferrer (2012), Stan Wawrinka (2014) y Marin Cilic (2016).

Antes de 2009 ya lo habían logrado Tomas Berdych (2005), Nikolay Davydenko (2006), Tommy Robredo (2006), David Nalbandian (2007) o Jo-Wilfried Tsonga (2008), entre otros. Eran pocas las opciones de hacerse un hueco entre el Big4 y parecía que, con el paso de los años, el aro se iba a cerrar todavía más. Sin embargo, todo empezó a cambiar a partir de 2017, donde la treintena empezó a gestionar de una manera más racionada las temporadas de los cuatro fantásticos. Ver tres nuevos campeones el año pasado (Grigor Dimitrov, Jack Sock y Alexander Zverev) nos hacía regresar hasta 2003 para ver algo similar (Coria, Henman, Mantilla, Roddick). ¿Sería un espejismo? Ni mucho menos. Este calendario, otros tres campeones debutantes: Juan Martín Del Potro, John Isner y Karen Khachanov. Seis nuevos reyes del Masters 1000 en los últimos 24 meses, uno más de los que hubo entre 2009 y 2016.

Lejos queda aquella racha entre 2011-2012-2013, donde todos los Masters 1000 acabaron en la maleta del Big4 excepto el París-Bercy de 2012, donde David Ferrer alzaba por fin un título que le hiciera justicia. Tal era la distancia con el resto que había temporadas donde podían cerrar el circulo con tan solo tres nombres. A veces, casi con dos sobraba. Nadal y Djokovic se repartieron todos los trofeos de 2013 exceptuando la conquista de Murray en Miami. Algo parecido a lo que vimos en 2015, donde Murray y Djokovic dominaron con firmeza fallando solo en Cincinnati, donde Federer consiguió dejar su firma una vez más. Al venir de una etapa tan diferenciada, cualquier ápice de rebelión resulta llamativo, como por ejemplo ver a Alexander Zverev doblar la apuesta en 2017 encadenando triunfos en Roma y Montréal. Puede que tan solo sea un oasis en el desierto, o quizá el comienzo de una nueva era.

Más allá de los seis nuevos campeones, hay que detenerse también en las edades. No podemos engañarnos, no tiene el mismo valor de cara al futuro un Masters 1000 de Isner con 32 años que uno de Zverev (20) o Khachanov (22) con toda la carrera por delante. Llevamos tiempo pidiendo un relevo generacional que en los Grand Slams todavía se resiste, torneos de 15 días que requieren mayor madurez y preparación. Más experiencia. Exigencias que no son indispensables en Masters 1000, de ahí esta nueva corriente mucho más abierta donde sí es posible que Coric le de un susto a Federer o que Khachanov ponga en su sitio a Djokovic. Son solo datos, pero a algo hay que agarrarse. Lo que parecía una mera casualidad en 2017 se ha demostrado, un año después, que era el inicio de una nueva convivencia. Muchos ya se frotan las manos pensando en la próxima temporada.

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