Novak Djokovic debió de tenerlo claro y recibir un sí rotundo. Los tiempos que se han sucedido entre la marcha de todo su equipo de trabajo, entre ellos la de Marian Vajda, y la contratación de André Agassi, evidencia que Novak sabía que no iba a pasar mucho tiempo solo. Agassi tenía su confianza, que podía agarrar con firmeza e ilusión antes de soltar lo que había sido la firme sujeción de toda su trayectoria deportiva. El serbio ha confiado en alguien muy especial.
Recientemente, el exnúmero 1 del mundo ha mostrado síntomas de clara mejoría en su tenis, dando en Roma el mejor nivel de tenis que se le recuerda desde Roland Garros 2016. Colmados muchos de los retos que le movieron desde 2011, Djokovic manifestó en las últimas entrevistas un deseo por recuperar la inspiración que devuelva a su juego el brillo y la intensidad que perdió en los últimos diez meses. Y existen pocos exjugadores con tanta capacidad para inspirar como el de Las Vegas.
Porque Agassi tiene una historia detrás que marcó generaciones, unas vivencias difícilmente comparables por su complejidad y su éxito; también la repercusión que ha tenido manejar una verdad tan inconfesable como odiar lo que te ha hecho ser quien eres. Y entonces, ¿cómo puede confiar Djokovic en un hombre que expresó a todo el mundo que odiaba cada minuto que le dedicaba al tenis, cada rutina, entrenamiento, derrota o victoria? Seguramente por cómo salió de allí el de Las Vegas, por cómo volvió a la cima tras conocer el fondo.
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Las situaciones no son análogas, pero hay en Agassi una experiencia y sabiduría diferentes, cargadas de profundidad. Para hacer de todo eso el motor del cambio para Nole, aparece un componente muy atractivo y paradójico que puede convertir esta relación en un combo demoledor: Agassi nunca ha entrenado a nadie del circuito. Y eso es nuevo para él, como lo es para Djokovic escuchar una nueva voz. Ambos viajarán juntos con el objetivo de explorar y no de reconocer rutinas. La relación guarda un potencial descubrimiento mutuo, con un sentido de igualdad e ilusión por la novedad. Djokovic necesita motivarse de alguien que venga motivado.
A nivel táctico las posibilidades son jugosas. Ambos comparados por su revés y su resto, quizás necesite Djokovic alejarse un punto del control táctico que le inculcó Vajda, para conectar con parte de la ofensividad, riesgo y libertad que escondía cada golpe de André. En el tenis de hoy, anticiparse al contrario a través de la agresividad, en una etapa en la que Djokovic cumple 30, está significando una supervivencia para los mayores ante la nueva generación que puede cuestionarlo todo.
Por todo, lo que pueda surgir de la unión de ambos, precisamente en el torneo que aupó a Djokovic a la condición de mito, y que también le otorgó a Agassi el Grand Slam, se antoja excitante para cualquier amante del tenis. El tiempo lo confirmará, pero Djokovic sabe perfectamente lo que ha fichado. Queda disfrutarlo desde la barrera.

