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Elina Svitolina: De matagigantes a gigante
Había sido capaz de cargarse a las mejores. Ahora ha sido capaz de ganar un título como Dubái y de entrar en el top ten augurando un 2017 esplendoroso.
Fruto de una evolución continua, de un trabajo constante, de una humildad y un tesón a prueba de bombas, la ucraniana Elina Svitolina, a sus 22 años, ha atravesado la puerta del top 10. Ya forma parte de un selecto club del que puede ser integrante durante mucho tiempo si sigue con esta estela ganadora. La de Odessa ha encadenado 12 victorias al hilo atrapando los títulos de Taipei y Dubái, derrotando en la final de este último a Caroline Wozniacki. No ha ido haciendo el ruido de otras, su caminar ha sido más pausado pero quizá, acabe siendo más seguro.
La ucraniana se ha había granjeado el calificativo de 'matagigantes', registrando hasta cuatro victorias sobre números uno del mundo. Una tenista tremendamente aguerrida y difícil de superar que había sido capaz de tumbar a Serena Williams en los Juegos Olímpicos o a Angelique Kerber justo después de proclamarse número uno y campeona del US Open. Le faltaba eso sí ese título de relumbrón con el que pudiera pasar de matagigantes a gigante. Y por qué no, un lugar de privilegio dentro del tenis femenino. En una sola semana ha conseguido tachar de un plumazo ambas 'cosas por hacer' de su lista. Y por supuesto, cargándose en el camino a dos ex números uno, siendo fiel a su fama.
La progresión en el ranking de Svitolina ha sido inexorable, ininterrumpida, ajena de las idas y venidas propias de las jugadoras de su edad. Es verdad que no ha sido capaz de pegar un salto al estilo de otras, esa clase de saltos que te traen al instante la fama y sobre todo, una presión y atención por parte de los medios desmesurada. La ucraniana ha tomado el camino de una humilde hormiguita que a base de sacrificio y un brillante tenis de contraataque se ha ido encaramando a lo alto de la clasificación. En 2010 terminó en el puesto 498, en 2011 la 269, en 2012 la 156, en 2013 la 40, en 2014 la 29, en 2015 la 19 y en 2016 la 14. Y tras superar el segundo mes de competición de 2017, ya es top ten. Otras muchas han quedado deslumbradas por tanto foco y tanto éxito repentino. El éxito de Svitolina es como el éxito del buen vino, madurado con calma, sin prisa. Con la certeza de la irreversibilidad.

Y es que la carrera de Svitolina es un fiel reflejo de su tenis. Un tenis que no está pasado de revoluciones, que no se impacienta por terminar. Lucha lucha y sigue luchando hasta que las opciones se presentan. Demasiado a la contra antaño, ese tenis va progresando hacia una mayor dominancia, imprescindible para adquirir los galones de gran jugadora. Con su nuevo equipo de trabajo liderado por el español Gabriel Urpí, ex entrenador de Arancha y Conchita, la ucraniana tiene todos los mimbres para seguir subiendo y quizá esta vez como la espuma, aunque ella no quiere correr. Eso ya lo hace y muy bien en una pista de tenis.
"Siempre intento dar un paso más cada vez. Es muy importante para mí no precipitar las cosas. Mantenerme positiva. Estoy muy feliz con el tenis que etoy haciendo ahora. Por supuesto que necesito trabajar en muchos aspectos y estoy con ganas de enfrentar nuevos desafíos", ha desvelado Elina para la web de la WTA. Su cabeza no piensa en otra cosa que no sea seguir peleando de forma positiva y no conformarse con lo que ha conseguido. No vislumbrar la línea de meta sino seguir haciendo kilómetros es la clave.
"Solo me centro en mi juego en la pista y dejo todo lo demás fuera. Es fundamental para mí tener esta disposición mental. No dejo que me vengan malos pensamientos y afecten a mi juego. Si pierdo me digo 'venga, lo hiciste bien'. Ahora gano y sigo ganando y quiero más y más, y segui centrándome en mi tenis", cuenta Svitolina, demostrando una rocosidad y aplomo mental infranqueable, irreductible.
La de Odessa admite disfrutar con la presión, con los grandes desafíos, no arrugándose ante ellos. Eso explica en gran manera su tremenda capacidad competitiva ante las mejoras jugadoras. "Lo mejor de ser tenista es jugar partidos como éste. Una final, donde tienes mucha presión, cuando experimentas todas esas emociones. Quieres ganar con todas tus fuerzas y alcanzar tus metas y tus sueños. Ese deseo, esos sensaciones, son las que te mueven y te hacen trabajar realmente duro", se sincera la ucraniana campeona en Dubái.

Preguntada por los dos tatuajes que porta en su cuerpo y que rezan 'om' y 'carpe diem', Svitolina se explica. "Para mí representan difíciles momentos de mi vida de los que estoy muy orgullosa por la manera en la que los he manejado. Incluso en esta final pasé por momentos así. Intento disfrutar el momento. Era muy emocional cuando era pequeña, no conseguía estar tranquila. Esto llega con la experiencia por supuesto. Esto es la vida, intentar aprender cada día algo nuevo. Es muy emocionante la vida que tengo ahora. Juego al tenis y consigo mis metas. Soy muy afortunada", declara.
El claro debe de la ucraniana está en los Grand Slams donde fuera de Roland Garros no ha sido aún capaz de atravesar la primera semana y colarse en octavos, algo sorprendente para una matagigantes y ya 'top ten' como ella. Elina ya ha tirado un importante pesado muro en lo poco que llevamos de 2017 y está dispuesta a continuar con esta tremenda inercia en los grandes torneos de marzo en Indian Wells y Miami. "Cuando juego bien, puedo hacer un tenis de máximo nivel. Siempre trato de alcanzar esto, a veces no da resultado pero lo acepto y sigo trabajando, trabajando y trabajando", el auténtico lema de una de las jugadoras llamadas a protagonizar el 2017 del tenis femenino.