Es uno de los jugadores más carismáticos de los últimos decenios. Marat Safin despertaba pasiones allá donde fuera, existiendo una delgada línea separando el amor del odio. Tan talentoso como polémico, el ruso caminó por el circuito cosechando éxitos pero también imágenes poco edificantes desde el punto de vista del fair play. Sin embargo, Marat fue madurando poco a poco y en su despedida hace ya siete años tras perder ante Juan Martín Del Potro en París-Bercy, el mundo del tenis fue unánime: Safin fue, es y será único y especial, y se erigió en una figura clave para promover el tenis.
"No me arrepiento de nada", dijo un Marat ya más pausado en una entrevista para la ATP, y con una visión de la vida radicalmente opuesta a la que hacía gala en su juventud. "Tuve muchas lesiones que mermaron mi rendimiento pero eso no se puede controlar y estoy orgulloso de todo lo que hice. Es una parte muy interesante de mi vida la de tenista, que me hizo madurar y conocer a mucha gente", señaló el campeón del US Open 2000 y del Open de Australia 2006, llegando a ser número uno del mundo.

Su carácter era realmente fuerte y le costó ser el "chico malo" del circuito durante mucho tiempo, protagonizando episodios realmente grotescos, como rotura masiva de raquetas, protestas arbitrales airadas o no querer dar la mano a algún rival, como le ocurrió con Nicolás Almagro en Valencia 2006. "Tenía duras batallas en mi interior que me hacían luchar contra mí mismo además de contra el rival. Estás muy solo en la pista y necesitas liberar tensiones. Yo lo hacía así pero no es un ejemplo para los jóvenes", afirma con filosofía un Safín que está cómodo en su nueva versión y que ha sabido reinventarse después de colgar la raqueta.
"La mayoría de los jugadores somos egoístas y eso quizá no sea malo para el circuito pero sí para la vida. Es muy importante evolucionar", declara un hombre que apenas dos años después de retirarse, entró a formar parte del Parlamento de Rusia. "Terminé mis estudios de abogado y lo consideré un camino apasionante, del que aprendería mucho y me podría abrir puertas para el futuro". Y es que Safin tenía claro que su idea era diversificarse y salir de la burbuja del mundo del tenis. "Quería probar cosas nuevas, cosas que me exigieran aprender, ser humilde y escuchar a los demás", reconoció un Marat que afirma con sorna que "en el Parlamento no puedo romper raquetas".

"La situación política en Rusia es complicada pero eso me motiva para intentar trabajar y aportar mi granito de arena", declara el jugador ruso consciente de la necesidad de recibir una buena educación para no perder la cabeza con el éxito. "Tienes que estar abierto a la crítica y rodearte de gente que te diga las cosas como son, estar preparado para escuchar la verdad por muy dolorosa que sea", argumentó un hombre que por el momento no se plantea su papel de entrenador. "Tienen que pasar años para tener ganas de viajar de nuevo y estar en el mundo del tenis. Yo tengo otros objetivos ahora mismo".
Respecto a su visión sobre la nueva hornada de jugadores que se está fraguando en los últimos años, Safin sacó su carácter pícaro al afirmar que "me gustaría ver a jugadores que se volvieran tan locos en la pista como yo". Además explicó que "los chicos le pegan mucho más fuertes a la pelota y son unos tremendos atletas". Así es Marat Safin, genio y figura tanto dentro como fuera de la pista.

