Lo habíamos visto casi todo en cuanto a pistas de tenis. Podríamos hacer una recopilación de toda una serie de pistas curiosas y estrafalarias. La palma se la llevaban aquellas pistas hechas de excremento de vaca que se estilaban hace años en la India. Siempre se puede ir un paso más allá. En esta ocasión, en canchas que están la mitad del año sepultadas por la nieve, que se torna en la superficie obligatoria para jugar al tenis. La ATA (Alaska Tennis Association) se las ingenia para desarrollar el deporte de la raqueta en esas latitudes en las que el invierno no tiene piedad con el tenis. Los que pensaban que no había tenis en Alaska se equivocaban como demuestra tennis.com.
Las condiciones para jugar al tenis en Alaska no son las más adecuadas ni mucho menos. Los inviernos son realmente severos. El termómetro marca, durante varios meses del año, temperaturas por debajo de cero grados Celsius. Se hace casi imprescindible quedarse en casa o al menos, si se quiere disfrutar del tenis, hacerlo en una pista cubierta, aislada de tanto frío y de las continuas y copiosas nevadas.
“Tenemos nieve en las pistas durante seis meses al año”, cuenta el presidente de la Alaska Tennis Association (ATA), Allen Clendaniel. Alaska forma parte de una de las grandes potencias históricas del tenis, Estados Unidos, pero, separada del resto del país por el inmenso territorio canadiense, es fácil pensar que haya quedado al margen. Desde luego, las condiciones materiales de las que disponen no son las deseadas.
En la ciudad más poblada de Alaska, Anchorage, el tenis se practica como se puede. Y es que solo disponen allí de cuatro pistas cubiertas, algo increíble teniendo en consideración las dificultades ya reseñadas a la hora de jugar al aire libre durante gran parte del año. “Esto no es como Seattle, Portland o Nueva York”, cuenta el presidente de la ATA. “Allí se pueden quejar del tiempo. Nosotros aquí no podemos ni jugar prácticamente”, asume.
Pero a pesar de las vicisitudes que la nieve y el frío presentan, desde la ATA se las han ingeniado para desarrollar programas en las escuelas e impulsar el tenis. Utilizan la nieve caída y forman con ella una especie de nueva superficie sobre la que hay debajo y así poder seguir practicando el tenis durante el interminable invierno de Alaska.

“A causa del escaso tamaño de nuestra comunidad de tenistas, debemos ser mucho más flexibles a la hora de hacer las cosas”, cuenta el presidente de la ATA. Los torneos que se disputan, además de jugarse a menudo sobre nieve, configuran choques de lo más dispares. “A menudo tenemos dos chicos de 14 años jugando contra dos de 50. Creo que esto es una de las cosas más interesantes que nos hacen diferentes en nuestra comunidad. Estamos todos más cohesiones, porque además no nos queda otra que ser así”, explica.
Desde la ATA están claramente focalizados en fomentar el tenis entre la juventud de Anchorage y otros centros importantes de Alaska, con el objetivo de que el tenis siga creciendo a pesar de las dificultades. “Estamos centrados en la juventud, son el futuro. Tenemos que crear más jugadores de tenis”, cuenta. Eso sí, las expectativas tampoco son las de generar futuros campeones de Grand Slams ni nada parecido. La idea es muy distinta. “Nuestro objetivo es que la gente se divierta, sin buscar un tenis hipercompetitivo. Este no es un clima natural para jugar al tenis, pero hay mucha gente aquí que le encanta el tenis y quiere jugar todo el tiempo”, asegura.
Quien sabe si un futuro gran campeón de tenis estadounidense no ha empezado simplemente divirtiéndose y pasándoselo bien en las canchas nevadas de Anchorage. Tiempo al tiempo.

