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Un juez de silla destapa un increíble escándalo de abusos y discriminación en la ATP

De patitas en la calle fue puesto Magdi Somat tras denunciar abusos hacia una empleada de la ATP. Se movió toda una campaña contra él y se silenciaron sus protestas.

Varias historias se habían escuchado ya sobre el turbio funcionamiento de la ATP. Pero quizá ninguna como esta. La protagoniza un juez de silla egipcio, Magdi Somat, que hasta hace no mucho arbitraba en el circuito ATP y que ahora tiene que ganarse la vida como puede tras ser blanco de una campaña de silenciación y animadversión por parte de la ATP. El origen estuvo en una denuncia que impulsó el 'umpire' egipcio y que provenía de una trabajadora de la organización, supuestamente objeto de abusos y machismo por parte de algunos cargos de la ATP e incluso jueces de silla. Árbitros de renombre, supervisores ATP y algunos otros miembros han sido salpicados por este escándalo que reporta TennisPurist.com.

La historia es verdaderamente bochornosa. El punto central de la misma tiene lugar en el ATP 250 de Metz en Francia allá por octubre de 2014. El egipcio estaba designado esa semana como uno de los jueces de silla del torneo galo. Le tocó escuchar de manera accidental un abuso verbal por parte de un compañero suyo hacia una empleada de la ATP. Somat exhortó a la empleada a que denunciara ese indecente trato recibido. Ella le contó toda su historia que fue plasmada en un email con un destinatario: Gayle Bradshaw, vicepresidente ejecutivo de Reglamentación y Competición. Ese fue el final para el juez de silla egipcio y solo un abuso más, un episodio embarazoso adicional a todos los que había sufrido ya la trabajadora de la gran corporación tenística.

La afectada en cuestión, cuyo nombre se ha mantenido en el anonimato, empezó su andadura en la ATP en 2012, en un principio colaborando en el circuito Challenger para más adelante dar el salto al circuito ATP World Tour. Con ese salto llegaron los primeros problemas. En Brisbane fue objeto de una inesperada reacción por parte del manager de la ATP Fernando Sánchez, que al verla chatear en el ordenador, la despojó del mismo y escribió FUCK YOU!!!, dando por finalizada la conversación que la empleada tenía. Ese fue solo el primer bochornoso episodio que tuvo que experimentar en sus propias carnes. Montpellier y Estoril fueron las siguientes paradas. Tuvo que ver como el supervisor Carlos Sanches junto con Fernando Sánchez y el afamado juez de silla francés Cédric Mourier se reían de ella y comentaban en francés, impidiendo que se enterara de nada pero delante de ella.

Sánchez continuó con su conducta hacia ella en futuros torneos. Reprobaba su trabajo por rehuir a ciertos miembros de la organización y además seguía abusando de ella. Sonrojantes preguntas sexuales sobre posturas y películas porno preferidas. En el torneo suizo de Gstaad nuestra protagonista tuvo que vivir el peor y más bochornoso incidente. El causante del mismo fue el juez de silla italiano Gianluca Moscarella. Sin haberse cruzado nunca antes, el transalpino no se le ocurrió otra cosa que preguntarla si quería sexo con él según entró en la oficina de la chica. El árbitro no se quedó ahí y siguió insistiendo. Moscarella, ante la evidente sorpresa e incomodidad de la empleada respondió: "Tú me provocas teniendo grandes pechos y un gran culo". Posteriormente el italiano negó que todo aquello hubiera sucedido y que esas acusaciones eran una ofensa hacia él como hombre, marido, padre y profesional del mundo del tenis. Sin embargo, aseguran que el italiano ha demostrado en más de una ocasión una falta de escrúpulos importante en este tema.

En Montpellier 2014 vivió una de sus últimas experiencias sonrojantes y abusivas. Otro empleado de la ATP hizo este comentario hacia ella: 'Me abuuuuurrro, enséñame las tetas". Cerca estaba ya la chica de darse por vencida. Lo estaba pasando realmente mal, llorando a menudo, sintiendo continuamente un acoso y una vergüenza desmedidas.

Es aquí donde entroncamos y recuperamos la historia del otro gran damnificado de este relato, el juez de silla egipcio Magdi Somat. Se colocó en el punto de mira de la ATP a raíz de haber promovido que la empleada objeto de abusos elevara estos escándalos hacia las altas esferas de la organización. La nota enviada detallaba como Somat había estado detrás de la iniciativa. Si bien, previamente a esto el egipcio venía sufriendo por su parte otro tipo de acoso o si se quiere discriminación por diversos cargos de la ATP.

En el torneo portugués de Oeiras, el juez de silla se quejó ante la deficiente instalación en torno al sensor que mide si un saque toca o no la cinta. La jefa de los jueces en el torneo profirió una sonora y borde respuesta hacia el egipcio, lo cual motivó que esté elevara una protesta a Carlos Sanches, el supervisor de la ATP. La versión que aportó la portuguesa fue que Somat fue descortés con muchos miembros de la organización, no solo con ella, además de descuidar diversos aspectos técnicos. Aquellos miembros fueron requeridos y ninguno comentó nada peyorativo del juez de silla.

Quejas hacia él infundadas y revelaciones que dejaban poco que desear por parte de los miembros de la ATP. En Cincinnati y tras arbitrar un partido en el que el australiano Marinko Matosevic fue multado por un comportamiento totalmente fuera de lugar, el supervisor de la ATP Thomas Karlberg agradeció a Somat el trabajo realizado admitiendo que él y otros oficiales iban a darse un buen festín en una cena por valor de 1.500 dólares por cuenta de Matosevic.

En Metz llegó la hecatombe para él. De nuevo, al egipcio le llegaron quejas desde las altas esferas del torneo por haber sido supuestamente descortés y rudo en su comportamiento con los jueces de línea y algunos jugadores. Así se lo hizo saber Thomas Karlberg. En concreto, el juez de línea Benjamin Racine. Somat comentó que solo le había instado a que actuará más deprisa en los cantos de las bolas. Se trajo a la oficina al susodicho Racine y éste no tuvo palabras que dejaran mal al juez de silla egipcio. Delante de Karlsberg y Cedric Mourier. El comienzo del fin para él en cualquier caso.

A Somat le fue encargado para el día siguiente un gran cartel con el Tsonga-Goffin. Su último partido sería en la final de dobles del domingo. Tras ello, el egipcio no volvería arbitrar un partido para la ATP. Un par de días después le llegó la confirmación de que todo se había terminado a través de un correo. Se le acusaba de haberse insubordinado, de haber sido agresivo e irrespetuoso y de haberle gritado a Karlberg. También de haber tratado de manera indebida a los jueces de línea, llegando a forzarlos físicamente. Por tanto, le comunicaban que no asistiría a los torneos para los que estaba fijado que arbitara al año siguiente.

El egipcio instó a la ATP a que investigara todo lo sucedido, encontrando por respuesta una total indiferencia. Hasta se ofreció a costear un detector de mentiras y someterse a él. Pero tampoco. Solo pudo encontrar apoyo entre algunos jugadores del circuito que le han respaldado y le han dado ánimos. Todo son grandes palabras hacia él y su modo de llevar los partidos. Un escenario completamente distinto al que ha dibujado la ATP. Atropellos como estos siguen manchando una institución ya de por sí impregnada del sórdido mundo de las apuestas ilegales y cómo se permiten en gran parte de torneos de forma encubierta.