Un nuevo partido y una nueva derrota para Grigor Dimitrov. El búlgaro registró su sexta derrota consecutiva (cinco en primera ronda) ante Tipsarevic en Queen's, torneo que ganó en 2014. De esta forma, acumula una racha negativa que nunca antes había tenido en toda su carrera. Ni siquiera cuando comenzó a competir en el circuito en el año 2008 llegó a acumular tantos partidos perdidos. Sin ideas, metido en un agujero profundo, Dimitrov no levanta cabeza.
Su última victoria se produjo en Estambul, el pasado mes de abril. Grigor derrotaba a Ivo Karlovic y se metía en la final del torneo, teniendo la posibilidad de ganar un título nuevamente dos años después. Lo tuvo en su mano ante Schwartzman, pero su cabeza actualmente es un auténtico caos y es capaz de irse de un partido con una facilidad pasmosa. Se le escapó de las manos el trofeo en Turquía, al igual que le ocurrió en Sydney, donde llegó a tener bola de torneo ante Troicki, pero la ansiedad y la presión le están superando.

Él mismo llegó a decir tras perder en Roland Garros que estaba viviendo una situación "aterradora". Reveló las dudas que corren por su cabeza cada vez que salta a cancha y que no le hacen jugar suelto. Una pequeña cosa que falla, que a su vez hace que otra deje de funcionar y todo se produzca en cadena provocando la caída estrepitosa hacia el suelo que está teniendo el de Haskovo.
Llegas a ver al búlgaro jugar actualmente y lo comparas con el Dimitrov de 2014 y parecen dos tenistas completamente diferentes. Franco Davin no está logrando pulsar la tecla correcta y el patrón de juego de Grigor es totalmente difuso. Hay golpes brillantes, muestra de la calidad que tiene, pero otros difíciles de entender, casi como si no siguiera ningún orden concreto. Casi como si no preparara su táctica para los partidos o como si se le hubiera olvidado por el camino del vestuario a la pista.

Dimitrov estaba de acuerdo en que sus dudas le hacen jugar diferente a como él suele hacerlo habitualmente, tal y como confesó tras Roland Garros. Tan sólo necesita que alguien, bien su entrenador o un psicólogo deportivo, ponga en orden las cosas en su cabeza. Sólo así podrá jugar en la pista totalmente liberado de esos fantasmas que no le dejan avanzar. Seguro que el búlgaro se estará planteando muchas cosas en estos momentos, pero está en su mano el cambiarlo todo si ve que por este camino no funciona.
Dicen que si hay algo positivo de caer al suelo es que puedes tomar impulso hacia arriba mucho mejor. Él ya ha caído muchas veces y sabe qué se siente estando allí. La vida nos pone obstáculos pero los límites nos los ponemos nosotros mismos. De él depende levantar la cabeza o seguir metido en ese agujero negro del que parece no salir.

