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Una estación caprichosa

Serena Williams volvió a dejar escapar la oportunidad de igualar los 22 títulos de Grand Slam de Steffi Graf. ¿Lo conseguirá algún día?

Dentro de un mes se cumplirá un año del último título de Grand Slam de Serena Willliams. Quién nos lo iba a decir después de verla coronarse en Wimbledon por sexta ocasión derrotando además a Garbiñe Muguruza, una de las referentes de la nueva generación de tenistas. Con 33 años la estadounidense parecía pasar por su mejor momento tanto dentro como fuera de la pista y solo un milagro podría frenar el ascenso definitivo hasta alcanzar a su admirada Steffi Graf, la mujer con más majors en la historia en la Era Open. Pero la vida te da sorpresas cuando menos te lo esperas y ahora es precisamente eso, un milagro, lo que parece necesitar la de Saginaw para ver cumplido ese deseo por el que lleva tantos años trabajando.

Lo cierto es que Nueva York esperaba emocionada la llegada de su heroína para presenciar en directo ese empate a 22 títulos en el Grand Slam que cierra cada temporada. El camino, desde luego, no podía pintar mejor: primero Roberta Vinci y después Flavia Pennetta. Un par de italianas no podían ser obstáculo en cemento para ella. Pensamos lo mismo en Australia, territorio donde también defendía título. De nuevo el viaje la llevó hasta la gran final, lugar donde una inexperta Angelique Kerber afrontaba su primera gran cita en este tipo de eventos. Esta vez sí que debía ser la definitiva, pero todo se torció en el último renglón. Ayer en Roland Garros, por tercera ocasión consecutiva, Serena Williams se quedaba a un palmo de alcanzar la línea de meta con el trofeo entre sus manos. Esta vez era Garbiñe Muguruza la que le apartaba del éxito, igual que había hecho ella hace once meses en la hierba de Wimbledon. Tres balas y ninguna en la diana.

"No, no es por eso, he jugado contra dos rivales que lo han hecho mejor que yo. Angelique Kerber en Australia cometió solo 16 errores en tres sets, así que no se puede hacer nada. Garbiñe ha mostrado un nivel de juego increíble, hay que seguir trabajando sin descanso para ganarlas", aclaraba la menor de las Williams en rueda de prensa al ser preguntada sobre esa posible presión que lleva a cuestas de igualar los 22 Slams de Graf. La norteamericana quiso mirar para otro lado y no se excusó en tal objetivo, aunque seguramente algo influiría. Hablamos de una mujer que en su carrera ha disputado 27 grandes finales y solamente ha perdido seis. Dos de ellas en los últimos cinco meses. Aunque, por supuesto, el problema no radica solamente en esta frivolidad. “A mí me pagan por resultados, no por jugar bien”, decía Patrick Mouratoglou hace unos días. Visto lo visto, su afirmación contiene mucha razón.

Serena ya no es Serena, esto es algo tan demostrable como natural. A sus casi 35 años, la de Miami ya no luce como aquella joven rebelde con ganas de agitar el vestuario en 1998, año donde salió campeona del Us Open. Vean el partido de ayer, miren sus movimientos, su gesto, esa mujer ya no es invulnerable. Lo fue, y no hace mucho. Lo fue por mucho tiempo. Pero todo pasa y hasta las grandes leyendas algún día se apagan. Bien sea por lesiones, por temas de movilidad limitada, simplemente por edad o porque sus rivales ya han calado su juego, Serena Williams puede estar fácilmente inmersa en su última etapa como profesional. Eso sí, con muchísima dignidad. Jugando finales de Grand Slam y en lo más alto de la clasificación. Quién pudiera.

Por momentos, su incesante lucha por atrapar a Steffi Graf recuerda a aquel Roger Federer de 2009 que trabajaba duramente por llegar a los 14 Grand Slams de Pete Sampras. Entre Roland Garros de 2008 y Australia 2009, el suizo jugó las cuatro grandes finales y solo pudo ganar una. En las otras tres caería ante Rafa Nadal, quien en pleno discurso en Melbourne le animó: “Tranquilo, pronto alcanzarás el récord de Pete”. Y vaya si lo hizo, justo en el torneo siguiente, sobre la arcilla de París.

El apoyo a Serena es unánime, la gente la quiere y ella misma se gana este cariño gracias a su comportamiento en pista, especialmente su actitud ante la derrota. Ni Kerber ni Muguruza podrán tener una sola queja de lo buen perdedora que se ha mostrado la menor de las Williams en esos dos últimos envites. Tiene gracia, “buena perdedora”, una mujer que lo ha ganado todo. Tras su derrota de ayer, la norteamericana colgaba en sus redes una imagen de Muhammad Alí, uno de sus ídolos (y el de casi todos) en referencia a su capacidad de lucha y superación. “Imposibble is nothing”, dijo en su día el boxeador. Si continúa por este camino, seguro que Serena también acaba encontrando su recompensa.