De ganar a Sharapova a estar en silla de ruedas

Os traemos la historia de superación de Galina Voskoboeva, ex número 42 del mundo y que está de vuelta en las pistas por segunda vez y tras 22 meses en el dique seco.

Rubén Pérez Serrano | 29 Feb 2016 | 16.37
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En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.
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Había una vez una tenista kazaja que viniendo de la fase previa se cargaba de forma consecutiva a tres campeonas de Grand Slam (Bartoli, Pennetta y Sharapova) tras haber estado el año anterior 7 meses fuera por una lesión en el hombro. Esa misma tenista kazaja que más adelante se tiraría otros 22 meses alejada de las pistas por huesos del pie fracturados. Y la misma que pasada la treintena hace su regreso al circuito WTA en la gira mexicana y norteamericana de cemento, sin ranking y sin ritmo de competición pero con muchas experiencias vividas y la ilusión de repetir el regreso triunfal que ya tuviera en 2011. Ella es Galina Voskoboeva.

Nacida en Moscú hace 31 años pero nacionalizada kazaja en 2008, Voskoboeva tuvo que esperar hasta bien entrada la veintena para hacerse un nombre importante dentro del panorama WTA. Fue en Toronto en 2011 cuando causó una gran impacto al llegar a los cuartos de final y cargarse a tres jugadoras que a la postre han sido campeonas de Slams. Su ranking más alto fue el número 42 y solo alcanzó una final WTA, ese mismo año 2011 en Seúl ante María José Martínez.

La kazaja había realizado un magnífico regreso al circuito pero en 2014 el calvario de las lesiones volvió, esta vez con mucha más fuerza. “Me tuve que operar para que me extrajeran un hueso que estaba fracturado por tres sitios. El hueso estaba muerto y no se podía curar. Tenía otro fracturado también, pero no lo quitaron. ¡No podían quitarme dos a la vez! Aunque, realmente sí podían. Pero yo no sería capaz de correr rápido ni de saltar. No quería eso”, cuenta Galina en una entrevista para la web de la WTA.

Era el principio de un proceso de recuperación durísimo y muy largo, el segundo para ella, aunque sin punto de comparación. Cuenta el proceso que pasó durante su terapia en Ámsterdam. “Vine un mes después de mi intervención. Iba con muletas y escayolada. No podía caminar durante mucho tiempo con las muletas porque no tenía unos brazos muy fuertes. Mi madre me compró una silla de ruedas, lo que fue divertido, ya que si quería darme un paseo, empezaba caminando con las muletas y cuando me cansaba me pasaba a la silla de ruedas. Fue toda una aventura”, cuenta.

Voskoboeva era toda una turista en la ciudad holandesa. “Esta situación tenía sus ventajas. Hay muchos museos allí. Y también muchas colas para entrar en ellos. Pero cuando me veían en la silla de ruedas me dejaban ponerme la primera y así no tenía que esperar. Tú siempre debes quedarte con lo bueno, incluso en los peores días”, aconseja la tenista kazaja.

El peor momento de la dilatada recuperación fue antes de comenzar el 2015, año en el que esperaba volver a la carga. Entrenando en Florida se dio cuenta de que la situación no mejoraba, sino todo lo contrario. Su particular infierno estaba quemándola todavía más. “Todo estaba yendo bien hasta que de repente empecé a sentir dolor y no hizo más que aumentar. Me tuve que hacer una nueva resonancia magnética y me descubrieron una mancha en un hueso. No sabía cómo me la había hecho. Ni los doctores lo sabían. El caso es que necesitaba descansar”, relata la moscovita.

Y explica lo duro que fue este sorprendente contratiempo. “Tuve que empezar de nuevo, como si nunca antes hubiera hecho rehabilitación. Me encontraba muy abatida, además durante largo tiempo, la herida no se curaba. Trabajaba y trabajaba y no servía de nada, nada ocurría. Llegué a un punto en el que no estaba segura de sí podría volver”.


Pero no hay mal que por bien no venga. Así lo entendió Voskoboeva, que aprovechó esta gran demora en su vuelta a las pistas para disfrutar de los torneos como espectadora de lujo. “No me gustaba ver tenis cuando participaba en los torneos. Cuando perdía, me frustraba y no me apetecía ver más tenis. Pero con la lesión me di cuenta de que soy una gran fan, me encanta animar y me siento muy relajada”, comenta.

Asimismo se formó en Moscú para desempeñar en el futuro el rol de entrenadora y completó el curso ATP/WTA en Miami para desenvolverse en este ámbito. “Tuve muy buenos entrenadores. Me quedé con lo mejor de cada uno. Fue algo un poco complicado lo del curso porque yo aún estaba intentando volver al circuito y por tanto, seguía con mi proceso de rehabilitación. Así que no podía involucrarme al máximo en mi formación”, admite.

El momento tan esperado de la vuelta a las pistas llegó en este mes de febrero. Voskoboeva, sin ranking protegido ninguno, jugaba la previa de un ITF en Arizona. Ganó dos partidos pero en el definitivo cayó derrotada. Lo importante es que se sentía de nuevo jugadora profesional de tenis. A la semana siguiente, junto con su amiga Anastasia Rodionova, conseguía su primera victoria WTA en casi dos años en el dobles de Acapulco.

“¡El nivel de tenis profesional solo lo he visto por televisión en estos últimos dos años! Cuando llegue a ese nivel, podré hablar de objetivos, ahora no. Apenas he jugado en dos años, casi nada. Continuamente pienso en que me faltan cosas. Un golpe, moverme más rápido o no moverme en la dirección equivocada… Son aspectos en los que tengo que mejorar. Lo más importante eso sí es estar sana y cuidarme. ¡Tengo muchas partes de mi cuerpo que tengo que tratar bien!”, comenta la simpática tenista kazaja. Esperemos que su regreso sea tan exitoso como el que ya tuvo hace cinco años.