Von Cramm, el tenista que plantó cara a Hitler

Repasamos la tremenda historia de Gottfried Von Cramm, el tenista alemán que luchó contra el nazismo y los intentos de Hitler de que se uniera al ejército.

Un 7 de julio de 1907, en el pequeñísimo pueblo de Nettlingen, nació Gottfried Von Cramm, una de las figuras más importantes de la historia de Alemania en lo que a tenis se refiere. Ganador en dos ocasiones del Abierto de Francia, Von Cramm alcanzó otras cinco finales de Grand Slam y se caracterizó por oponerse al régimen de Adolf Hitler y por la lucha que mantuvo contra el dictador alemán al negarse formar parte de su ejército como gran reclamo mediático frente a los Aliados, algo que le hizo incluso ser encarcelado por los nazis justo antes de que comenzara la II Guerra Mundial.

Gottfried nació en una familia adinerada. Tercer hijo del Barón Burchard Von Cramm y Jutta Von Steinberg, pasó su infancia entre los muros del castillo que poseían en Hannover. Su vida cambia por completo cuando se marcha a estudiar a Berlín. Allí, decide dejar los estudios de lado y comienza a practicar tenis, descubriendo que no sólo se le daba muy bien sino que había nacido con un don para ello y no dudó en hacerse profesional. Así es como en el año 1932, con 23 años de edad, causa furor en el circuito formando pareja de dobles junto a un ruso judío, de nombre Daniel Prenn. 1933, con el nombramiento de Adolf Hitler como canciller del gobierno alemán, traería cambios para su vida, tanto tenística como personal.

Von Cramm deleitaba a todos los aficionados por su particular estilo de juego, el clásico de aquella época, adornado con una gran elegancia y cimentado bajo las bases de una gran fuerza mental y majestuosa deportividad. No había nadie en el circuito en aquellos años que no alabara el comportamiento del alemán, muy admirado por sus compañeros. La ascensión de Hitler en aquél 1933 hizo que Prenn, el compañero del alemán, tuviera que emigrar de Alemania por lo que Gottfried tuvo que centrarse en su carrera como singlista, en la que obtuvo también un gran éxito.

En 1934, Von Cramm se proclama campeón del Abierto de Francia ante el australiano Jack Crawford, algo que despierta el interés de Hitler, que ve en él a la perfecta arma de lucha contra sus oponentes. Fuerte, atlético, de rubio pelaje y conocido mundialmente, el dictador alemán intentó repetidamente que Von Cramm formara parte de su ejército nazi puesto que cumplía todos los requisitos de la raza aria que el dictador quería promover en el mundo. Una y otra vez, Gottfried rechazaba las invitaciones aunque para su lamento, no podía evitar tener que lucir una camiseta blanca con la esvástica en el corazón y tener que hacer el saludo nazi justo antes de disputar el primer punto del encuentro, todo para evitar posibles represalias. Él, a diferencia de otros muchos deportistas de su país, decidió seguir practicando su deporte antes de unirse al ejército.

Gottfried continuó con éxito su camino en el circuito. Finalista de Wimbledon en 1935, donde cayó en un tremendo partido ante Fred Perry, perdió ese año la final de Copa Davis ante Estados Unidos disputando el partido decisivo. De nuevo volvió a ofrecer un gran gesto de deportividad dando un punto a su rival por haber tocado la pelota dos veces su raqueta cuando nadie más que él se había percatado de aquello. Aquél punto le hubiera dado un match point y la posibilidad de lograr la ensaladera.

Ganador de nuevo del Abierto de Francia en 1936, volvería a caer en la final de Wimbledon de aquél año ante Fred Perry, el número 1 del mundo en aquellos tiempos y gran dominador del circuito. Hitler no ocultaba su admiración por Von Cramm y continuó pidiéndole que su uniera a su lucha. Los rechazos del tenista hicieron que Adolf Hitler fuese más allá y le prohibió competir en el Abierto de París en 1937 a pesar de que era el campeón defensor. Intentó así forzar la situación con el tenista, que se mantuvo firme en su decisión. Ese mismo año, en la edición de Wimbledon, Von Cramm disputó uno de los mejores partidos que se recordaban hasta la fecha en la final ante su amigo, el estadounidense Don Budge. Bill Tilden dijo de él que había sido "el mejor partido" que vio nunca. Fue un tremendo maratón resuelto en cinco sets a favor del norteamericano. Los dos se volverían a encontrar en el mismo escenario, meses después en la final de la Copa Davis, momento en el que se produce uno de los peores tragos que Von Cramm tuvo que pasar en su vida.

La eliminatoria llegó viva al quinto y decisivo punto y el destino quiso que Budge y Von Cramm tuvieran que disputárselo. Todo el mundo del deporte se reunió aquella tarde del 20 de julio de 1937 dispuestos a disfrutar de otro de los mejores duelos que podían verse en aquél entonces. Ahí es cuando en el vestuario, minutos antes de que comenzase el encuentro, Gottfried recibe una llamada. El Führer le estaba esperando fuera para hablar con él. Budge confesó que el alemán se quedó pálido ante tal llamada. Von Cramm le recibe y le hace la reverencia. Le tiembla todo. Hitler le transmite un mensaje que suena más a amenaza: ganar a los estadounidenses es vital. Debía ganar sí o sí. No había otra opción.

Gottfried se lleva las dos primeras mangas. Budge afirmó tiempo después que el alemán saltó a pista casi como si le fuese la vida en ello. El estadounidense logró igualar el marcador posteriormente y llevar el partido a la manga decisiva. Ahí, Von Cramm se puso 4-1 arriba con todo de su mano para llevarse la ensaladera a su país pero Budge dio la vuelta a la situación y se llevó la victoria tras una impresionante remontada. El alemán no pudo evitar romper a llorar tras el partido. Todo el público reconoció su lucha y le premió con un ferviente aplauso, pero eso no hizo mitigar el enfado de Hitler que no pudo ver más allá de la derrota y la mala imagen para el deporte alemán. Un año después, todos los deportistas del país fueron llamados para una recepción oficial en Berlín. Gottfried fue el único que no acudió y prefirió quedarse en su casa, en el castillo de sus padres. Dos agentes de la Gestapo no tardaron en acudir para detenerle. ¿La razón? "Irregularidades sexuales con el enemigo".

En efecto, Gottfried fue acusado de mantener relaciones homosexuales con un judío. Crimen muy recurrente en aquellos años cuando Hitler encontraba una oposición de tal calibre aunque cuentan los libros de historia que en efecto, el tenista mantenía una relación con un actor judío, Manasse Herbst. Fue así encarcelado durante todo ese 1938, dejando camino libre a Don Budge para conseguir los cuatro grandes la misma temporada.

El estadounidense aprovechaba sus viajes por todo el mundo para recolectar firmas que sirvieran de apoyo a su amigo Von Cramm y su lucha tuvo recompensa ya que tras recoger 25 firmas de deportistas, envió una carta a Hitler que liberó a Gottfried en mayo de 1939. Él, no dudó en coger sus cosas y viajar a Inglaterra para volver a competir lo antes posible. Haber sido acusado de homosexual, además de ex-presidiario, no era bien visto por la sociedad en aquella época por lo que los organizadores de los torneos debían valorar si incluían a Gottfried en el cuadro. Queen's le aceptó tras superar la votación por 12 votos a favor y 11 en contra. El alemán ganó aquél torneo con tremenda superioridad sobre sus rivales. En cambio, Wimbledon lo rechazó y le privó probablemente de ganar su primer y único Abierto de Londres.

La II Guerra Mundial estalló y no hubo tenis en el mundo durante este conflicto bélico, el mayor que ha tenido el hombre en toda su historia. Von Cramm fue enviado a Rusia como soldado dentro de la división de Hermann Goering. Un año antes del fin de la guerra, Gottfried volvió a su país y fue condecorado con la cruz de hierro por su lucha aunque ese reconocimiento no le privó de ser arrestado de nuevo por la Gestapo siendo acusado de un intento de asesinato a Hitler. Allí, tenía difícil salir con vida puesto que fue condenado a muerte por los nazis hasta que el Rey Gustavo V de Suecia intervino. Este monarca, gran fan del tenis, medió para darle asilo en su país y salvarle de una muerte segura. Von Cramm pasó en Suecia el resto del tiempo que duró la guerra.

A partir de entonces, Gottfried volvió a su país y allí se dedicó a trabajar en su granja en Hannover. Los alemanes fueron suspendidos de participar en cualquier disciplina deportiva hasta comienzos de los años 50 por lo que Von Cramm tuvo que buscarse la manera de sobrevivir. Cuando la sanción acabó, en 1952, Gottfried volvió a disputar varios partidos de tenis aunque a sus 43 años la gloria de tiempos pasados nunca volvería. Para él, empuñar una raqueta de nuevo después de la guerra fue el mayor triunfo que podía tener.

Pasó en Egipto los últimos 20 años de su vida trabajando como importador de algodón desde Alemania y se dedicó a reformar el club de tenis de Rot Weiss, que hoy sirve como instalaciones de un torneo WTA. Amaba tanto ese sitio destruido por las bombas que financió él mismo su reconstrucción. Sus medallas presiden la sala de trofeos del torneo y la calle que va al club lleva su nombre. Murió en un accidente de tráfico en 1976 en El Cairo, y no pudo contemplar en vida el triunfo de un alemán en un torneo de Grand Slam, el primero después de él. Fue Becker, sobre esa hierba de Wimbledon que tanto y tanto deseó Von Cramm ganar un día y el destino quiso que Boris lo lograra un 7 de julio de 1985. Justo el día en que Gottfried hubiera cumplido 76 años.

Von Cramm será siempre recordado como un hombre valiente, que tuvo el coraje de plantar cara a Hitler, aquél al que medio mundo temía y al que él mismo denominaba de forma irónica como un simple "pintor de casas".

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