Que Novak Djokovic ya forma parte de la historia del tenis es algo que casi no hace falta ni mencionar. Un palmarés que rebosa títulos, grandes gestas y hoy en día, una superioridad insultante. Con su estratosférico nivel ha echado por tierra y dejado obsoleto al grupo denominado ‘los 4 Fantásticos (Djokovic, Federer, Nadal y Murray). Él ha quedado como el único e indiscutible ‘Fantástico’. A sus 28 años las puertas del Olimpo del tenis están ya prácticamente delante de sus narices, aguardando a que las cruce como el mejor de todos los tiempos. ¿Qué es lo que se lo impide? Nunca mejor dicho, la tierra. La de Roland Garros.
El Grand Slam parisino se ha erigido en las últimas décadas como el enclave donde grandes leyendas del tenis ven frustrados una vez tras otra sus anhelos de alcanzar la gloria eterna, ganar los 4 grandes del circuito. John McEnroe, Andre Agassi, Pete Sampras, Roger Federer…Enormes mitos de este deporte que, o no llegaron a encumbrarse en la arcilla roja o lo hicieron tras llorar muchos intentos fallidos en el pasado. Hoy es Novak Djokovic el que llama a la puerta de la eternidad.
El serbio ha partido como claro favorito al título en París en varias ocasiones ya. Hasta el auténtico rey de la tierra batida, Rafa Nadal, tenía que mirarle desde abajo. En 2011 estaba realizando una temporada de ensueño, de ciencia ficción. Ni un solo partido había perdido hasta que llegó a Roland Garros. Australian Open, Dubai, Indian Wells, Miami, Belgrado, Madrid y Roma eran sus conquistas hasta entonces. Pero un tal Roger Federer se interpuso en su camino en las semifinales y logró alejarlo de la Copa de los Mosqueteros.

Tras varios tropezones posteriores en el mismo escalón y ante el mismo jugador, Rafa Nadal, el serbio se plantaba en 2015 con la oportunidad de oro. Además, ya tenía en su poder los otros tres grandes por lo que salir victorioso de París significaba cerrar el círculo, poner un broche de oro de 24 quilates a una carrera en la que tenía que rivalizar con otros dos monstruos de la raqueta. Con el rey Nadal arrodillado ante su tenis, Djokovic solo tenía que darle un pequeño empujón a Wawrinka en la final para pasar al Olimpo. O eso nos pensábamos todos. O eso pensaba también él.
Tras un verano austral de nuevo exitoso para el balcánico, la tierra batida vuelve a aparecer en su horizonte amenazadora, llena de incertidumbre. Cierto es que quedan aún casi 4 meses hasta que tenga que enfrentarse otra vez cara a cara con esas puertas del Olimpo que están esquivas le están siendo. Pero es obligado y lógico pensar, tras ver su exultante superioridad en este comienzo de 2016, si este año será por fin en el que Djokovic gane el Grand Slam y escriba con letras de oro su nombre en los libros de historia del tenis.
Él admite que está en el mejor momento de forma de su carrera, donde todo le sale a pedir de boca. Y que a los 28 años de edad que tiene, debe sacar lo máximo de él, seguir mejorando y ganar todo lo posible. Las puertas del Olimpo no estarán ahí eternamente y Novak bien lo sabe. Parece inconcebible que se quede sin ganar los 4 grandes. En un año natural ha hecho final en todos los torneos que ha disputado dejándose sin ganar Dubai, Canadá, Cincinnati y… Roland Garros. Al indiscutible número 1 no hay quien le tosa, quien le mire por encima del hombro, quien le gane. Pero en las inmediaciones del Bosque de Boulogne, en la pista Phillippe-Chatrier, algo pasa siempre, algo nubla la visión del serbio. El paso a la eternidad, que a menudo a cegado a los más grandes…

