Garbiñe Muguruza volvió a demostrar en la pista central Rod Laver Arena de Melbourne unas tablas que hacen pensar que puede optar a todo en este primer Grand Slam del año. Victoria trabajada y en la que tuvo que poner paciencia ante la belga Kirsten Flipkens, una tenista que incomoda bastante y corta mucho el ritmo. Garbiñe solventó la papeleta con más dificultad que ante Kontaveit pero siempre tuvo el partido controlado. Un 6-4 y 6-2 en 1 hora y 19 minutos de encuentro. El partido se disputó en unas condiciones mucho más templadas de lo normal, ya que horas antes había caído incluso algo de agua.
Si bien el tenis que le tocó recibir a Garbiñe por parte de Kontaveit era de su estilo, con intercambios potentes de fondo, una guerra de palos, lo de este último duelo ante Flipkens era otra cosa. Un partido que era previsible que se le pudiera complicar por la idiosincrasia tenística de la tenista belga, con un despliegue de tiros cortados con el revés, subidas a la red y golpes explosivos con la derecha.
Muguruza mostró fiabilidad y estabilidad en líneas generales y supo imponer su mayor regularidad en los momentos importantes. La primera manga acabó cerrándola por 6-4 tras varias roturas de ambas jugadoras. En la segunda rompió inmediatamente aprovechando los bajones de concentración de los que suele adolecer Flipkens y la historia de ese set fue más previsible y tranquilizadora para la hispano-venezolana.

Cogió un segundo break de ventaja que se antojaba definitivo, mientras Flipkens se diluía y facilitaba el trabajo cometiendo más errores de la cuenta. Muguruza tuvo en el saque su mejor aliado evitando así las posibles subidas de la belga a la media pista. En el fondo no existía realmente color, muy superior la española.
En tercera ronda Garbiñe se las tendrá que ver con otra jugadora veterana como Flipkens y con un juego bastante directo también como es la checa Barbora Strycova. Pasito a pasito Muguruza hacia las últimas rondas del torneo.

