Novak Djokovic estará en las semifinales de Bercy tras acabar con un sobresaliente Tomas Berdych, en dos tie breaks. En un encuentro disputadísimo, Djokovic arrimó el hombró ante el vendaval checo, sin inmutarse, sin mostrar sensación de dificultad, como si a su rendimiento le quedarán varios pasos por dar hasta su límite. Su capacidad para competir dejó hoy una de sus performances más asombrosas. Y ha tenido muchas.
En un partido extraordinario, seguramente el mejor del torneo, Tomas Berdych acabó arrodillándose ante un jugador que sigue actualizando su dominio hasta lo irracional. El checo se desnudó tenísticamente sobre Bercy, aplicando todo lo aprendido en los primeros meses de la temporada junto a Vallverdú y desatándose sobre la central de Bercy para acabar muriendo por pura impotencia. Djokovic no es normal.
Berdych rozó su techo potencial jugando a campo abierto y en distancias largas. Fue imposible pedirle más. Su altísimo nivel de confianza dejó constancia en cada tiro. Pasó la mano, jugó con alturas, buscó las líneas, bajó el culo para contragolpear, sirvió a la perfección, cubrió pista e hizo cubrirla con golpes de toda índole. Su juego era ganador.
Cada juego fue igualadísimo, jugado con una intensidad y un acierto altísimo. Y es que los números pueden engañar. Los diez ganadores y 20 no forzados del checo no son consecuentes con todo lo que Tomas construyó. Simplemente, su rival se inventó un encuentro que sólo él actualmente puede sostener y terminar venciendo. Tras el 6-6, Novak sacó su 'clutch' y aprovechando una subida impropia de Berdych con 2-1 en la muerte súbita, pegó el primer zarpazo. Sin sentimiento alguno, con un equilibrio impropio de lo que se estaba jugando, Djokovic daba auténtico pavor.
En el segundo, Berdych se permitió la insolencia de subir aún más su nivel por momentos. Sin breakpoints en todo el parcial, el tie break fue soberbio. Alternativas en el marcador, defensas encomiables y contragolpes espectaculares. 3-1, 3-3, 5-3, 6-5, 7-7. Dos golpes de pura frustración separaron a Berdych de un parcial decisivo que por justicia poética mereció. Pero enfrente estaba él. Un jugador actualmente injusto. Una leyenda.

