Vicky Duval narra su victoria contra el cáncer

La joven tenista estadounidense narra en primera persona su lucha contra el cáncer. Un relato estremecedor que trasciende el tenis. Una lección de vida.

Iván NiKLoDeoN Vidal | 9 Jul 2015 | 10.49
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La joven promesa estadounidense de 19 años Vicky Duval le narra en primera persona a The Players Tribune como vivió la tremenda experiencia de descubrir a los 18 años que tenía cáncer. Es un relato tremendamente aleccionador y lleno de madurez. Y más viniendo de alguien tan joven como ella. Espero que os toque la fibra sensible tanto como a mí.

"En Junio de 2014, a la edad de 18 años, estaba disputando un torneo en México cuando sentí un gran bulto en mi cuello. Por aquel entonces viajaba con un entrenador. No pensé nada al respecto pero informé a mi madre inmediatamente.

Para estar seguros me sometí a varios escaneos cuando llegué a casa y me dijeron que todo parecía estar bien. Mi madre y yo viajamos a Europa algunos días después. Estaba tremendamente emocionada de ir a Wimbledon - Sólo había disputado el junior, nunca el cuadro principal. Mi ranking no era lo suficientemente alto para clasificarme directamente, pero sí para disputar la previa. Tres victorias, y estaba dentro.

Cuando llevaba unas semanas del viaje, el bulto se empezó a hacer más y más grande. Mi madre, siguiendo su experiencia médica y basándose en donde estaba situado el bulto, tenia el pálpito de que algo iba muy mal. La doctora del torneo estaba de acuerdo con la intuición de mi madre y rápidamente dispuso una biopsia de emergencia.

El día antes de disputar mi primera ronda en la qualy, me dijeron que los resultados habían llegado. Ese fue probablemente uno de los días más estresantes de mi vida. Me temblaban las piernas mientras iba a la consulta de la doctora. Realmente no sabía que pensar, para ser sincera, pero nada podía haberme preparado para las noticias que estaba a punto de escuchar.

Ella me dijo que tenía cáncer.

Tan pronto como dijo aquello, inmediatamente lo ví todo negro y lloré como una histérica. No sabía mucho sobre el cáncer - Automáticamente lo asociaba con la muerte. Puede que suene dramático, pero incluso empecé a pensar como quería pasar mis últimos momentos en La Tierra.

La fisioterapeuta que me había acompañado a la consulta me dijo que si quería mantener la noticia de forma privada y continuar centrada en el torneo. Para lo bueno o para lo malo, mi estado de negación me hacía muy sencillo el concentrarme. Gané mis tres partidos de la qualy - y, en la primera ronda del cuadro principal, incluso le gané a una Top30.

Una vez que mi enfermedad se me explicó con más detalle, me dí cuenta de que tenía muchas posibilidades de ganar mi batalla con el cáncer. Mis miedos empezaron a disiparse lentamente. Y de la misma forma que tenía fe en clasificarme para Wimbledon, sabía que Dios tenía un plan para mí en esta nueva batalla.

En cuanto volé a casa fui al hospital a hacerme algunos test y diseñar un plan de tratamiento. Escuchar los efectos y los procesos de la quimioterapia me aterrorizó. Pero de todas formas, era optimista.

Aquel optimismo aguantó poco tiempo. Algunos días después de terminar mi primera ronda de quimio, perdí la esperanza. No veía como iba a ser capaz de sobrellevar sentirme de forma tan horrible durante tres meses. Pero de algún modo encontré la fortaleza para resistirlo.

Cada dos semanas, mis padres me llevaban a Jacksonville para tratarme. Las palabras no pueden realmente expresar lo que se siente al recibir quimioterapia. La constante necesidad de vomitar, dolores de cabeza, de estómago, fatiga, pérdida del apetito, sabor a metal, y la lista continúa. Las buenas noticias para mí eran que estaba en gran forma física antes de empezar el tratamiento, así que mi cuerpo respondía bien. Incluso era capaz de jugar un poco al tenis.

Después de completar mi última ronda del tratamiento en Septiembre, lloré suficientes lágrimas como para llenar un lago. Lágrimas de alegría, por supuesto. Esos tres meses parecieron una eternidad, ¡pero lo hice! ¡Gané mi batalla con el cáncer!

Mi oncólogo me informó que, sin embargo, la lucha no había acabado. Dijo que el camino a la recuperación sería largo y arduo. Pensé, bien, ¿cuán malo podría ser? ¡La parte dura se acabo! No tan rápido...

Empecé otra vez a jugar al tenis a finales de noviembre. Estaba extasiada por volver a la pista. Aunque mi cuerpo no aguantaba entrenamientos largos era como un privilegio. En diciembre, empecé a hacer ejercicios en la piscina con mi fisioterapeuta para empezar a fortalecerme. El primer mes fue muy duro. Mis músculos prácticamente se habían atrofiado. En aquel momento, me parecía imposible recuperar la forma. Pero seguí intentándolo. Después de algunos meses, me fortalecí lo suficiente para pasar de terapia física a un entrenamiento más duro con un preparador físico. En marzo, mi entrenador y yo sentimos que había llegado el momento de concentrarnos en el gimnasio. Desde una perspectiva tenística, mis golpes estaban ahí. Pero físicamente, no podía aguantar en la cancha.

Empecé a sentirme mucho mejor alrededor de abril - mi forma no estaba todavía ni al 50% de donde estaba antes del tratamiento. En los últimos dos meses he progresado bastante: 30 minutos de gimnasio se había vuelto una hora, y después una hora y media. Llegados a este punto, ¡estoy a punto de volver a poder hacer lo que más amo!

Mi objetivo es estar disputando torneos en algunas semanas. También estoy escribiendo mis memorias, que se publicarán en el otoño de 2016, en las cuales contaré de forma más detallada mi experiencia.

Este viaje ha sido duro pero instructivo. La lección más importante que he aprendido es apreciar lo que tengo. He aprendido que la buena salud es un privilegio - y que, una vez que te quitan algo empiezas a darte cuenta de lo mucho que lo dabas por hecho.

Finalmente, he aprendido que todo pasa por algo. Dios me ha abierto los ojos a un nuevo sentido de la vida, y me lo ha enseñado otorgándome muchas bendiciones. Que poco sabía que esta enfermedad terminaría siendo una bendición.

No cambiaría por lo que he pasado por nada del mundo".