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El saque y volea pasa de moda
El saque y volea cada vez se practica menos debido a que los tenistas pegan más fuerte a la pelota
El tenis está evolucionando y una de los formas donde más se puede observar ese cambio es en la desaparición progresiva del tradicional juego de saque y volea; ese agresivo estilo que durante muchas décadas fue santo y seña del deporte de la raqueta y que hoy en día, constituye un “rara avis” dentro del circuito.
Muchos fueron los años donde los jugadores decidían ir a la red a finalizar los puntos tras realizar un buen primer saque. Inclusive, en algunas superficies, la subida a volear constituía una de las pocas fórmulas que habían para ganar los puntos.
Jugadores como John McEnroe, Pete Sampras o Stefan Edberg tenían en la red su habitat natural. Sin embargo, a día de hoy, el saque y volea se está convirtiendo en una especie en extinción que sólo es practicada por algunos valientes, pero ¿ por qué?

En primer lugar, uno de los motivos que tienden actualmente a preferir el juego de fondo de pista sobre el saque y volea es la mayor potencia de los golpes de los jugadores. En otros tiempos, el toque y la clase de los tenistas predominaban más que la fuerza. Eso ha cambiado radicalmente. Cada vez se pega más duro a la bola y la velocidad es más alta. Subir en esas condiciones se hace más complicado.
A eso han ayudado mucho, los nuevos materiales y los modernos entrenamientos que ahora existen. Las raquetas de madera han pasado a mejor vida y se ha optado por otro tipo de material sintético que es más fuerte y resistente. También los cordajes han evolucionado quedando muy atrás en la mayoría de casos la tripa natural por la sintética, o si se prefiere, por una mixta.
En cuanto a la forma de entrenamientos, el gimnasio se ha hecho imprescindible. En épocas pasadas, trabajar con pesas era algo muy extraño en los tenistas. Actualmente, se hace fundamental pasarse horas y horas machacándose en el gimnasio si se quiere ser competitivo.
Otro cambio que ha propiciado la regresión del saque y volea, ha sido el cambio de superficies. Hasta 1974, tres de los Grand Slams se disputaban sobre hierba, donde se premia el juego agresivo. Sin embargo, ese año Nueva York decidió pasar de la hierba a la tierra batida, hasta que finalmente se optó por el cemento. Misma tipo de pista que eligió el Open de Australia en 1988.
De esta forma, en poco tiempo pasó de ser la hierba la superficie predominante en el circuito, a tener una presencia testimonial reducida a Wimbledon y dos semanas previas de aclimatación. Por si fuera poco, para evitar que el juego se basara excesivamente en el saque, se ralentizó ésta, provocando que jugadores de fondo pudieran hacer frente a los tradicionales cañoneros del circuito.
Fue así como Wimbledon fue capaz de vivir una final entre dos jugadores de fondo como David Nalbandian y Lleyton Hewitt en 2002, primer año del cambio de césped rápido a uno más lento que además hace botar más alta la pelota. Por si fuera poco, las bolas Slazenger, pesadas y lentas, ayudan aún más a los defensores de los intercambios.
Esa ralentización también ha afectado a las pistas rápidas. El Open de Australia y el US Open cada vez juegan sobre pistas más lentas. El torneo australiano cambió el famoso Rebound Ace, ya lento de por sí y que tantas lesiones traía, por una pista de Plexicushion donde hacer saque y volea puede convertirse en una locura.
En Nueva York, la superficie DecoTurf II es rápida, pero según las capas de pintura se puede moldear la velocidad de la pista, provocando que no siempre sea muy rápida. Además, el tipo de bolas Wilson, muy pesadas, hacen que sean difícil mover la pelota a mucha velocidad.
Y ni que decir ni tiene de las pistas cubiertas, que han sufrido un cambio terrible. Las famosas “pistas de hielo” han desaparecido prácticamente. Las moquetas veloces, reinas de los cañoneros (Ivanisevic o Krajicek...) durante muchos años, han dado paso, a superficies intermedias que permiten el intercambio.

Toda esta transformación de las pistas ha significado que los puntos en la clasificación ya no se jueguen en pistas donde se premia la subida a la red. Sino en superficies que quieren los intercambios. Esto hace, que paulatinamente se busque más el fondo de pista.
La mejora en el resto también ha influido mucho. Posiblemente, este sea el golpe que más hayan mejorado los tenistas en los últimos tiempos. La agilidad y los reflejos de los jugadores hacen que a día de hoy sen capaces de restar saques con facilidad por encima de los 200 km/h. El serbio Novak Djokovic o el español David Ferrer son auténticos especialistas en este golpe.
En este sentido, un buen saque puede resultar perjudicial para el sacador que acude a la red, pues puede ver devuelta la bola desde el resto a mucha velocidad no dándole tiempo a acudir a volear y siendo sobrepasado con facilidad.
Los últimos supervivientes
Por todas las razones expuestas anteriormente se hace muy complicado poder observar a día de hoy jugadores de saque y volea. Entre los pocos jugadores que destacar en esa faceta cabe destacar al francés Michael Llodra, al checo Radek Stepanek o al croata Ivo Karlovic.

El primero en parte porque es un consumado especialista en la modalidad de dobles y su saque angulado pero no excesivamente fuerte le permite subir a la red con ciertas garantías. Sin contar su innata habilidad para la volea.
Stepanek es un tenista atípico pero con una capacidad para sorprender y variar ritmos tremenda. Su espectacular volea le hace complicar la vida a cualquiera si tiene un día inspirado. Todo un gato sobre la red.
Para Karlovic es quizá su gran recurso. Muy limitado desde el fondo de pista, sabe que sus únicas opciones de ganar los partidos pasan por jugársela en el saque e ir a buscar la red de forma casi obsesiva.
En su día, el norteamericano John Isner y el suizo Roger Federer también fueron ejemplos de este estilo de juego. El primero, aprovechando su gran potencia de saque y su envergadura. Sin embargo, su mejora desde el fondo hace que cada vez acuda menos a la red.
Para Federer, la red nunca tuvo secretos. Posiblemente sea uno de los mejores voleadores de la historia. Incluso, en sus comienzos era un jugador que se prodigaba habitualmente en la red. Para muestra su duelo de octavos de final de Wimbledon 2001 contra Pete Sampras. En cambio, hoy en día, no es más que una táctica para sorprender o una forma de acabar un punto que tiene muy a su favor.
Y es que los tiempos cambian, y las voleas lanzándose al suelo de Boris Becker o las estiradas imposibles de Patrick Rafter pertenecen ya a una época muy lejana.
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