“Fue el único torneo de mi vida que jugué sin presión”

Entrevistamos a Santi Ventura, uno de los cinco jugadores en la Era Open capaz de ganar su primer título ATP en su primer intento. “Se alinearon los planetas”.

Santiago Ventura en su etapa profesional. Fuente: Getty
Santiago Ventura en su etapa profesional. Fuente: Getty

Juan Manuel Cerúndolo saltó el pasado domingo la barrera hacia un registro histórico. A sus 19 años, el argentino conquistó su primer título ATP en su primer torneo profesional, una heroicidad que hasta el momento solo habían logrado cuatro jugadores en la Era Open. El último en lograrlo fue Santiago Ventura (Burriana, 1980) hace casi dos décadas, un nombre que comenzó a sonar con fuerza en redes sociales en la recapitulación del récord. Era una obligación para Punto de Break contactar con el castellonense para completar el círculo.

A Santi, sin embargo, hace mucho tiempo que lo encontramos con su base de operaciones en Alicante, concretamente en el Centro Deportivo Arena Alicante, donde lleva más de 13 años al cargo de la gestión junto a su socio, Javier Conesa. Su trayectoria en el circuito duró una década (2001-2011), aunque todo el mundo le recuerda por aquella conquista en Casablanca 2004. Tenía 24 años, jamás había disputado un cuadro final ATP, pero una carambola de última hora le hizo coger un avión hasta Marruecos. El resultado no pudo ser mejor: pasar a formar parte de la historia del tenis. Una historia que, pese al paso del tiempo, no se debería perder.

Juan Manuel Cerúndolo ha hecho que esta semana vuelvas a ser noticia.

La diferencia es que este chico es mucho más joven. Yo gané aquel título con 24 años, llevaba bastantes años dentro del top400, ganando mis Futures y jugando bien. Aun así recuerdo que después de ganar el partido de semifinales me costó un montón, en las siguientes 24h no pude comer del nudo que tenía en el estómago. Y eso que estaba en Marruecos, no me quiero imaginar lo que ha debido de ser para este chico hacerlo en casa.

¿Llegaste a pensar que nunca volvería a ocurrir?

Ahora no, pero hace años sí pensé que sería difícil que se repitiera. Aquel año recuerdo que Casablanca tuvo un cuadro bastante asequible, más allá de ser un ATP y haber muchos top100, al final se jugaba en la semana previa a Roland Garros y eso dejaba todo mucho más abierto. Ahora veo que los buenos se reservan mucho más, los ATP 250 los tienen un poco apartados, se jueguen cuando se jueguen. La situación económica también ha cambiado mucho, ahora se ganan cantidades más altas y la gente puede permitirse más semanas sin jugar.

¿Quién era el ‘coco’ en Casablanca 2004?

Hrbaty era el #1 y contra él jugué la final. Ese año Dominik estaba jugando muy bien, había ganado ya tres títulos aquella temporada y eso que todavía estábamos en mayo, pero no era un top10 referente. En aquel momento creo que estaba rondando el top30.

¿Cómo explicarle a una persona de fuera del tenis algo así? Que un debutante, en su primer torneo ATP, salga campeón. Si lo piensas bien, tendría que ser imposible.

Tienen que juntarse muchas cosas, sobre todo suerte. En mi caso, solo pude ganar ese torneo en mi carrera, no volví a ganar ninguno más, solo hice un par de semifinales. Al ser tu primer torneo ATP, lo ves todo como otra dimensión, apenas tienes experiencia, llegas y empiezas a ver la infraestructura, el hotel, las bolas, el trato de la organización… pero una vez entras a pista y empiezas a ganar partidos, todo cambia. Yo con ganar el primer partido de la Qualy pensé que ya había hecho el torneo, ya me iba contento.

¿Cuál fue la clave?

Cada día era un éxito total. Quizá ahí estuvo la clave, entender que cada día era un éxito, así pasan los días más fáciles. Cada día podía ser el último, de hecho, lo normal era perder. Ver que tienes el torneo "hecho" te hace afrontar cada partido muy tranquilo, en ningún momento tienes presión por ganar, algo que sí arrastras a lo largo de toda tu carrera. Al ser el primer torneo, cualquier cosa que hagas estará bien, como si pierdes en primera de Qualy.

Tú venías de jugar Futures todo ese año, ¿no notaste la diferencia de nivel?

Eso sí que no. Yo siempre fui un jugador bastante irregular, oscilé durante mucho tiempo entre los Challengers y los Futures, pero entre los 400 primeros del ranking siempre hubo mucho nivel de tenis, aunque la gente no lo crea. Por ahí hemos visto recientemente ganar a Andújar en Marrakech con un ranking muy bajo, o Hewitt en su día, en ese grupo todo el mundo sabe jugar muy bien al tenis. Si luego tienes un pelín de suerte y la cabeza en su sitio, cualquiera del top400 puede ganarle un partido a los de arriba. Hasta el top50, ahí pondría yo la barrera, del top50 para arriba ya hay un salto importante de nivel.

Pero tú en la final ganaste a Hrbaty, que era 32º.

Fue un partido durísimo, no te voy a mentir, sobre todo por los nervios que tenía. Por otra parte, el nivel de Hrbaty en tierra bajaba un poco, no era el Hrbaty de pista dura. Esa semana jugué muy bien cada partido, quizá por eso no noté tanto la diferencia, pero insisto en que también hace falta mucha suerte. Es posible que para que volvamos a ver algo así tengan que pasar otros quince años. La cuestión es que antes no había tanta diferencia entre los de arriba y los de abajo, independientemente de los que son muy buenos, que siempre están ahí.

¿Alguna vez volviste a jugar tan bien como aquella semana?

Nunca, por lo que te he dicho. Es el único torneo en mi vida que jugué sin presión, nunca más volví a jugar sin presión. Además, de cabeza tampoco era ningún fenómeno, me costaba mucho estar en pista y hacer las cosas bien. Fue duro aceptar el hecho de no volver a jugar nunca a ese nivel, pese a no jugarme nada. Seguramente que a Cerúndolo ahora le pase lo mismo, en los próximos torneos empezará a notar esa presión. Veremos si juega igual de suelto.

Siendo un jugador de Futures, ¿por qué te dio por apuntarte a un ATP? Imagino que habrá alguna anécdota detrás de esta historia.

Sí que la hay. Esa semana yo estaba apuntado en un Challenger en Budapest, pero me había quedado unos cuantos puestos fuera. Esa semana también era la última que contaba para la Qualy de Wimbledon, así que mi novia, que hoy es mi mujer, empezó a estudiar en qué lugar podría ganar más puntos. Al final vimos que tanto en el Challenger de Budapest como en el ATP de Casablanca tenía que pasar por la fase previa, así que decidimos apostar a lo más fuerte. A última hora nos fuimos a Casablanca, firmamos y entré de milagro. Si hubiera jugado en Budapest, nada de esto hubiera sucedido.

He intentado buscar algún vídeo de la final pero no hay manera...

En esa época difícil (risas). Yo tenía algún vídeo del partido en DVD, pero ahora ya no tengo ni reproductor, así que tendré que pasarlo en algún momento si quiere enseñárselo a mi hijo cuando crezca. El punto de partido tampoco fue gran cosa, recuerdo que simplemente me arrodillé en el suelo y levanté los brazos. Esa misma mañana aterrizaron en Casablanca mi novia y sus padres, así que al menos ellos pudieron estar presentes en la grada.

¿Qué tal llevaste los nervios?

No pude comer en todo el día, tenía un nudo importante en el estómago. Si comía algo estaba seguro que me hubiera sentado mal, así que mejor no jugársela. Esa noche también me costó dormir un montón, me empezaron a llegar muchísimas llamadas a la habitación del hotel, mucha prensa encima, fue una jornada de locura. Acostumbrado a que no me llamara nadie, el cambio tras ganar Casablanca fue brutal, incluso cuando volví a Burriana hubo varios actos que me hicieron muchísima ilusión, siempre es un orgullo que reconozcan tu trabajo.

Quiero pensar que ganar tu primer torneo ATP en tu primer intento tiene algo de peligroso. Todo tan rápido, tan directo, igual alguno puede llegar a pensar…

…¡qué fácil! (risas). Pues seguro que existe el riesgo de pensar algo así. Para un tenista que no ha sido muy exitoso en su etapa junior, que no esté acostumbrado a ganar cada semana, ganar un ATP es algo increíble, es con lo que sueñas toda la vida. Todos soñamos con ganar un Grand Slam, pero sabemos que es algo inalcanzable, así que conquistar un ATP es la mayor alegría que te puede dar tu trabajo. Si luego no tienes el entorno adecuado en el día a día puedes caer en el error, quizá después de ganar un ATP 250 te empiezan a pedir un ATP 500, pero esto no va así. El tenista a lo que está acostumbrado es a perder, no a ganar. En una temporada buena, un tenista igual gana dos torneos, el resto de semanas son derrotas.

Sinceramente, después de ganar aquel título, ¿no pensaste que vendrían muchos más?

No, sabía perfectamente lo que había, nunca pensé en ganar tanto. Lo que sí me hubiera gustado es haber sido un tenista más estable, permanecer mas tiempo en el top100. Lo de ganar un torneo lo veía como una cosa muy seria, sobre todo para un jugador de mi nivel, que no tenía nada especial. El día que me retiré, por mi cabeza no pasó la pena por no haber ganado 4-5 títulos más, lo que tuve es lástima de no haber sido más regular y haber mantenido el nivel durante más tiempo.

Ganaste 38 partidos oficiales, de los cuales 37 fueron en tierra batida. Fue tu punto fuerte y débil a la vez.

Cada vez que iba a torneos de pista rápida palmaba en primera ronda (risas). Por eso de vez en cuando me iba a las giras de tierra batida en Challengers, para sumar puntos. El único partido oficial que gané fuera de la tierra fue con Calatrava en el Open de Australia 2005, le gané en cinco sets. Mi única victoria en Grand Slam y fue en pista dura, resulta increíble.

Y luego en segunda ronda le trincaste un set a Nalbandian.

Si es que a ratos jugaba muy bien, pero lo pasaba fatal. Tuve también mucha mala suerte en torneos de Grand Slam con el tema de los cuadros: en el US Open me tocó Tsonga, en Australia me tocó Del Potro, en Wimbledon me tocó Mayer y Schuettler... en Roland Garros me tocó Seppi, Acasuso y Verdasco, que me ganó en cinco sets. Menos un año en París que me tocó Guccione, en teoría una buena ronda, el resto de veces nunca lo tuve fácil.

Serás recordado siempre por aquella semana en Casablanca, ¿te gusta o te cansa?

Siempre que sea por una cosa buena, es positivo. Aquello fue una sorpresa para todos y una alegría espectacular para mí. Hasta mis padres, acostumbrados a verme ganar torneos menores por aquí en España, alucinaron viendo un partido mío en televisión. Solamente por el subidón de todos los míos ya valió la pena.

En tu palmarés solo es un título, pero en los libros de historia es algo legendario. Solo cinco jugadores en la Era Open lo lograron, así que sencillo no debe ser…

Eso parece (risas). Hace falta que se alineen los planetas, pero puede pasar. Mientras no sea imposible, siempre existe una pequeña opción, pero te tiene que ir todo de cara durante una semana y media, desde la Qualy hasta la final.

Siempre podrás decir que tienes un 100% de efectividad en finales.

Efectivamente, ahí no pierdo (risas). Si llego a la final te gano seguro, ahí no perdono.

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