Thiem se gana un puesto en la final

El austriaco, mucho más regular, derrota a Zverev y luchará por el título de maestro ante Tsitsipas. Será el quinto campeón distinto en los últimos cinco años.

Dominic Thiem, finalista en Londres. Fuente: Getty
Dominic Thiem, finalista en Londres. Fuente: Getty

Por quinta temporada consecutiva, las Nitto ATP Finals cerrarán la persiana con un nuevo campeón: Stefanos Tsitsipas o Dominic Thiem. El austriaco, que había visto horas antes la función del griego ante Federer, hizo los deberes en la otra semifinal al derrotar al actual defensor del trono, Alexander Zverev. Una victoria sólida (7-5, 6-3), de mucho oficio, que le manda directo a su séptima final de la temporada, confirmando una vez más que la pista rápida ya no le genera vértigo. Una nueva oportunidad para enseñarle al mundo que el Big3 ya puede dormir tranquilo. O no, según como se mire. El relevo lleva mucho tiempo entre nosotros.

Dos amigos, dos talentos, dos apellidos que ya no suenan extraño para ningún aficionado. Thiem y Zverev, dos que se conocen a la perfección pese a los cuatro años de diferencia que existen entre los dos. El cara a cara entre ambos estaba 5-2 a favor del austriaco, aunque las condiciones rápidas el indoor daban a Alexander algo más de favoritismo de cara a las apuestas. No mucho más, pese a ser el vigente campeón. Lo que sí era una realidad es que en pista se encontraban los dos hombres que han sido capaces de tumbar al Big3 en esta Copa de Maestros: Djokovic y Federer se inclinaron ante Dominic; Nadal, lo hizo ante Sascha. Ya solo con este dato, no hacían falta preguntarse por qué estaban ellos y no otros luchando por pasar a la gran final de Londres.

En esa final ya esperaba Stefanos Tsitsipas, pendiente de los acontecimientos desde el hotel. El encuentro arrancó con máxima igualdad, como se preveía. El alemán sufriendo mucho con los segundos saques, pero sin regalar ni una sola oportunidad. De hecho, fue él quien primero tuvo la opción de romper el marcador. No lo hizo y, por tanto, el balón cambió de tejado. Con esta bella perorata, ya saben lo que viene ahora. Zverev, sacando para forzar el tiebreak, sufrió una desconexión en forma de 15-40. Era la primera vez en todo el parcial que dejaba su saque al descubierto y quizá por eso lo pagó con crueldad al perder por 7-5. Lo pagó, evidentemente, con su raqueta, la que estampó contra el suelo enviándola a varios metros de distancia. La clásica rabieta alemana.

Borrón y cuenta nueva, no cabía otra decisión en la mente del campeón. El problema vino al ver que su rival no bajaba los brazos ni aun viéndose por delante, sino que apretaba todavía más. El partido de Thiem es un llamamiento (uno más) a todo el mundo que todavía le queda alguna duda sobre su rendimiento fuera de la tierra batida. Un debate que mirando sus números esta temporada (cinco títulos, tres de ellos en cemento) quedan fuera de cualquier duda. Por si acaso, Dominic pidió la cuenta en hora y media, sellando el triunfo sin ningún tipo de nervios y asegurándose terminar el año como Nº4 del mundo. El trono queda libre desde esta noche, un hombre con revés a una mano se sentará mañana en él.

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