Andy Murray y la revolución popular

Su historia de superación con el problema de cadera le está granjeando la admiración y reconocimiento masivos que no ha tenido siempre.

Andy Murray querido por aficionados
Andy Murray querido por aficionados

Pocas cosas hay en el mundo que gusten más a la gente que los retornos milagrosos, las historias de superación y supervivencia deportiva cuando se está al borde del abismo. Andy Murray ha cambiado absolutamente su visión del tenis después del calvario que ha vivido con su cadera y que le obligó a pasar por el quirófano para intentar eludir una retirada que se daba por hecho en Melbourne, pero aún más ha cambiado la percepción de la gente respecto al británico. Amparados en la magia que desprende el Big3, el mundo del tenis no ha sabido calibrar el talento y gen ganador de un auténtico mastodonte del deporte rey de la raqueta, que está demostrando de lo que es capaz con su pasión incondicional por este deporte, motor para regresar a las pistas como lo está haciendo.

Esta historia no es nueva. Suele decirse que no valoramos en su justa medida lo que se tiene hasta que se pierde y en el caso de los tenistas parece evidente. Juan Martín Del Potro adquirió un estatus diferente en cuanto a cariño a lo largo y ancho del planeta después de superar la gravísima lesión de muñeca que a punto estuvo con dar por cerrada su carrera. Aún recuerdo una de sus reapariciones; se produjo en el Mutua Madrid Open 2016 y las gradas se poblaban de gente deseosa de alentar al jugador que había luchado contra viento y marea por seguir disfrutando del tenis. Los comentarios de los aficionados siempre iban en la línea de que algo había cambiado, de que habían descubierto una faceta del argentino que solo se ve cuando las personas están en serios aprietos y que su esfuerzo y dedicación merecían el cariño eterno.

Murray nunca ha sido un jugador carismático. Su tenis sólido y sin fisuras y sus monólogos intimistas constantes en la pista no ayudaban demasiado a que el espectador medio le percibiera como un tenista a idolatrar. Cerrado en un círculo pequeño muy dominado por su madre las lágrimas en la final de Wimbledon 2012 tras perder contra Federer ya humanizaron al de Dunblane. Sin embargo, cuando se empleaba el concepto de Big4 incluyéndole a él, eran muchos los que lo consideraban un sacrilegio, viéndole muy por debajo y banalizando sus éxitos. ¿Se han preguntado el nivel que debe tener un jugador capaz de ser número 1 y ganar tres Grand Slams en la época de esplendor de los tres mejores jugadores de la historia?

Todo cambió con su lesión. Andy se hizo mucho más cercano con los espectadores, destapó un humor inglés con comentarios en redes sociales que sorprendió y agradó a propios y extraños y comenzó a mudar la piel en lo que a carisma se refiere. El anuncio de su posible retirada en el Open de Australia 2019 supuso un despertar de las conciencias de todos los amantes de este deporte. Como si nos despertaran de un sueño, nos dimos cuenta de cuán necesario es ese chico escocés en el circuito ATP y todos nos volcamos en su amago de despedida. El ambiente respirado en Melbourne era sobrecogedor, como también lo están siendo sus comparecencias en los torneos en los que está compitiendo ya después de pasar por quirófano.

La capacidad de Andy para ganar partidos y amoldar su tenis a esta nueva situación es la clara prueba de su nivel, pero lo más destacado es todo lo que está haciendo para darse una última oportunidad. No tiene nada que demostrar, podría renunciar al sufrimiento y sacrificio que requiere un trabajo tan persistente como doloroso para volver a un estado de forma compatible con la competición de alto nivel, pero no. Un ganador nato como él no ha tenido suficiente y quiere disfrutar del calor del público allende los mares, algo que solo tuvo a cuentagotas cuando era candidato a la gloria. No sabemos si ganará grandes títulos o si le quedan muchos años de carrera deportiva, pero Andy Murray ha ganado algo mucho más importante: el cariño y reconocimiento de unos aficionados que valoran su gesta como se merece.

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