Sara Errani: “Quiero volver a disfrutar, ver hasta dónde puedo llegar”

Entrevistamos a la jugadora italiana en el punto de inflexión más importante de su carrera. “Alguna vez pensé en la retirada, pero lo aparté rápidamente”.

Sara Errani en el Club de Tenis Valencia. Fuente: Fernando Murciego
Sara Errani en el Club de Tenis Valencia. Fuente: Fernando Murciego

Cualquiera de nosotros cambiaría su vida por la de un tenista profesional. Viajes, adrenalina, fama, competición, privilegios, superación personal, todo bueno. Todo lo que vemos, claro. Hay momentos donde ser tenista no es tan bonito como parece. Cuando aparecen las lesiones, cuando no ganas partidos, cuando echas de menos a gente, cuando la mente falla, cuando llueven las críticas, cuando bajas de ranking, cuando te replanteas todo. Imaginen si además le sumamos un positivo por dopaje que te prohíbe jugar, una sanción que te aleja del tenis y que siembra la duda sobre una carrera brillante en la élite. Sara Errani (Bolonia, 1987) ha vivido las dos caras de la moneda, la de cal y la de arena, por eso ahora camina, golpea y reflexiona de manera diferente. Su mirada desprende múltiples matices: dolor, esperanza, rabia, orgullo, humildad. Su sonrisa, sin embargo, sigue luciendo imparable.

Es jueves y la italiana acaba de ceder en segunda ronda del BBVA Open Ciudad de Valencia ante una jugadora quince años más joven, Marta Kostyuk. Lo que hace años hubiera significado un fracaso, esta vez es un paso adelante. Sara no ha ganado el partido, pero ha competido, por eso abandona la pista pensando que no está todo perdido. Pablo Lozano, pilar fundamental desde que pusiera los pies por primera vez en España, sigue siendo el faro en esta segunda parte de su carrera. Se trata de una batalla contra ella misma, contra sus miedos, contra las páginas más siniestras del camino. Por suerte, su calidad como persona sigue siendo exquisita, así lo demuestra a lo largo de una entrevista de casi 45 minutos donde no deja ni un solo cabo sin atar. Un desahogo necesario tras casi dos años de calvario y desaliento.

Sara, no pudo ser. Resultado firme (6-2, 6-4) pero engañoso.

Sí, tuve 4-1 en el segundo set, varias ventajas, pero aún me queda para mejorar el nivel. Sobre todo físicamente, he estado un mes parada por una hernia cervical, sin hacer nada, ahí he perdido mucho ritmo.

Pero el circuito no da respiro, no te deja parar.

De hecho, fuimos a China sabiendo que todavía no estaba al 100%, me costaba darle de revés, pero necesitaba entrenar. Luego jugar los torneos es totalmente diferente, son como entrenos de competición, así los llamamos, pero decidimos ir pese a no estar a tope. Me he vuelvo con dos palizas, pero hay que seguir.

Octavos de final en un W60K suena a poco, pero la sensación es que te vas habiendo dando un paso adelante.

Viendo cómo venía y todos los problemas que he pasado, la valoración del torneo es positiva. Contra Hogenkamp me gustó mucho el partido, me sentí competitiva y eso es lo que me falta ahora mismo. Ante Kostyuk, pese a tener poco tiempo de recuperación, también ha estado bien.

Nadie del cuadro sabe lo que es jugar una final de Grand Slam, ni siquiera pasar de cuarta ronda. Ninguna jugadora estuvo nunca en el top50. ¿Pesan estos datos?

No me fijo mucho en eso, me fijo en mí, en mejorar e intentar hacer las cosas bien. Quiero volver a ser la que era. Cuando me hablas de jugar finales de Grand Slam me parece que hayan pasado mil años, como si aquello lo hubiera hecho otra persona y no yo. Intento fijarme en las cosas correctas que debo hacer, aunque luego en los partidos noto que pasan cosas raras, cosas que nunca me habían pasado.

¿Qué tipo de cosas?

La cabeza, es como si fuera por su cuenta. Son cosas delicadas que a veces no son fáciles de gestionar.

¿Cómo tratas esa presión?

Lo ideal sería no sentir la presión, sobre todo en mi caso. Ahora mismo estoy muy atrás, pero de cabeza no es fácil, cuesta explicarlo. Yo me noto la presión. Habiendo estado arriba, recuerdas tocar un nivel donde te salían muchas cosas bien, ahora cuando vas a pista y no te salen, te quema. Estás más nervioso, quieres hacerlo mejor, te preguntas cómo puedes fallar tantas bolas que antes no fallabas, pero tengo que ser consciente de lo que hay, de lo que soy ahora mismo, necesito recorrer muchos escalones para regresar a ese lugar. La confianza se recupera ganando partidos, pero para ganarlos hay que jugarlos, y ahora también me falta físico. Antes jugaba mil partidos pero lo manejaba todo en automático, tengo que recuperar ese orden.

Estás pagando el haber sido muy buena, como si te persiguieran tus propios números. Finalista de Roland Garros, ex Nº5 del mundo…

… y todo lo que haga ahora estará mal. Comparado con eso, todo lo que venga siempre será peor. El día después de perder la final en París le dije a Pablo: “A partir de ahora, todo lo que haga será una mierda, a menos que haga otra final o salga campeona”. Pero no puedes verlo así, si no te pegas un tiro o dejas el tenis. Necesitas recuperar esa sensación de disfrutar jugando al tenis, pero no es fácil.

Ese mismo días le dijiste a Pablo algo todavía más importante: “Ahora te necesito más que nunca”. Entendiste lo que venía.

Ya esa semana me costó mucho por todas las entrevistas que hice. Sinceramente, no me gusta ser el centro de atención. Vi aparecer muchos más factores de los que nosotros solíamos controlar, perdí un poco mi espacio, el entrenar tranquilamente, se metió mucha gente y vi el peligro. Por eso le pedí ayuda, porque yo sola no iba a poder. He tenido mucha suerte de tener a Pablo siempre.

Antes, durante tu partido, se me acercó un hombre y me dijo: ‘¿Qué hace Errani jugando este torneo? ¿Por qué ya no gana partidos?’. No supe qué responderle.

Todo lo que me ha pasado en estos dos últimos años ha sido una locura. La sanción, estar parada, jugar esperando una respuesta… ha sido un calvario que no se lo deseo a nadie. He vivido episodios inexplicables y eso me ha dejado cosas dentro, me ha dejado un rastro con el que no es fácil convivir. Empecé a sentir miedo, situaciones nuevas que no sabes manejar, pero sigo aquí intentando superarlas.

¿Cómo te comunica la ITF que has dado positivo en un control antidopaje?

Estaríamos siete horas para explicarlo bien (risas).

Lo que está claro es que era su palabra contra la tuya.

La cuestión es que se metió también el antidoping italiano, no fui solo yo contra la ITF. Cuando me dieron los dos meses de sanción, más otros cinco de resultados quitados, eso fue solo con la ITF. Después entró la NADO (la WADA italiana), diciendo que para ellos no era suficiente, querían que me pusieran más sanción. Ha sido un auténtico calvario.

El peor momento de tu carrera.

Imagínate estar jugando, pendiente de una respuesta, y que te lo vayan posponiendo cada mes. Así hasta siete veces, ¡y yo jugando! Son cosas extradeportivas que te roban la concentración, pierdes la cabeza, te ves indefensa al no poder hacer nada. Y luego, después de seis meses jugando con esas malas sensaciones, te dicen que te ponen ocho meses más. He estado todo ese tiempo fuera, tratada como una delincuente.

¿Cómo se portó la prensa?

Fue muy dura, sobre todo en Italia. Es feo decirlo, pero la prensa italiana siempre ha sido durísima conmigo. Se han metido con cosas personales, con mi familia, con temas muy delicados, han sido malos. Ha habido mucha gente que me ha apoyado, pero la prensa ha intentado llevárselos a base de cruzar la línea con cosas personales. Soportar todo esto al mismo tiempo hizo que la situación fuera todavía más dura.

Fognini también ha tenido problemas con la prensa local, debería ser todo lo contrario.

Sería bonito que fuera así, pero no lo es. En vez de hacer su trabajo de una manera constructiva, sacando buenos artículos y entrevistas interesantes, allí en Italia se quedan con las cosas malas, van a hacerte daño. Lo lógico sería que valorasen lo que tienen, intentar llevar arriba a sus jugadores, pues ellos van al revés, van a machacarte. No sé por qué, pero es así.

Por encima de la sanción está tu imagen. ¿Pensaste que tu carrera quedaría manchada para siempre?

Por supuesto, y es muy duro. Yo siempre le he tenido muchísimo miedo al dopping, Pablo te lo puede decir. Muchas veces los doctores me decían de tomar algo y luego, a escondidas, no me lo tomaba, ¡pero es que me daba miedo! Parece una tontería, pero tú vas a un torneo y estás abriendo botellas todo el día, bebes de sitios que no son 100% seguros…

… aunque luego el incidente lo tuviste en casa.

Totalmente. Una situación absurda, es una lástima. Quiero encontrarle una explicación a lo que me ha pasado y no la puedo encontrar. Fue el destino o lo que sea.

De todas formas, la sensación es que este asunto ya pasó a un segundo plano

Bueno, ahora me machacan por otras cosas: “No sabes sacar”, “¿Para qué juegas?”, “Retírate”. Lo otro ha quedado un poco apartado, pero cuando vuelvo a ganar dos partidos enseguida sale otra vez. Es lo que hay, sabemos que en el tenis existen muchos insultos en redes sociales, pero ya no me afecta. En ese aspecto ya no me tocan, intento ir a lo mío, centrarme en mi carrera. Quiero volver a sentirme bien en una pista de tenis, a disfrutar jugando, algo que últimamente me ha costado por temas externos.

Otro punto de inflexión en tu carrera sucedió a finales de 2016, cuando rompes tu relación con Pablo después de doce años juntos. ¿Por qué?

Pasaron algunas cosas que nos llevaron a chocar. La decisión fue más mía que suya, estaba cansada de cabeza, estaba sufriendo, tenía algún tema personal que también me afectó y eso se veía reflejado en pista. Tenía menos ganas de sufrir, estaba tristona, apagada, todo eso nos hizo chocar. Aún así, durante ese año él seguía mirando mis partidos y hablábamos después de cada uno. Para mí Pablo es como un hermano, hasta en la época que no entrenamos juntos siguió siendo un apoyo fundamental.

Un año después volviste a Valencia, ¿lo encontraste todo igual?

Fue como si nunca lo hubiéramos dejado, todo seguía como siempre. Hemos vivido tantas cosas que aquello era algo nuevo, igual que la situación de ahora. Estamos fuera del top200, luchamos por escalar en el ranking, vamos a torneos pequeños… es diferente, pero entre nosotros sigue existiendo la misma conexión.

¿Qué recuerdas de esos inicios con Pablo?

Desde el principio me gustó mucho por sus ganas. En Italia nunca encontré a nadie que tuviera una visión tan especial, a él le veía con tanta ilusión que me arrastraba a mí. Lo tenía todo tan claro que me lo acabó pegando, se lo creyó mucho más que yo. Yo jamás hubiera imaginado llegar tan arriba, pero él confiaba plenamente. Me acuerdo cuando al principio me decía: “Venga, a ver si algún día hacemos unos cuartos de final en un Grand Slam”, y yo le decía que estaba loco (risas). Me apretaba mucho, sacaba mucho de mí. Partidos donde yo le decía que no podía jugar mejor de lo que veía, él siempre me respondía: “Sí que puedes”. Al final me hizo creer que podía hacer muchas más cosas de las que yo pensaba.

Confianza sin límites.

La veía en sus ojos cuando me entrenaba, me sacaba más de lo que yo podía. Tener una persona al lado que confíe de esa manera, con tanta ilusión por hacer las cosas bien y, al mismo tiempo, de pasarlo tan bien juntos, realmente es un regalo. Entrenábamos y sufríamos, pero lo pasábamos bien.

Sara no tiene el mejor coche, pero le hemos enseñado a conducirlo a la perfección”. Me lo dijo Pablo cuando le entrevisté en 2016. ¿Alguna vez te viste inferior a una rival?

¡Todas las veces! (risas) Cada vez que jugaba partidos con Kvitova, García, Serena, Sharapova, Stosur, etc. Las veía enfrente y alucinaba. Yo pensaba: ”Sacan mejor que yo, tiran de derecha mejor que yo, de revés también, tienen más físico que yo… ¿a qué jugamos?”.

Pero les ganabas.

Y no me preguntes cómo (risas). Pablo me ayudaba muchísimo, desde fuera siempre veía la clave, una pequeña cosa a la que agarrarnos y exprimirla al máximo. A veces salía de la pista sin saber cómo lo había hecho, la cuestión es que pude ganarlas.

Tu ejemplo quedará para siempre, el saber competir con otras armas. Ahora si no sacas a 200km/h es más difícil.

Es una lástima ver el tenis así ahora mismo, tanta potencia y tan poca táctica. Pablo me dice que esto me beneficia, porque si toda la gente juega a lo mismo yo les puedo hacer más daño con mi estilo, pero a la hora de ver tenis no me gusta tanto. Me encanta ver jugar a Carla Suárez o a Simona Halep, tienen mucha más estrategia. El resto meten muchos winners, sí, pero yo preferiría ver más táctica y no tanto saque directo.

¿Alguna vez te agobiaste por no sacar tan bien como las otras?

Cuando llegué arriba, a la final de Roland Garros, recuerdo que le pedí a Pablo mejorar mucho el saque. La prensa me mataba continuamente, decían que con ese saque no podía ganar nada, y tuve el error de dejarme influenciar por ellos. Pablo me decía que estaba perfecto, que no lo cambiaría por ninguna otra. Era un saque muy funcional, ideal para mi estilo, metía un 90% de primeros dentro, él estaba encantado. Obviamente que lo seguimos entrenando cada día, pero seguimos en esa línea, para mi juego era perfecto.

No me quiero imaginar las críticas si cometías una doble falta.

Es un tema que con los años me ha hecho daño, seguro, y se ha notado. Siempre ha sido mi punto débil, tanta gente señalándome por eso me ha pasado factura a la hora de jugar, hasta el punto de empeorarlo por preocuparme en exceso.

¿Recuerdas perder algún partido debido a tu servicio?

Pablo dice que no (risas). Está claro que hubo veces que sufría, no tenía un saquetón como otras, pero lo compensaba con otras cosas. Cuando perdía los partidos, los perdía por el fondo de pista, no tanto por el saque, eso me decía él. Desde fuera me pedían que sacara más fuerte, pero si sacas más fuerte también te llega antes la pelota, no tenía tiempo de colocarme. De esta manera tenía mucho más tiempo para colocarme y empezar con mi táctica.

La gente prefiere hablar de tu saque a hablar de tu solidez, tu manera de luchar, de llegar a cada bola…

Siempre ha sido así. Recuerdo partidos donde la prensa hablaba del mal saque que tenía y justo ese día había sacado muy bien. Como si no mirasen el partido, en cualquier artículo se hacía referencia a eso, nunca fallaba esa frase.

Quiero hablar de tu final en Roland Garros. ¿La has vuelto a ver?

Sí.

¿Qué cambiarías de ese día?

Nada más acabar el partido, recuerdo a Pablo diciéndome que tenía que haber hecho más ciertas cosas y menos otras, lo típico después de una derrota. Días después, cuando volvimos a verlo juntos, rectificó: “Has jugado muy bien”. Durante el partido pensamos que había jugado peor de lo que realmente había jugado. No cambiaría nada, lo intenté hacer lo mejor que pude, como todos mis partidos. En ese momento di todo lo que tenía, fue un gran partido, pero ella jugó realmente bien. Maria pegó una cantidad de bolas a la línea que no te puedes creer. Siempre se puede mejorar… el inicio, por ejemplo, empecé muy mal, 4-0 abajo. Era mi primera final de Grand Slam, ante Sharapova, supongo que era lo normal. Ya me hubiera gustado ganar, pero el tenis es así, no puedo reprocharme nada.

Y al mismo tiempo ibas recolectando títulos en dobles. Con Vinci ganaste los cuatro Grand Slams y fuiste Nº1. Esto ahora es impensable.

Barty es de las pocas que apuesta por jugar ambos circuitos, es un sacrificio duro, sobre todo físicamente. Es un compromiso físico pero, al mismo tiempo, también me ha hecho más dura físicamente, es como una rueda. Jugar los dos circuitos me hizo mejorar muchísimo y además fue muy divertido. Ganar todos los Grand Slams fue tan increíble como inesperado. ¡Ganar Wimbledon! Es inexplicable, de verdad, no tengo palabras.

¿En qué momento empezáis a pensar que completar el Grand Slam es un objetivo?

Nunca. Jugábamos para divertirnos, de hecho, ni entrenábamos los dobles. Ambas estábamos enfocadas en el circuito individual, de vez en cuando hacíamos algunos cuadritos con Pablo para calentar, pero nunca nos concentramos expresamente en ganar títulos en dobles. Entrábamos, ganábamos y seguíamos. Lo pasamos bien.

Ahora mismo estás 250 del mundo. Tienes 32 años. ¿Qué te motiva a seguir peleando?

No lo sé, es muy duro a veces. Lo que más me motiva es el deseo de volver a sentirme bien dentro de la pista. Cuando tienes tan malas sensaciones, te queda un sabor muy amargo en la boca. ¿Cómo vas a parar ahora? Quiero volver a tener esa buena sensación. Sé que ahora soy más mayor, pero quiero recuperar esa buena sensación, no importa si tengo que jugar un ITF 25K, no me importa jugar torneos pequeños. Claro que tengo la ilusión de jugar otra vez los torneos grandes, pero lo que más me empuja es el deseo de verme de nuevo en la pista luchando, sufriendo, sentirme competitiva. Estar ahí y darlo todo hasta el final.

Hoy has perdido ante una chica de 17 años. ¿No sientes que perteneces a otra época?

Yo cuando entro a pista no me fijo si la rival tiene 17 años o tiene 35, me fijo en su tenis. El objetivo siempre es intentar llevarme el partido a mi terreno, a mi esencia, variando mucho los tiros, proponiendo puntos largos, sé que me cuesta mucho ante tenistas que juegan muy rápido, pero también yo les molesto a ellas. Necesito enfilar el partido por la carretera que más me convenga a mí, una lucha de estilos.

¿Y cambiar tu estilo? Nadal o Ferrer siempre subrayan su capacidad de adaptación para sobrevivir a los nuevos tiempos. Sacar mejor, acortar los puntos, tirar más duro…

Yo no lo estoy haciendo. Ahora mismo necesito recuperar fuerza, estar bien físicamente, pero nuestra manera de ver el tenis no pasa por cambiar mi estilo, no vamos a jugar a tiros. Está claro que depende también de la pista en la que juegues, o las bolas, en pista rápida cambia un poco la estrategia pero, en líneas generales, mantenemos el plan de toda la vida.

Nada más terminar el partido, te has ido con Pablo a practicar el saque durante diez minutos. Eso dice mucho de la ambición que tienes.

Con Pablo lo hice muchas veces. He tenido problemas con el saque y lo que queremos es limpiar el golpe al acabar los partidos. Con la tensión y los nervios sé que cambio mi gesto, necesito limpiarlo tras el partido para que mañana, cuando empiece, lo pueda tener a punto.

Una pregunta complicada. ¿Pensaste alguna vez en la retirada?

(Piensa) Te soy sincera, alguna vez se me ha pasado, pero enseguida he apartado ese pensamiento. He vivido momentos duros, tanto fuera como dentro de la pista. He llegado a dudar de mí misma, ¿de verdad soy capaz de seguir jugando a tenis? Pero sigo. Sigo porque me sale, porque quiero, porque tengo ganas de recuperar esas buenas sensaciones y, sobre todo, tengo ganas de superar esto.

Superarte a ti misma.

Exacto. Quiero superar mis propios fantasmas, miedos personales, cosas que no puedo dejar ahí. Esas cosas son las que te hacen pensar en la retirada, te invitan a dejarlo, pero yo quiero superarlas. No superar partidos, sino límites míos que no quiero que sigan ahí.

¿Cómo te imaginas el final?

Es difícil de contestar, sobre todo encontrar la manera. Ahora veo cómo la gente se retira y me impresiona, con la retirada de Ferru he llorado muchísimo. Creo que no sería capaz de hacerlo como él, de anunciar que de aquí a un año lo dejo, no aguantaría estar en el centro de atención. Luego vas a los torneos y es bonito, tienen cientos de gestos solo para ti, pero siento que ese no es mi lugar. Cuando lo decida, me retiraré sin decirlo antes. Creo que lo haré así, pero nunca se sabe. Lo principal es encontrarme bien otra vez, pero claro, si lo consigo, ¿cómo voy a parar si me estoy encontrando bien?

Pennetta se retiró ganando un Grand Slam.

Eso es una locura, casi imposible de hacer (risas). Imagino que cuando llegue el día lo sentiré, me daré cuenta. Ahora lo que quiero es volver a disfrutar, encontrarme bien y ver hasta dónde puedo llegar otra vez. Como si fuera una segunda carrera. Voy a intentar dar mi máximo, a muerte, estaré donde tenga que estar. Si consigo volver a dar mi máximo, ¿qué más me puedo pedir?

LA APUESTA del día

Comentarios recientes