La leyenda serbia encuentra soluciones ante un Del Potro imperial

Vibrante encuentro de más de 3 horas en el que el serbio levantó dos bolas de partido y supo escabullirse de la mejor versión de su rival.

Novak Djokovic gana a Juan Martín Del Potro. Foto: zimbio
Novak Djokovic gana a Juan Martín Del Potro. Foto: zimbio

Resulta asombroso cómo todo puede cambiar en tan poco tiempo. Esta frase melodramática aplicable a todo aspecto de la vida, alcanza un estatus superior cuando se habla de deportistas de élite que tienen esa esencia particular que solo poseen las leyendas. El palmarés de Juan Martín Del Potro no se acerca tan siquiera a todo lo que representa el argentino para el tenis y a la clase de jugador que es. Siempre teniendo que levantarse después de golpes duros en forma de lesiones, el argentino lo ha vuelto a hacer. Hace una semana sufría los rigores de la falta de ritmo competitivo en Madrid, jadeando después de cada intercambio ante Djere y siendo incapaz de aproximarse a su nivel. Apenas nueve días después, ha ofrecido una auténtica exhibición en los cuartos de final del ATP Masters 1000 Roma 2019, concienciando al mundo de que está dispuesto a hacer otro regreso milagroso y luchar por todo, pero también de que Novak Djokovic es capaz de superarse a sí mismo. Increíble capacidad de sufrimiento del serbio, que sacó su mejor versión para sobrevivir y cosechar un triunfo que eleva su confianza al máximo. Una leyenda sabe encontrar soluciones cuanto más desafiada se vea y eso es lo que hizo Novak Djokovic.

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Ambos jugadores se conocen bien. Se han visto las caras en 19 ocasiones, con un balance de 15-4 para el serbio, pero de nuevo las estadísticas no hacen honor a la sensación que es capaz de transmitir el argentino y de la que hoy hizo gala desde el primer punto: la de un púgil que suelta directos hacia su rival buscando arrinconarle contra las cuerdas. Pero Novak es un auténtico bailarín y tiene capacidad de sobra no ya para escabullirse de los ataques inmisericordes de su rival, sino para plantearle una batalla de tú a tú en la que el tenis sale victorioso desde el primer golpe. Un homenaje a este deporte fue lo que hicieron estos dos colosos de la raqueta en una pista que no estuvo a la altura; malos botes continuos, pisteros mojando la tierra como si quisieran apagar un incendio y líneas resbadalizas e inestables que provocaron la ira de los dos, pero no pudieron deslucir el tremendo espectáculo.

Dio la sensación en el primer set que Juan Martín iba con motor diésel y sus opciones pasaban por salir indemne de los primeros juegos hasta que la máquina carburara a pleno rendimiento. Así fue. El argentino tiró de experiencia y aura ganadora para salvar la friolera de seis bolas de break e ir tomando la temperatura al partido. Comenzaron a sucederse los largos peloteos en los que Djokovic buscaba hacer daño con sus reveses paralelos y Juan Martín no se impacientaba a la hora de coger su derecha. Se metía en pista con soltura, jugaba con paciencia y lograba ir minando poco a poco la defensa numantina del balcánico. En los momentos cumbre le ayudó el saque al tandilense, que se fue retroalimentándose de cada situación límite salvada. Llegó un momento en que no había dominador ni dominado, sino una lucha sin cuartel de poder a poder por desbordar primero al rival.

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En esas estaban cuando Djokovic cometió un par de errores inesperados en el séptimo juego que dieron alas al argentino. Fue la chispa que encendió por completo el martillo pilón que tiene en su derecha. La bola quemaba cuando salía de su raqueta y Juan Martín encontraba ganadores a pesar de las argucias tácticas de Novak, que halló en la dejada un buen argumento. Abusó de él en los compases iniciales del segundo parcial, cuando más necesario era amainar a la fiera que tenía al otro lado de la red. No había golpes neutros y el intercambio era una oda al tenis de la que, desgraciadamente, solo podía quedar uno. Novak se afanaba en ser agresivo, pero no lograba cerrar la puerta a un Juan Martín capaz de desbordar con tiros al límite y cometer poquísimos errores. Se lanzó con todo a por el partido Del Potro, como si fuera una torre de asedio en una ciudad amurallada.

Hubo intercambios de roturas que derivaron en un tiebreak donde la tensión se podía cortar con un cuchillo. Adquirió ventaja Delpo hasta en dos ocasiones, llegando a gozar de un 6-4 y saque que parecía definitivo. Fue ahí donde surgió la magia de un número 1 del mundo que opta a serlo de la historia. Levantó la situación con pundonor y una sangre fría espectacular, jugándose una dejada magistral en el segundo punto de partido en su contra. Un error con su derecha a la red y otro de un revés que se fue largo, condenaron al tandilense a ver cómo el partido se le escabullía de las manos y se iba a una tercera manga difusa para sus intereses.

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Atendido por molestias físicas, el argentino tiró de casta para aferrarse al partido y cuando parecía que había salido indemne de los primeros juegos, los más peligrosos en una situación así, encadenó errores infantigles en el cuarto juego que le hicieron ceder el servicio. La montaña ya fue demasiado elevada para escalarla y Novak Djokovic certificó la realización de un ejercicio de supervivencia sublime ganando por 4-6 7-6 (6) 6-4.. Se sintió inferior al argentino en muchos tramos del partido, se vio fuera del torneo, pero tiró de esos intangibles que solo poseen las leyendas para ganar un partido que le lleva a las semifinales del ATP Masters 1000 Roma 2019 donde se medirá a Diego Schwartzman. El chacal enseña los dientes incluso cuando es atacado con fiereza.

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