Djokovic roza la perfección

El serbio Novak Djokovic somete sin paliativos al francés Lucas Pouille para citarse con Rafael Nadal en la final del Open de Australia.

Alejandro Arroyo | 25 Jan 2019 | 11.13
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La final del Open de Australia de 2019 medirá a los dos mejores jugadores del mundo, Novak Djokovic y Rafael Nadal. Si la superioridad del español sobre Stefanos Tsitsipas fue incontestable, no anduvo lejos la que ejerció el balcánico sobre el francés Lucas Pouille, al que dejó en apenas cuatro juegos (6-0 6-2 6-2). El número 1 del mundo no dejó lugar a ninguna especulación ni posible reacción, sometiendo al pupilo de Amelie Mauresmo hasta desdibujarlo por completo.

Con un 6-0 de arranque, el partido nació decantado. El serbio saltó a la Rod Laver Arena con ganas de acortar lo máximo posible su encuentro, fruto de una capacidad para manejar todos los ritmos de juego posibles. Ya desde el primer punto, la diferencia de estabilidad, flexibilidad, consistencia y cambio de ritmo que ofreció el juego de Nole fue del todo inalcanzable para un Pouille que nada pudo hacer a pesar de tener el revés cortado y el paralelo entre sus variantes más preclaras.

Con el primer servicio roto, la pendiente se hizo prácticamente vertical para el francés. El choque entró en un tipo de intercambio en el que era dificilísimo que Lucas pudiera crear brechas, simplemente porque lo que pedía al francés era generar lo que más le cuesta a su juego, una transición ofensiva, desde la defensa al ataque, de primer nivel. Su juego carece de profundidad y peso cuando golpea muy desplazado, necesitando estar bien apoyado para dirigir a las esquinas. Con una defensa pasiva y a merced, Djokovic tomó el centro de la cancha y decidió a su antojo con sus increíbles manos.

Pouille, angustiado, no encontró momentos para variar el juego. Sabido su talento para la volea o la dejada, el juego y la determinación de Djokovic hacían imposible transformar la dinámica, sobre todo porque en los dos golpes iniciales, servicio y resto, Novak marcó muchas diferencias. Y desde ahí, toda la iniciativa corrió de su lado. Era tal el dominio y la posición tan retrasada a la que se encontraba Lucas, que Nole pudo incluso pasar a la red en numerosas ocasiones. El paso definitivo.

Con 6-0 y 6-2, la sentencia estaba firmada. Pouille, varios pasos por detrás en gestión competitiva y capacidad mental para creer en la remontada, fue completamente superado por un Djokovic que incluso dando una exhibición de facultades, transmitió la sensación de jugar a medio gas, llegando a la final del domingo sin gastar energía y apuntalando algunas dudas ofrecidas en rondas previas. Melbourne tendrá dentro de dos días la final esperada, una que puede pesar, y de qué manera, en la carrera que sitúa ambos en disposición de ser el mejor de siempre en los Grand Slams.