Flores de Sarajevo

A mediados de los 90, dos críos daban sus primeros raquetazos en una antigua morgue en Bosnia. Esta semana han logrado en Melbourne una hazaña histórica para su país.

La primera semana del Open de Australia ha dejado algunas noticias muy comentadas. La eliminación prematura de Nadal, la inminente paternidad de Murray o incluso el escándalo de las apuestas destapado a medias por la BBC han copado las rotativas. Mientras tanto, alejados de los focos, Damir Dzumhur y Mirza Basic han sido protagonistas de una gesta silenciosa para el tenis de Bosnia-Herzegovina, un país que hace no tanto conoció de cerca la crudeza de la guerra.

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Recién alzado el telón en Melbourne, Dzumhur -23 años, número 81 del mundo- venció al joven Kyle Edmund en cinco sets, y Basic -24 años, número 138 del mundo- derrotó a Robin Haase en tres mangas. Así, por primera vez en la historia del circuito ATP, dos tenistas de este país ganaban sus partidos de primera ronda y se clasificaban para segunda ronda de un Grand Slam.


El diario Oslobodjenje llevó la noticia a la portada y cinco días después, aún están disponibles los resúmenes de los partidos en su web. Solo la selección de fútbol del héroe Dzeko alcanzó tal honor con su clasificación para el último Mundial de Brasil. Sirva esta vara de medir para hacerse una idea de la magnitud del acontecimiento para un estado de aproximadamente cuatro millones de habitantes (el último censo fiable se realizó en 1991 cuando aún era una república yugoslava), dos provincias claramente diferenciadas por motivos étnicos, y un pasado lleno de cicatrices. La nueva generación va orientándose tras un período tan turbulento que no permitía pensar en nada que no fuera el conflicto o sus secuelas. La educación va cumpliendo su papel, y aunque aún hay miedo de abordar la propia historia, y los problemas económicos y políticos persisten, los jóvenes bosnios están más preparados que nunca, y eso se nota también en el tenis.

Damir Dzumhur ya había sido pionero en estas cotas. Es la estrella, la gran esperanza: ha pisado ya terceras rondas en Australia y París y es un habitual en los cuadros finales de los grandes. Basic es solo un año mayor que él, pero su camino ha sido más discreto, y su vivienda habitual son los Challenger. Nada más terminar la jornada, Dzumhur expresaba su alegría por la victoria de Mirza: “Es perfecto”-declaraba-. “La mayoría de mi carrera la he pasado sin nadie a mi lado, es muy bueno tener alguien que te empuje a competir. Espero que esto sirva para que las siguientes generaciones disfruten del apoyo que nosotros no tuvimos”.

Los dos entraron de la mano en la segunda ronda, como si fuera un símbolo de su historia. Son buenos amigos desde que con seis años, entrenaban en una antigua morgue reconvertida en pista de tenis. El deporte era el único modo de escapar de las heridas del conflicto bélico más sangriento de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, que golpeó de forma especialmente cruda a la ciudad de Damir y Mirza. En épocas de penuria, los recursos son escasos y no suelen dedicarse a promocionar el deporte: si no hay para pan, no va a haber para estampitas. Cilic, Ljubicic, Dodig o Petkovic son ejemplos de tenistas nacidos en Bosnia que tuvieron que buscar en otros países el apoyo para impulsar su carrera.

A pesar de la falta de patrocinios y rechazando ofertas de países vecinos, Damir y Mirza se quedaron en su tierra natal. Son excepciones: con los anónimos Setkic, Brkic y Fatic, suman cinco tenistas en el top-1000. Croacia tiene diecinueve y Serbia dieciocho. El panorama por detrás tampoco parece muy prolífico: ni un solo chico entre los 600 mejores junior del mundo. La página web de la Federación Bosnia de Tenis no tiene siquiera traducción al inglés. El sector deportivo en conjunto se lleva poco más de tres millones de euros del Presupuesto General, y depende a nivel estatal del Ministerio de Asuntos Civiles, el mismo que se ocupa de asuntos tan dispares como los permisos de residencia o la limpieza de minas antipersonas. Por comparar, los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984 en Sarajevo se llevaron el equivalente a 51 millones de euros de la entonces boyante Yugoslavia.

Dzumhur y Basic cayeron en segunda ronda, pero eso es lo de menos. La resaca de su éxito continúa. El privilegio de no estar en guerra es poder dedicar la vida a cosas tan triviales como el deporte. Bosnia está dando sus primeros pasos en ese camino, y la gesta de Dzumhur y Basic, insignificante a ojos de las grandes potencias tenísticas, a buen seguro inspirará a muchos niños de su país a cambiar su pistola de juguete por una raqueta.

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