Rafael Nadal derrota a Kevin Anderson en el Masters 1000 de Paris-Bercy tras salvar un punto de partido: 4-6, 7-6(6) y 6-2. El tenista español sobrevive a una noche difícil y se cita con Stan Wawrinka en los cuartos de final.
La puesta en escena de Nadal es impecable. Rafa ejecuta con brillantez las premisas necesarias para noquear a un pegador de la talla de Anderson: intensidad en los movimientos, máxima concentración y agresividad con la raqueta.
El tenista español corre embalado hacia su primera rotura de servicio. La tiene en sus manos, pero toma una decisión precipitada. Sube a la red con un inocente revés cortado, y Anderson respira.
El jugador sudafricano desenfunda su temible primer servicio, con una velocidad media que supera los 200 kilómetros por hora. Anderson, siempre más vulnerable cuando golpea en carrera, domina en posiciones estáticas y castiga a Nadal con un ‘break’ que cambia radicalmente la inercia del comienzo.

Con un 81 por ciento de acierto en el primer saque, Anderson muestra las limitaciones de Nadal en el resto. El tiempo de preparación que el balear necesita para ejecutar sus golpes, especialmente la derecha, le sitúa en una posición retrasada ante el potente servicio del sudafricano. Una puerta demasiado grande por la que Anderson entra con frecuencia.
El rumbo del partido gira moderadamente en el segundo set. Anderson no mantiene su acierto con el primer servicio y pierde fiabilidad desde el fondo de la pista. Sin embargo, Nadal no lo plasma en el marcador hasta alcanzar el tie-break. Los errores de Nadal con la derecha, unidos al poderoso saque de Anderson, conceden al sudafricano un punto de partido.
El estadio enmudece mientras el desenlace del duelo depende de unos pocos centímetros. Nadal sobrevive a un tenso intercambio, Anderson duda y el manacorense levanta el puño. Rafa vuelve a ser un fugitivo de la derrota.

El estado anímico domina a los tenistas. Kevin tarda unos minutos en asimilar el golpe, mientras Nadal resta con determinación y agresividad. Un momento en el que el balear se acerca a la victoria. Sin embargo, dos dobles faltas reflejan su inestabilidad y prolongan el sufrimiento del español.
Anderson amenaza con volver mientras explora con insistencia el revés de Nadal, pero éste huye de nuevo. Con el paso de los minutos, el desgaste psicológico del sudafricano supone su sentencia. En una noche de claros y oscuros, la cabeza de Rafa ejecutó a otro rival.

