Anna Chakvetadze anuncia su retirada

La tenista rusa, ex top 5, abandona el tenis profesional a los 26 años debido a una crónica lesión de espalda

“Ya no me veo en el tenis profesional, estoy lista para decir que mi carrera ha terminado”. Con estas palabras, la tenista rusa Anna Chakvetadze pone fin a su periplo en el tenis profesional a la temprana edad de 26 años. En declaraciones al diario de su país Sport Express, la jugadora ha indicado que una lesión crónica de espalda le ha llevado a tomar una decisión “difícil y muy meditada”.

El anuncio se produce justamente un año después de la disputa de su último partido como profesional ante la kazaja Galina Voskoboeva en el torneo de Tashkent (Uzbekistán). Caía derrotada por 6-1 y 6-3 pero, lo que no sabíamos, es que ya no volveríamos a verla en acción sobre una pista de tenis.


La vida de esta joven nacida en Moscú en 1987, de padre georgiano y madre ucraniana, ha estado ligada al tenis desde los ocho años. En un país muy prolífico en lo que al nacimiento de jóvenes promesas de la raqueta se refiere, Anna destacó en seguida ganando su primer torneo con tan solo doce años y proclamándose campeona de Rusia en categoría sub 16 en el año 2001. Esa misma temporada, debutaría como profesional en el torneo ITF de Minsk y, tan solo un año después, disputaría su primer partido WTA en Budapest .

A partir de ahí, su carrera comenzó un meteórico ascenso que la llevó a disputar la final del mítico torneo de Wimbledon en categoría junior en julio de 2003. La belga Kirsten Flipkens, actual número catorce del ranking mundial, le privó del título pero Anna ya había demostrado de lo que era capaz y se había convertido en una de las más firmes promesas del tenis ruso.

Su progresión era imparable y ya en 2004 firmaba su primera gran actuación en un torneo del Grand Slam: llegaba a la tercera ronda del US Open tras superar la fase previa e imponerse en la segunda nada menos que a Anastasya Myskina, la entonces vigente campeona de Roland Garros.

Todo eran alegrías y triunfos para la joven Anna. Trepaba infatigable por el ranking de la WTA y se codeaba con las mejores en los más prestigiosos torneos. En la temporada de 2007 ya era una jugadora consagrada, habitual de las rondas finales de los Grand Slam y acostumbrada a levantar trofeos tan importantes como el de Stanford o el de Cincinnati. El colofón a tan brillante año llegó con la consecución de la Copa Federación integrando el equipo ruso que venció a Italia en la final.


Pero todos sus éxitos quedaron empañados por el suceso que acaeció cuando disfrutaba de un merecido descanso junto a su familia en una casa de campo situada en su ciudad natal. La madrugada del 18 de diciembre de 2007, el domicilio era asaltado por una banda compuesta por seis encapuchados que amenazaron y golpearon a sus padres con el objetivo de hacerse con el contenido de la caja fuerte. Anna sufrió amenazas por parte de los atracadores, fue amordazada y su muñeca izquierda quedó maltrecha después de ser atada violentamente a una silla.

Fue el principio del fin. Nunca quiso hablar de ello, decidió dedicarse al tenis en cuerpo y alma pero la falta de confianza que ese trauma le produjo se vio reflejada en su juego y los resultados ya no llegaban como antaño.

En los años posteriores, Anna ha sido más noticia por sus continuas lesiones que por sus éxitos deportivos. En febrero de 2011 sufría un desmayo en la pista de Dubai, donde se estaba midiendo a la danesa Caroline Wozniacki. Los médicos lo achacaron a un virus estomacal pero, apenas un mes después, la joven rusa volvió a encontrarse indispuesta en el partido que le enfrentaba a Maria Kirilenko en Indian Wells. Se le diagnosticó un síncope neurocardiogénico y los médicos le ordenaron reposo absoluto. Anna coqueteó entonces con la política pero el Partido por la Causa Justa, del que formaba parte, no obtuvo el apoyo electoral esperado y decidió volver a las pistas de tenis.

A pesar de la dura derrota que Jelena Dokic le infligió en el Open de Australia del pasado año, muchos teníamos esperanzas de volver a ver a la gran Chakvetadze del 2007 cuando destellos de buen juego aparecían en los partidos que posteriormente disputó contra jugadoras de nivel, como Lesya Tsurenko, Vesna Dolonc o Varvara Lepchenko. Desgraciadamente, la espalda le obligó a decir adiós y hoy tenemos la confirmación oficial de su retirada.

Empieza una nueva vida para ella, esperemos que la suerte no le sea esquiva esta vez.

Por Fernando Arribas.

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