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Jannik Sinner, un prodigio que desafía la inercia del pasado
El italiano se apodera de su primer Grand Slam y se convierte así en el símbolo del cambio de era en la que tendrá uno de los papeles protagonistas.
Revisamos el caso de Jannik Sinner y su escalonado camino hacia la conquista de su primer Grand Slam en el Open de Australia. El inicio de una nueva era en el circuito masculino ya está en marcha y el italiano ha consumado lo que apuntaba a suceder. Evolución, mentalidad, lucha y humildad caracterizan la carrera de un hombre que está llamado a cambiar la historia.
Existen las casualidades, el azar o la suerte, pero con Jannik Sinner todo parece orientado al destino. El italiano llevaba tiempo avisando que lo suyo no eran cuentos chinos y su último tramo de 2023 fue toda una amenaza. Su victoria ante Novak Djokovic en las ATP Finals cambió el rumbo de su historia y desde entonces Sinner se ha convertido en garantía de éxito, donde sea y contra quien sea. Y ha escogido el mejor momento para alzarse con su primer Grand Slam en el Open de Australia, completando así su ascenso soñado (y trabajado). Pero que nadie se alarme y crea que el italiano bajará la guardia y se confiará, eso no cabe en esa fría cabeza que ya estará pensando en perseguir el número 1 del mundo.
Y es que lejos queda de aquel Jannik al que los partidos a cinco sets se le hacían tan largos y al que su físico no le acompañaba. Ahora, junto al trabajo de Simone Vagnozzi y Darren Cahill, el italiano se ha embarcado en un viaje sin retorno y sin fecha de llegada. El destino parece claro: lo más alto posible. Tampoco es casualidad que todo ese arduo trabajo en mejorar su físico y su tenis haya dado sus frutos, pues su mentalidad ha dado pasos de gigante para afianzar esta unión. Jannik también se ha ganado la aprobación de un público que pedía la llegada de nuevas superestrellas que dieran relevo al ‘Big 3’. Junto con Carlos Alcaraz, el italiano consuma así el inicio de una nueva era con dos jóvenes capaces de llevar su rivalidad a otra dimensión y que usarán en su favor para empujarse entre ellos a crecer. Eso sin duda.
Sinner sacó hace años su particular billete dorado desde la pequeña localidad de San Candido hasta la cima del tenis mundial, completando así su travesía hasta alzarse con su primer Grand Slam y después de haber realizado las paradas técnicas necesarias. Pocos dudaban de que el italiano lograría esta ambiciosa hazaña y, después de unos meses en su peak, Sinner ha tocado el cielo con sus manos. Aquel niño pelirrojo escogió bien su destino. Empezó con el esquí debido a que sus padres trabajaban en un restaurante muy cerca de los Alpes. Sin embargo, acabó decantándose por el tenis (menos mal) y puso rumbo a la academia de Ricardo Piatti, donde durante 7 años se forjó la base del futuro campeón de Grand Slam.
El ex entrenador de Djokovic vio algo especial en él y se dedicó en cuerpo y alma a exprimir su potencial. Con 16 años ya era profesional, se alzó con sus primeros tres Challengers y dio un paso al frente en 2019 cuando se metió entre los 100 mejores jugadores del mundo. Desde entonces no ha dado un paso atrás y aquel joven pelirrojo que un día cambió los esquís por la raqueta ha terminado de maravillar al mundo con su clímax. Este momento cumbre que está viviendo no es más que la confirmación de que el ahora explica los éxitos del futuro, que después de un Slam viene el número 1 del mundo y que en este 2024 habrá alguien más luchando en ese tú a tú entre Carlos Alcaraz y Novak Djokovic.
El comienzo de un nuevo ciclo
Sinner tiene todos los ingredientes necesarios para convencernos de que esto no es casualidad, suerte o azar, que el mundo del tenis quiere volver a ver a su príncipe pelirrojo repitiendo hazaña una y otra vez, que el cambio de ciclo con los jóvenes ha llegado y que este 2024 puede marcar un antes y un después. El italiano era el milagro que estaba destinado a ser obrado y el tiempo seguirá dándole la razón previsiblemente. De momento, dejemos seguir trabajando a un Sinner que no piensa bajarse del tren hasta llegar a su final.