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Dominika Cibulkova: “Todavía quiero hacer algo grande en el tenis”

Después de un 2017 marcado por las derrotas y los sinsabores, la eslovaca explica su cambio de mentalidad esta temporada. “Necesitaba sanear mi mente”.

En el deporte, a no ser que hablemos de un fuera de serie, todo se compone de etapas. Las hay buenas, las hay no tan buenas, las hay malas y las hay nuevas. En el caso de Dominika Cibulkova hemos presenciado un mezcladito de todas las anteriores. Después de vivir un 2016 apoteósico, saliendo maestra en Singapur y consagrada como una de las grandes del circuito, la eslovaca sufrió en 2017 un baño de realidad y de angustia, llegando incluso a deambular por las pistas sin mucho sentido. Hoy, ya con las pilas cargadas del nuevo curso, Domi explica en la web de la WTA qué le paso el calendario pasado y dónde están las claves de su nueva visión.

“Después del torneo de Beijing me tomé un tiempo de desconexión. Intenté olvidarme de todo. No jugué al tenis durante diez semanas, pero tenía que hacerlo así, para darme cuenta que todavía quería seguir jugando, para ver que todavía me quedaba la energía para luchar y estar motivada. He disfrutado muchísimo de todo este tiempo libre, pero todavía quiero jugar y hacer algo grande en este deporte”, recuerda la de 28 años.


Pero antes de un descenso siempre viene un ascenso. “Después de ganar en Singapur todo pasó demasiado rápido. Tuve dos semanas de parón para descansar y me sentí como si en seguida tuviera que irme a Australia y empezar de nuevo. Entonces empecé a sentirme cansada y no era capaz de disfrutar de lo conseguido recientemente. Yo no soy como Federer, él gana un Grand Slam y es algo normal para él. Para mí significa algo enorme”, asegura la eslovaca.

“No disfruté jugando al tenis la temporada pasada. No disfruté de los viajes, no disfruté estando dentro de la pista. Necesitaba sanear mi mente para saber qué es lo que realmente quería hacer. Si todavía tuviera esa sensación de no querer volver a jugar al tenis no sería algo positivo para mí. Era algo que debía afrontar después de un 2016 demasiado bueno, por eso en 2017 apenas pude disfrutar de lo que hacía”, analiza la actual número 26 del mundo.

Pero la argumentación de Dominika no acaba aquí. “Sentía que todavía tenía la predisposición de hacerlo. Soy una jugadora que necesita tener el 100% dentro de la pista, incluido en mis entrenamientos, para que todo salga bien después. Después de las ocho semanas, una vez empecé con el trabajo físico de pretemporada, noté de nuevo ese impulso. Soy ese tipo de jugadora que va siempre mostrando sus emociones, por eso necesitaba ese tiempo fuera del circuito, para darme cuenta de lo mucho que me encanta esto”, explica la de Bratislava en una charla donde abre su lado más íntimo.


Pero al final, por suerte para todos nosotros, la pasión y el amor por la raqueta pudo con todo. “Lo estaba disfrutando pero era extraño. Estaba en casa con mi marido, estábamos planeando un viaje a Praga, otro a las Maldivas, no parábamos de viajar. Estaba sacándole el máximo partido a ese tiempo y al mismo tiempo me daba cuenta de todo, de qué era lo que tenía y lo que tendría después del tenis. Así será mi vida. Pero no quiero acelerar el proceso, todavía quiero mantenerme aquí, en el tenis, y luchar por hacer algo realmente grande”, concluye la mujer que esta semana compite en Sidney y que ya pisa los cuartos de final tras derrotas a Sevastova y Vesnina.