Garbiñe entre dos banderas

Reina en París y con la envestidura que otorga un Grand Slam, Muguruza no sólo agita el fervor de sus seguidores, también es capaz de generar una pronunciada brecha.

Cuando en 2013 Garbiñe Muguruza, quien aun se debatía entre qué país representar, si España o Venezuela, dijo que su decisión le iba a crear muchos enemigos ciertamente estaba palpando su futuro. Ese escozor que ha provocado su determinación, que se decantó hacia el país europeo, todavía no ha cesado y cada vez que hay oportunidad –o más bien cuando hilvana resultados positivos- muchos no escatiman esfuerzos en abrir la herida y tocar la llaga.

Recordemos que Garbiñe nació en Venezuela, en la ciudad de Guatire, y su madre, Scarlet Blanco, es natural del país sudamericano; mientras que su padre, José Antonio, es propio de España. Desde muy pequeña ‘Garbi’ se mudó al país ibérico y fue allí donde tomó la raqueta e inició su carrera como profesional.

Luego llegó el momento de tomar la tan trascendental decisión, aquella donde debía elegir bajo qué bandera jugar. Un dictamen que sentenció en 2014 decidiéndose por España, apoyada por las ventajas de estar junto a esta Federación y por las múltiples ayudas que recibió que le ayudaron a propulsarse. Aquella fue una puja donde Venezuela también mostró sus cartas para quedarse con ella, pero que al final no fueron suficientes para retenerla.

Muguruza, de solo 22 años, mostró la madera de la cual estaba hecha siendo muy joven. Desde 2012 empezó a dar de qué hablar y en 2014 ya se plantaba como una gran promesa. Aquel año fue capaz de vencer a Serena Williams en segunda ronda de Roland Garros, jugó sus dos primeras finales WTA y logró las semifinales en el Torneo de Campeonas. La española edificó su promisoria carrera que la llevó a meterse al top 10, jugar el año pasado la final de Wimbledon y ser toda una estrella del circuito femenino.

A Garbiñe la fortuna le trajo también desventuras. Una batalla donde ella no es la culpable pero donde es el centro de atención. De un lado los que la apoyan fielmente; del otro, los que aún no le perdonan que haya dejado Venezuela para cruzar el océano… y en otra parte aquellos que le recriminan a quienes insisten que es y compite como venezolana.

Ahora, satanizar a los venezolanos que adoptan como suyos los triunfos de Muguruza puede ser una situación exagerada. Aunque compita como española, Garbiñe nunca dejará sus raíces y ella misma se ha encargado de aclarar en múltiples oportunidades que le gusta que sus victorias sigan siendo consideradas de ambos países. Ahora, lo que sí no podemos ocultar es que los registros históricos oficiales que logre en su carrera siempre van a considerarse españoles. Únicamente de esa nación. No se dice que Bosnia-Herzegovina tiene un título de Grand Slam por Marin Cilic o que Canadá tiene una final de ‘Major’ con Greg Rusedski. De hecho, en el caso de Martina Navratilova, checa de nacimiento y luego nacionalizada estadounidense, sólo uno de sus títulos de Grand Slam pertenece a República Checa: el de dobles mixto de Roland Garros 1974.

Entre las fechas que van y vienen de una trinchera a otra en las redes sociales solo queda resaltar a quienes, a pesar de las diferencias, se enorgullecen de lo conseguido por Muguruza. Sean españoles, venezolanos o de cualquier otra parte del mundo.

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