Wimbledon, etiquetado como el Grand Slam del cielo gris y la lluvia, se aleja de su propio estereotipo en los primeros días de competición. Los sombreros y las gafas de sol forman parte del decorado en las pistas y las zonas de acceso público.
Las previsiones meteorológicas indican temperaturas superiores a los 30 grados centígrados este miércoles, una situación que podría llevar a la aplicación de la regla del calor en el Grand Slam londinense. Como sucede en el US Open, los tenistas masculinos no se benefician de dicha regla, que sólo puede aplicarse en partidos femeninos individuales de categoría absoluta y júnior.
La explicación por parte de los organizadores de Wimbledon es simple. Adoptan una regla existente en la WTA pero inexistente en la ATP. El Grand Slam con la reglamentación más minuciosa y singular en aspectos secundarios se desentiende con esta facilidad del trato desigual ante el calor.

Esta regla del calor, vigente en Wimbledon desde 1992, sólo se ha aplicado en dos ocasiones: el 23 de julio de 2006 y el 30 de junio de 2009. El núcleo de la norma es el ‘heat stress index’, un índice que combina la temperatura del aire, la humedad y la temperatura de la superficie.
Las mediciones de estos valores se realizan tres veces durante cada jornada: 30 minutos antes del comienzo de los primeros partidos, a las 14:00 y a las 17:00. En el caso de que el citado índice alcance los 30.1 grados Celsius antes de que las jugadoras sean llamadas a la pista, cualquiera de ellas puede solicitar una interrupción de diez minutos entre el final del segundo set y el comienzo del tercero.
El cambio de las condiciones climatológicas durante el partido no afecta a la aplicación de la regla del calor, siempre sujeta a las condiciones previas a su inicio. Más pendiente del bochorno que de la lluvia durante estos días, Wimbledon mantiene un trato desigual ante el calor.

