Djokovic y un punto de inflexión en su carrera: "Sentí que se caía mi mundo"

El serbio profundizó en sus sentimientos después de Roland Garros 2010, uno de los peores momentos de su carrera. "Pasé por un muy mal momento"

Djokovic vs Melzer en Roland Garros 2010. Fuente: Getty
Djokovic vs Melzer en Roland Garros 2010. Fuente: Getty

Novak Djokovic es, en este momento, uno de los grandes candidatos a ser el mejor tenista de la historia de este deporte. Así, sin más paliativos ni justificaciones. El número uno del mundo ya ha firmado algunos de los récords más impresionantes de este deporte, fruto de una consistencia a prueba de balas y una capacidad sobrehumana de sobreponerse a los peores momentos, tanto profesionales como personales. No siempre, sin embargo, el camino hacia la gloria estuvo lleno de rosas. En ocasiones fue necesario pasar por las espinas.

Hasta esta fecha, el jugador serbio solo ha caído una vez tras liderar por dos sets a cero cualquier partido. Ocurrió en Roland Garros 2010, un momento particularmente complicado de su carrera. Incapaz de dar con la tecla en el saque, un área a mejorar, y sin la confianza ni capacidad de reacción necesaria para hacer frente a los mejores desde el fondo de la pista. Nada parecía estar bien en el tenis del serbio, que encajaba derrotas extrañas a la par que complicadas a nivel mental. El momento de tocar fondo se dio en el torneo parisino, ante Jürgen Melzer. Así lo explicó el serbio en un podcast con su amigo Chervin Jafarieh, en declaraciones transcritas por el periodista Sasa Ozmo.

"Después de perder ante Melzer en Roland Garros 2010 estuve llorando desconsoladamente en la habitación de mi entrenador, Marian Vajda. Fue la primera vez que sentí un gran impulso para dejar el tenis. Sentí que mi mundo y mis sueños estaban derrumbándose, que no era lo suficientemente bueno para alcanzar las metas que me había propuesto. Me choqué contra un muro, me encontraba en un lugar muy jodido mentalmente", declaró el serbio, revelando cómo se sintió en uno de los momentos más complicados de toda su carrera deportiva.

Aquella derrota significó mucho para Nole. Fue también una manera de prometerse a sí mismo que nunca volvería a dejarse ir en circunstancias así, una especie de llamado de emergencia dentro de sus sueños de grandeza. Nunca más volvió a caer en una situación parecida, y en parte se debe atribuir a sus dos entrenadores por aquel entonces: Marian Vajda y Miljan Amanovic. El propio Novak reconoce que sin ellos en el equipo, la reacción bien habría sido totalmente distinta.

"Tanto Vajda como Miljan me dejaron llorar allí y les estoy muy agradecido por ello. Fue un momento clave. La narrativa en el mundo del deporte es que un entrenador tiene que ser alguien muy fuerte, capaz de levantarte, de mostrarte que eres más fuerte de lo que piensas cuando te sientes débil. Para mí, los mejores entrenadores son aquellos que están ahí como amigos y seres humanos, entrenadores que son tu hombro para que puedas llorar en él, gente que te entiende y que te deja desahogarte cuando eso es lo que simplemente necesitas".

Su entorno de trabajo, claves para levantarse

Su equipo de trabajo, su -por aquel entonces- novia y su familia. Esos fueron los tres pilares en los que Djokovic fundamentó su particular 'remontada emocional', los motivos por los cuales aquel encuentro ante Melzer acabó por quedarse en una simple anécdota sin mayores consecuencias que aquellas. El número uno del mundo siempre ha afirmado que el camino es mucho más importante que el final, y su vía hacia el éxito empezó por pavimentarse aquella tarde noche en París: a solas con sus entrenadores, mostrando sus emociones y desahogándose. Poco tardó en convertir aquellas lágrimas en emoción pura de auténtico ganador.

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