Goolagong, la madre de un récord que permanece 40 años después

Se cumplen cuatro décadas del último Grand Slam de la tenista australiana. Sigue siendo la única madre capaz de ganar Wimbledon en la Era Open.

Evonne Goolagong posa con tu título en Wimbledon. Fuente: Getty
Evonne Goolagong posa con tu título en Wimbledon. Fuente: Getty

Estamos en las semanas de Wimbledon y, por tanto, toca recordar algunas historias que marcaron allí la historia de nuestro deporte. Como la de Evonne Goolagong, una de las mejores tenistas de todos los tiempos, ex Nº1 del mundo y poseedora de siete títulos de Grand Slam. Hoy hablaremos del último: Wimbledon 1980. Han pasado ya cuatro décadas desde aquel triunfo, posiblemente el más especial para la australiana. Aquel sería el único de los siete que ganó siendo ya madre y, cuarenta años después, ella sigue siendo la única madre capaz de ganar Wimbledon en la Era Open. Sabiendo esto, la historia se cuenta sola.

“Cuando salí de la pista me dijeron que era la primera madre en ganar el título individual en los últimos 66 años. Ahora han pasado 40 desde aquel título y el récord sigue vigente”, afirma Evonne en un reportaje elaborado por WTA. “Solamente otras dos madres han conseguido levantar un Grand Slam en la Era Open, así que supongo que no es tan sorprendente que ninguna madre haya conseguido volver a conquistar Wimbledon. Simplemente, no es nada fácil después de tener niños”, valora desde la experiencia.

La última madre en levantar un Grand Slam había sido Dorothea Lambert Chambers, en 1914. Hablamos de una época completamente distinta, aunque también existe una brecha importante hasta llegar a los tiempos de Goolagong. En el cómputo global, las otras dos mujeres capaces de lograr esta heroicidad fueron Margaret Court y Kim Clijsters, aunque ninguna de las dos lo consiguió en Londres. El dato refleja con rotundidad la dificultad del reto, situando a estas cuatro grandes campeonas en un escalón independiente al resto.

Mi sueño siempre fue ganar Wimbledon, algo que fue fantástico conseguir en 1971. Sin embargo, me encantó también la experiencia de volver a jugar una vez había tenido a Kelly”, subraya la australiana, bicampeona en Londres con una diferencia de nueve años entre el primer y el segundo título. “Mi hija hizo nuestras vidas más completas, las lleno de alegría. En 1980 tuve que superar dos lesiones, además de una enfermedad, pero Kelly realmente me dio la energía para querer ganar nuevamente. Tras aquel triunfo encontré una felicidad profunda y permanente, el tipo de felicidad que llega cuando sabes que diste lo mejor de ti”, apunta con orgullo.

Aquel Wimbledon fue diferente, por muchas razones. Evonne llegaba tras pasar una mala racha, con los 29 años encima y una hija de tres que se había convertido en su principal deber. Habían pasado tres temporadas desde su último triunfo en un Grand Slam y muchas ya daban su etapa de gloria por finalizada. La sorpresa llegaría en Wimbledon, derrotando a cuatro top10 de manera consecutiva en su camino hacia el trono: Hana Mandlikova (#9), Wendy Turnbull (#6), Tracy Austin (#2) y Chris Evert (#3). En la final se cruzó con Evert, que venía de ser subcampeona los dos años anteriores, pero a la tercera tampoco fue la vencida para la estadounidense. Por un resultado de 6-1 y 7-6, la oriunda de Griffith colocaba la guinda a su tremenda quincena en el AELTC.

“Recuerdo el alivio de ver que poco a poco me iba sintiendo mejor según avanzaba el torneo, ya que venía de estar enferma y pasar dos meses sin competir. Mi marido bromeaba conmigo diciéndome que solo estábamos en Inglaterra porque habíamos pagado un gran depósito para la casa de alquiler”, recuerda con ironía. “La semana previa al torneo reservamos las pistas de césped del Cumberland Lawn Tennis Club y estuvimos allí entrenando a diario con Vitas Gerulaitis y Bjorn Borg. Ahí comencé a sentirme mejor, vi que estaba jugando bien. La recuerdo como una edición de muchas lluvias, aunque en todos mis partidos salió el sol”, sostiene la que fuera Nº1 del mundo durante dos semanas.

Su éxito quedaría registrado para siempre y, a día de hoy, todavía seguimos esperando que otra madre gobierne en Wimbledon para acompañarle en los altares. “Ahora es mucho más común ver a madres, en diferentes campos de la vida, volver a sus roles laborales después de tener hijos, incluso en el deporte. Es desafiante, complicado, un nivel superior de dificultad, pero creo que es genial para el tenis que tengamos muchas más madres en el tour. Me encantaría ver pronto a una de ellas, por ejemplo Serena Williams, consiguiendo algo así cuarenta años después. Haría que el resto de madres, incluida yo, se sintieran geniales”, concluye la oceánica.

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