Marina Yudanov, de ingeniera en Volvo a tenista profesional

Fue una gran junior en Suecia, se apartó del tenis a los 17 años y empezó a trabajar como ingeniera. Diez años después, lo dejó todo para volver.

Fernando Murciego | 15 Dec 2018 | 22.23
twitter tiktok instagram instagram Comentarios
En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.
En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.

Streaming ATP Rome en directo
🎾 Jannik Sinner vs Andrey Rublev
  1. Entra aquí y regístrate en Bet365
  2. Haz tu primer depósito de mínimo 5 €
  3. Entra en la sección «Directo» y ve todos los partidos
Ver partido en Bet365

Detrás de cada tenista siempre hay una historia que contar, incluso la número 582 del mundo guarda un capítulo increíble de narrar. Gracias a Spazio Tennis y su fabulosa entrevista con Marina Yudanov, no solamente os la vais a creer, sino que vais a quedar encantados de la fuerza que puede llegar a tener el tenis para dirigir las vidas de aquellas personas que quedan atrapadas entre sus cuerdas. En este caso, la aventura de una chica sueca que decidió colgar la raqueta a los 24 años por falta de madurez y apostó fuerte por una carrera universitaria y su correspondiente puesto de trabajo. Sin embargo, el tiempo pasó y el gusanillo del tenis volvió a crecer en su interior. O mejor dicho, nunca se había ido. Así fue como Marina volvió a cambiarse de barco y decidió reajustar su camino a los 27 años volviendo a disfrutar de su gran pasión.

“Es una larga historia. Digamos que tuve una rebelión adolescente y dejé al tenis fuera de mi vida, convencida de que jamás volvería a jugar. En ese momento lo odiaba”, explica Marina acerca de aquella etapa de frustración. “Fui una gran junior, una gran promesa con grandes resultados. Con 16 años gané el Campeonato Nacional sub16 y di el gran salto ITF, pero ese mismo año se empezaron a torcer las cosas. El hecho de compaginar los estudios con el tenis me llevaron al límite, así que entré en la edad del pavo y empecé a quejarme de todo, a odiar a todo el mundo. Más tarde me di cuenta de que no me estaba relacionando con la gente adecuada, pero en aquel momento decidí dejar el tenis por completo”, declara con tristeza.

Pero uno nunca deja el tenis por completo hasta que el tenis no decide dejarte a ti. “Una vez entré en la recta final de la universidad fui teniendo más tiempo para mí, más ratos libres, así que volví a jugar al tenis por diversión. En verano acompañé a una amiga al WTA de Bastad y me entró el gusanillo. Al final de esa temporada (2015) yo tenía 26 años, vi a Serena, Vinci y Pennetta en semifinales del US Open, todas por encima de los 30. Eso me dio que pensar. Fui a jugar un torneo nacional y me fue bien, así descubrí que todavía tenía un apetito interior, un hambre por competir y enfrentarme a mis rivales. Ahí fue cuando empecé a jugar todos los torneos que pude por Suecia”, recuerda emocionada.

Pero claro, su situación laboral hacía mucho tiempo que había cambiado. “Al mismo tiempo, había comenzado a trabajar como ingeniera en Volvo Trucks. Tenía un buen sueldo y las cosas me iban bien, pero mi cuerpo no era feliz estando todo el día sentada en una silla. Sentía que había algo que no había tenido la oportunidad de mostrar, entonces empecé a llenar todo mi tiempo libre con el tenis, necesitaba más”.

Un cambio de trabajo y de vida, como si nada “Fue una decisión fácil, simple. Sabía que si volvía a jugar no podía ser solo un pasatiempo, quería comprometerme de verdad, ser responsable de mi juego y ser realmente competitiva en mi carrera, o al menos intentarlo. Necesitaba llegar primero a un equilibrio financiero para mantener una regularidad jugando, para volver a afrontar el sueño de mi vida. El tenis es un trabajo como cualquier otro, así que tienes que aprender a ganar dinero, ese es mi objetivo ahora mismo”, resuelve como si hablara de algo sencillo.

La temporada 2016 vio su regreso y en tres años hemos visto a Marina escalar hasta el top600. Quizá ella no imaginaba que todo fuera a ser tan complicado. “En un trabajo normal, tu cuerpo es una herramienta de trabajo que puedes mantener ‘apagada’ en según qué momentos y seguir siendo responsable. Quiero decir, tú puedes salir de la oficina un viernes, emborracharte, quedarte a dormir en casa de un extraño, no volver a casa hasta el domingo y, sin embargo, no sentirte mal. O puedes irte de vacaciones con tu familia a cualquier lugar y no preocuparte por la dieta o el entrenamiento. Tu trabajo en la oficina no define toda tu existencia, no dicta los términos en los que se desarrolla tu vida. Con el tenis, sí”, explica la sueca al mismo tiempo que muestra el abismo entre un trabajo y otro.

Nadie dijo que fuera a ser un camino de rosas, pero sí que iba a merecer la pena. “Para empezar, esto me da la oportunidad de soñar, de expresarme tal y como soy dentro de una cancha de tenis. Tengo un trabajo en el que puedo mostrar mis emociones, donde puedo gritar cada día y considerarse normal, es natural. Aquí puedo hacer lo que me llena y eso me da una alegría incontenible, me hace llorar de felicidad. Todo es muy intenso, está a años luz de pasar una mañana tranquila en la oficina respondiendo correos electrónicos y tomando café”.

¿Siente la presión de escalar con la treintena a la vuelta de la esquina? “Por un lado solo quiero jugar, enfrentarme a las mejores jugadoras para darme realmente la información sobre mis debilidades y lo que tengo que mejorar. Por otro lado quiero hacerlo lo más rápido posible porque ya no tengo 16 años, necesito subir los niveles de todo hasta un lugar donde pueda ganar mejores premios… pero para eso necesito puntos”, subraya.

Por último, el entrevistador invita a nuestra protagonista a que pida un deseo aprovechando la cercanía de las fiestas de Navidad. “Pedir dinero es muy aburrido, así que no lo haré. Desearía tener mi propia máquina de encordar y un buen maestro que me ayude a preparar mis raquetas. Si no, también me vendría bien un patrocinador para la ropa. Cuando volví a jugar torneos ITF el año pasado lo hice con la misma ropa de cuando tenía 16 años, aunque me estoy deshaciendo poco a poco de ella”, asiente entre risas. “Respecto al circuito, me gustaría que existiera una atmósfera mucho más cordial, podemos llevarnos bien mientras seguimos compitiendo ferozmente. Aquí todos somos adversarios, pero seguimos siendo colegas, nos necesitamos para entrenar, compartimos habitaciones, viajes, etc. Ojalá en el futuro podamos conectar todos mejor”.