Becker y Djokovic ocho Grand Slams después

Tras su triunfo en el US Open, Novak Djokovic ha cumplido ocho Grand Slams junto a Boris Becker. El balance, enormemente positivo

Alejandro Arroyo | 23 Sep 2015 | 09.00
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Allá por 2010, las grandes figuras del tenis mundial caminaban bajo el manto de preparadores de perfil poco mediático. Murray daba la mano a Miles McLagan, Roger Federer mantenía firme su vínculo con Severin Luthi antes de complementarlo con Paul Annacone, Rafa Nadal era fiel a su tío Toni y Novak Djokovic seguía evolucionando junto a su inseparable Marian Vajda. Todo ello cambió cuando Ivan Lendl, una leyenda del juego, acudía, con tremendo éxito posterior, a la llamada del actual número 3 del mundo.

Fuese o no éste el hecho de que los grandes se rodearán de otros grandes del pasado, la muestra se convirtió en tendencia. A finales de 2013, Federer descolgó el teléfono y sumó a Edberg a su equipo, tras caer en barrena. Por su parte, Djokovic, habiendo perdido la cima de la ATP en favor de Nadal, interpretó que estimular su día a día pasaba por dar pasos en otra dirección. Mover las piezas. Contrató a Boris Becker, un peculiar temperamento que se alimentaba competitivamente en sus años como jugador gracias al reto verbal y la intimidación psicológica. La jugada se contempló con escepticismo, más cuando Novak no pudo revalidar la corona en Melbourne. En su primer torneo juntos, Djokovic caía en cuartos de final ante Stan Wawrinka.

Así, Becker compaginaría con Vajda todo el 2014. La toma de contacto se alargó durante toda aquella temporada, donde eslovaco y alemán compartieron banquillo. Djokovic llegaría a la final en Roland Garros y Wimbledon, con triunfo en este último, recuperando el cetro del circuito a finales de año. Vajda fue allanando el terreno mientras Boris se acostumbraba a las rutinas que Novak traía de serie, observando los espacios que su experiencia pudiera rellenar para seguir haciendo del serbio un tenista dominante. Alargar su momento de plenitud se hizo realidad en 2015. El feeling era evidente.

Nadie discutía al balcánico como el gran dominador en este último lustro, pero en Grand Slam la lectura no era tan incontestable. A mediados de abril de 2015, cuando el número 1 se hizo con el triunfo en Miami, ante Andy Murray, Djokovic se abrió por completo para reconocer y poner en altura sus mejoras con el germano: “Becker ha contribuido a mi mejora mental en los grandes partidos. Hablamos largas horas sobre la manera con la que debo controlar las emociones en la pista y cómo tengo que manejar los pensamientos; enfocarlos para pelear y batallar en ganar estos títulos. Estoy seguro de que él tiene una enorme culpa en mis éxitos”.

Era la perfecta definición del supercoach en un aspecto concreto: la mejora mental en los grandes escenarios. El pasito que separaba a Djokovic del auténtico olimpo. Una estación que Novak ha terminado por conquistar y que le ha colocado en la rampa de lanzamiento hacia cotas legendarias dentro de un estatus que comienza a abrazar su figura como una de las más grandes de la historia de este deporte.

Durante 2015, el traspaso de poderes se ha subrayado por completo. Muchos seguidores se preguntan dónde ha estado Marian Vajda. El eslovaco apenas se ha dejado caer por un puñado de torneos, sin presenciar de cerca a su alumno en las victorias veraniegas de Wimbledon o US Open. Tampoco en Melbourne se dejó ver por las gradas. Únicamente Roland Garros contó con su presencia. Fue Becker quien tomó las riendas, y no lo hizo como mero tecnico.

El ex-número 1 y campeón de seis grandes sumó a su cargo deportivo el papel de portavoz. Entre medias, Boris fue fiel a sí mismo. La vena caliente del alemán no se contuvo pero estuvo lejos de condicionar negativamente el rendimiento de su discípulo. Como un coche escoba, Boris distrajo atenciones en momentos puntuales, buscó cosquillas a su alrededor, cargó ciertas tintas para asumir tensión mediática y dio todas las entrevistas que vio como necesarias al ser el factor mediático dentro del equipo.

Novak descargaba en las espaldas de su coach las atenciones que requería su estrella, mientas Becker se mantenía conectado a lo que siempre le mantuvo vivo; se volvía a sentir dentro de la competición cuando jugueteaba con los altavoces. Ocho Grand Slams después, cuatro títulos y dos finales avalan la relación. Un paso que ha dado la razón a Novak Djokovic.