Un año después de su mejor resultado en Grand Slam, Milos Raonic y Grigor Dimitrov regresan al lugar de los hechos para intentar emular su gran actuación en el pasado Wimbledon. La diferencia es que esta vez una derrota del canadiense y el búlgaro en primera ronda no resultaría sorprendente para nadie. Así de drástica puede llegar a volverse una situación en tan solo doce meses.
Milos Raonic, actual número ocho del mundo, llamado a ser el que eche abajo la fortaleza del ‘BigFour’ e incluso a ocupar, en un futuro no muy lejano, lo más alto del ránking. Estas arriesgadas afirmaciones fueron confirmadas el pasado verano con sus semifinales en el All England Club, olvidadas en este momento tras un 2015 un tanto grisáceo. Empezó el año haciendo final en Brisbane y no se ha vuelto a saber nada de él. Una marca de 2-7 ante raquetas del top-10 y, para rematar, una lesión que le impidió disputar Roland Garros. Ahora, sin tiempo de adaptación en la hierba, deberá presentarse en Wimbledon con unos tristes cuartos de final en Queen’s.

Grigor Dimitrov, número once del mundo, un talento precoz llamado a ser el sustituto de Federer, por formas y por ambición… hasta que la expectativa devoró al jugador. Sin títulos hasta ahora, sin ni siquiera finales y apenas unas semifinales en Brisbane y Estambul, dos ATP 250, como mejores resultados. Resbalones notorios ante hombres como Robredo, Harrison, Sock o Muller en dos ocasiones dieron buena cuenta del nivel del búlgaro, todavía indispuesto para competir con los mejores. A los de arriba no es que no les gane, es que no alcanza la oportunidad de enfrentarse a ellos.
El cuento de la gallina descompuesto una vez más por unos huevos en mal estado. Raonic y Dimitrov, 24 años por cabeza, y un camino muy largo todavía por recorrer. En la temporada de su confirmación, ambos viven asentados en la élite pero ninguno ha sido capaz de dar un paso al frente para asomar la cabeza en la azotea. Los 720 puntos cosechados el curso pasado acechan con cambiar de bando y dejar a nuestros dos protagonistas tiritando lejos del top-10 y es que ni siquiera la llegada de la hierba nos ha dejado ver la mejor versión de estas dos estrellas del futuro.

Del futuro, no tiene otro nombre. De momento parece que todavía falta mucha lluvia por caer para ver a Raonic y Dimitrov jugando las mismas cartas que los Federer, Djokovic o Murray. Su tenis y aptitudes no admiten dudas a ningún aficionado, falta que sepan ponerlas en marcha sobre la pista y olvidarse de la presión que empuja en sus espaldas. La misma que se les presentará en Wimbledon cuando se vean obligados a hilar cinco victorias consecutivas hasta semifinales, una racha que ninguno logró encadenar esta temporada. Reacción o hundimiento, en sus manos está.

