Djokovic solo sabe ganar

El número uno del mundo alargó su racha de victorias en su debut en Miami superando a Klizan con más dificultad de la prevista

El último partido de la jornada en el Miami Open tuvo una emocionante narrativa que contar. Novak Djokovic se mostró irregular ante el respetable con clásico repertorio de golpes a costa de un Martin Klizan que le metió el miedo en el cuerpo apropiándose de la segunda manga (6-0, 5-7, 6-1). En 23 minutos de reloj parecía que el pescado ya estaba vendido con un 'rosco' inicial a favor del serbio, presagiando lo mal que lo iba a pasar su rival hasta que la última bola se quedara en tierra de nadie. Qué equivocados estábamos.

De los grandes, solamente faltaba él por debutar y, pese a que el público tenía ganas de verle cantar victoria, esta vez tambien pudieron obervarle sufrir, hasta que volvió a ponerse el mono de trabajo para amarrar el primer triunfo en su décima participación en Cayo Vizcaíno.

En el primer parcial no hubo color entre sus protagonistas. El eslovaco intentaba desestabilizar con sus latigazos repentinos pero esa estrategia de juego ganaba en caducidad según se alargaba el intercambio. Eso lo sabía Novak, que se dedicaba a devolver cada bomba justo al lugar donde nacían, de manera que acabaran explotando en la trinchera de su oponente.

Fue así como el número 41 del mundo terminó por desquiciarse de tal manera que se fue al descanso con la cuenta a cero y con la cabeza echa un bombo. Aquello que había al otro lado de la red no era normal, era un robot programado para poner cada pelota exactamente en el lugar preciso. Una sensación de impotencia común a los que se suelen topar con este tipo de jugadores únicos en su especie.

En la reanudación, Martin salió dispuesto a repetir la misma escena, solo que esta vez la varita apuntó mejor y consiguió, desde el resto, su primer juego. Paren las rotativas, Novak Djokovic había cedido su saque, ¿cambiaría la tónica del partido? El serbio ni siquiera dio tiempo a imaginarlo. Recuperó su saque y continuó su sendero, con algún que otro susto, hasta colocarse 5-3 con su servicio, provocando que parte del público comenzara a pensar en la vuelta a casa.

Sin embargo esta vez no fue tan sencillo. Al balcánico, como buen robot, le llegó su tiempo de desconexión, viendo como Martin se apuntaba cuatro juegos al hilo y le arrebataba la segunda manga (5-7). Con el cabreo correspondiente por haber dejado pasar tantas oportunidades, el de Belgrado rebuscó en su hoha de ruta y recuperó los automatismo del primer set, vaciando así a su rival hasta una derrota que esquivó el máximo tiempo posible. Justo hasta que el líder de la ATP dijo basta.

"Estoy en el pico de mis habilidades y por fortuna las estoy manteniendo. No me puedo quejar", afirmó el reciente campeón de Indian Wells a su llegada a Florida. Basta con verle sobre la pista, no importa el rival o la superficie, para darse cuenta que ahora mismo no hay nadie en el mundo con los recursos del serbio. Una máquina de ganar a la que se le acaban los rivales competentes. Y lo más importante: tanto en las buenas como en las malas, el serbio siempre tiene la última palabra.

En tercera ronda le espera Steve Darcis, jugador proveniente de la previa, y la pregunta que pulula en el ambiente ya no es '¿quién ganará?' sino: '¿cuántos minutos tardará Djokovic en sumar una nueva víctima?'.

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