Nadal sufre para llegar a la final

Rafael Nadal y Pablo Andújar protagonizaron un duelo apasionante en semifinales. El partido se definió por detalles y tuvo de todo.

Rafael Nadal se clasificó a la final del ATP 500 de Rio de Janeiro tras vencer a Pablo Andújar por 2-6, 6-3 y 7-6 en un partido de infarto. Nadal estuvo contra las cuerdas y no pudo mostrar su mejor versión. Andújar, por su parte, brilló y estuvo a un nivel exquisito durante todo el encuentro pero no le alcanzó para vencer al número uno del mundo que lo gritó casi como el título. Rafa chocará con Dolgopolov en la final.

Dicen que los campeones aparecen en los momentos clave. Que muestran su mejor versión cuando más apretados están. Y hoy Rafael Nadal volvió a demostrar por qué es el más grande en esta faceta.

Andújar empezó sólido. Más enchufado de lo que cualquiera podía imaginar. Salió sin prejuicios a pesar de no haberle podido arrebatar ni un set al actual número uno del mundo en los dos anteriores encuentros.

El conquense tenía que ser valiente si quería poner en aprietos a Nadal. Así fue. Desde el primer tiro arriesgó, tiró fuerte y movió al manacorí. Era el camino para darle un susto o la gran sorpresa.

Rafa no era capaz de conectar primeros saques para empezar con orden y dominio los puntos. Con segundos ya sufría más de la cuenta debido a la agresividad de Andújar. Y de entrada avisó. Le rompió el saque al número uno nada más empezar el partido. Sería la primera de las dos que conseguiría en la primera manga.

Andújar estaba realizando un tenis exquisito. Sólido desde el fondo de la pista, fuerte mentalmente. Concentrado. No se distraía ni al ritmo de ‘Satisfaction’ de los Rolling Stones que sonaba a todo volumen en los cambios de lado.

Rafa no era el Rafa de siempre. El que nos tiene (mal) acostumbrados. Sobre todo a la hora del servicio. El manacorí concedió 6 oportunidades de rotura en todo el set y él solo tuvo chance de quebrar una sola vez. La cual no pudo concretar.

Y una muestra de que Nadal no estaba en plenitud tenística era que sus errores no forzados eran más numerosos que los tiros ganadores, 9 fallos contra 6 winners. Totalmente inusual en sus datos.

Y entra la desconfianza y las malas sensaciones de Nadal se entrometió el tenis exquisito y agresivo de Andújar. El 6-1 y 6-1 que le endosó a Robredo no había sido casualidad. Fue a base de un gran tenis. El mismo que estaba padeciendo Rafa del otro lado de la red. En poco más de media hora, Andújar le clavaba un contundente 6-2 al mejor jugador del planeta.

La incógnita era saber si el partido seguiría el mismo rumbo o cambiaría el comandante. A Nadal ya se le conoce… cuando le hacen daño, saca las garras. Y en el primer juego de la segunda manga dijo basta. Hasta aquí

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Rafa conectó un saque abierto, se fue a la volea, impactó en el aire con efecto liftado y le metió el primer ganador del segundo set. Pegó un grito que sonó en toda la pista central y esto encendió al público. La gente se puso de pie y empezó a corear a favor de Nadal.

El mallorquín enseñó los dientes. El partido iba a coger una nueva dirección.

Y así fue como Nadal empezó a sentirse más cómodo. A poner más bolas dentro a ganar un poco más de pista y a desbordar más a su rival. Hasta que Andújar explotó.

“¿Están ciegos o que, macho? ¡Las que son buenas la cantan malas!” se quejó Andújar. Un juez de línea le jugó una mala pasada. Un error hizo que un punto que tenía ganado, se tuviese que repetir y que finalmente cayera del lado de Rafa. Esto encendió al conquense. Ese error lo tuvo en la cabeza más de lo necesario. Lo justo para desconcentrarlo y sacarlo del guión que venía siguiendo.

Nadal lo aprovechó. Mejoró sus registros y se metió el segundo set en el bolsillo por 6-3.

A todo o nada en el tercero. Rafa venía con impulso y las apuestas iban todas hacia su lado. Excepto las de un hombre con camiseta amarilla y ubicado en puesto 40º del ranking de la ATP que estaba desplegando un tenis primoroso y que no quería bajar los brazos en la tercera manga.

Pero no todo dependía de él. Del otro lado de la red había un tal Rafael Nadal. El mejor jugador de la historia en tierra batida. Ese que no da por perdida ni una pelota.

Y para colmo. Rafa se aprovechó de otro polémico fallo, esta vez del juez de silla, que volvió a desquiciar a Andújar.

“Si el público está gritando…¿cómo me vas a poner un ‘warning’? ¡Eres muy malo!” le tiró el conquense al árbitro cuando, en bola de break a favor de Nadal, le puso una advertencia por violar el tiempo. Perdió ese punto y explotó.

Pero la calentura le duró poco. Porque volvió al partido y le quebró a Nadal automáticamente. 4-4 y el partido era una lotería. Se definiría en detalles.

Y así siguieron hasta el tie break definitivo. No había tregua. Era una batalla abierta. Sin margen de error.

Andújar tuvo dos bolas de partido que Nadal las compitió de la mejor manera posible. Las levantó, las remontó y a la tercera que tuvo a su favor, lo cerró.

Andújar caía con honores en la pista central de Rio de Janeiro. Disputó uno de los mejores partidos de su vida con un tenis de alto vuelo. Un nivel estratosférico el mostrado por el conquense que, aún así, no le alcanzó.

Con la victoria de hoy Rafa Nadal vuelve a ganar una semifinal más sobre tierra batida y van 49 de forma consecutiva. En la final chocará contra el ucraniano Alexandr Dolgopolov al cual ha vencido las cuatro veces, y de manera contundente, que se han enfrentado.

El partido de esta noche volvió a reflejar que para vencer a Nadal no vale con estar jugando de una manera descomunal y rozando la perfección. Hay que estar cien por cien perfecto y esperar que Rafa no lo esté. Hoy no se dieron todas las circunstancias y el número uno del mundo volvió a dejar claro por qué es el mejor.

El billete a la final conseguido con más sudor que nunca.

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