Rafael Nadal sigue haciendo historia. Parece que el tenista balear no tiene límites. Tras una batalla infernal ante Novak Djokovic en semifinales, rindió al 100% para no dar ni una sola opción este domingo a un David Ferrer al que le vino demasiado grande estar en su primer final de Grand Slam. Con esta victoria, el actual número cuatro del mundo -a partir de mañana el quinto jugador del ranking- consigue su octavo Roland Garros y su duodécimo grande. Una nueva hazaña que sigue agrandando su leyenda.
Una fina llovizna abría la segunda final de Grand Slam del año. Sobre la arcilla parisina de Roland Garros, se encontraban frente a frente dos tenistas españoles. Primera final de un grande entre dos tenistas del mismo país desde que en esa misma pista se enfrentaron en 2004 los argentinos Guillermo Coria y Gastón Gaudio. En esta ocasión, no se repitió el dramatismo que rodeó a ese auténtico partido, lleno de drama, bolas de partido erradas y calambres. En el día de hoy, Rafael Nadal, el hombre que perseguía la leyenda, no estaba para bromas.

David Ferrer, que a los 31 años disputaba su primera final de Grand Slam, encaró la final como un regalo. Quizá un planteamiento equivocado, un pensamiento conformista que no le permitió hacer frente a un Rafael Nadal que arrancó el partido por el título de forma lenta y pausada, para convertirse poco a poco en un martillo pilón que acabó destrozando al alicantino en el segundo set. Precisamente el pupilo de Javier Piles disputó su mejor tenis en el segundo parcial. Estando abajo en el marcador y sin nada que perder, estuvo cerca de igualar la contienda en ese acto, pero finalmente el balear supo amarrar la manga y encarrilar el encuentro.
La final, desgraciadamente, no ha sido demasiado disputada. Un tenista encaminado hacia la leyenda no ha dado opción a un bravo tenista que no pudo dar lo mejor de sí en el partido más importante de su carrera. A pesar de ello, el tenista de Jávea merece un aplauso. Por su tenacidad y su afán de superación. Por ser un top-5 sólido capaz de situarse en el segundo escalón del tenis mundial, solo por detrás de tres tenistas eternos -Djokovic, Federer y el propio Nadal- y de uno que quizá pueda serlo como es el caso de Andy Murray.
Del rey de la tierra batida se acaban los calificativos. Nadie había conseguido ganar ocho torneos en un mismo evento de Grand Slam desde que se abrieron a los tenistas extranjeros, y Rafael Nadal lo ha conseguido. Ocho entorchados de Roland Garros. 59 victorias y una sola derrota. Una verdadera tiranía que no ha estado al alcance de absolutamente nadie en la historia del tenis. El dominio de este tenista sobre el polvo de ladrillo le convierte automáticamente en una leyenda, no solo de la pelota amarilla, sino del deporte en general.

Hoy no hizo su mejor tenis, pero es que realmente ante la mayoría de los rivales no lo necesita. Su nivel medio sobre arcilla es tan bueno, que puede desarbolar a cualquier tenista. Ante Novak Djokovic, se vio al gran campeón arrinconado, a escasos puntos de perder. Salió vivo de esa durísima prueba, y en el día de hoy se ha visto al Rafael Nadal imperial, a ese que no deja ningún resquicio al oponente, que domina de principio a fin. Una vez más, Rafael Nadal es el rey de Roland Garros.

