Andrey Rublev y la habitación del pánico

Alejado de la consistencia que siempre le ha caracterizado, el ruso saldrá del top-10 por vez primera en muchos meses. ¿Qué le está ocurriendo?

Andrey Rublev. Fuente: Getty
Andrey Rublev. Fuente: Getty

Si hay un nombre reconocible dentro de la élite del circuito ATP en los últimos años, ese es el de Andrey Rublev. Digo lo de reconocible por su consistencia, igualada por muy pocos jugadores y una cualidad que merece muchos halagos en el tenis actual, en el que las jóvenes promesas pierden en primera ronda ante jugadores inferiores sin que nadie arquee una ceja. Precisamente el ruso se desmarcaba del resto por eso: era muy difícil verle perder ante jugadores de peor ranking, los torneos 'menores' (ATP 250 y ATP 500) eran su particular coto de caza y su evolución parecía bastante orgánica, subiendo escalones con pasos lentos pero firmes. Sin embargo, parece que dicho crecimiento ha experimentado un parón, un parón que empuja a Rublev a un lugar en el que nadie quiere estar: la habitación del pánico.

No existe físicamente, pero sí mentalmente. No hay mayores barrotes que aquellos que residen en tu cabeza, y los demonios internos ahora visitan a Andrey en prácticamente cada encuentro. De hecho, quizás salir del top-10 no sea una circunstancia tan reseñable como para echarnos las manos a la cabeza: lo que sí preocupa y mucho son las constantes muestras de frustración del ruso en cada partido. Por mucho que haya sido un asunto a tratar a lo largo de toda su carrera, ahora no importa el rival, la pista ni el torneo: es cada vez más habitual ver al de Moscú llevarse la raqueta a la boca, mirar con cara de pocos amigos a su banquillo, amagar con destrozar la propia raqueta o golpearse físicamente (siendo éste, sin duda, el gesto más preocupante de todos).

Y todo ello, claro, se reproduce en su tenis, que ha perdido la tranquilidad y la agresividad controlada que su plan A hacía gala ante jugadores inferiores. Ahora Andrey puede tener tramos de acierto en los que besa las líneas, pero un mínimo bajón debido a una circunstancia puntual parece abocarle al botón de autodestrucción. ¿Qué circunstancias han llevado a este bache en su tenis? No parece díficil apuntar a las obvias circunstancias que han rodeado a Wimbledon: desde que Andrey firmase aquel gesto "por la paz" en el torneo de Dubai ha sido el blanco de muchas declaraciones cruzadas con respecto a la invasión rusa de Ucrania. Él mismo se ofreció a liderar diversas soluciones con el fin de evitar el veto a los rusos, propuestas que quedaron sin respuesta y que "forzaron" a Rublev a tomarse un parón veraniego durante la gira de hierba.

LEJOS DE SU NIVEL EN SU HÁBITAT NATURAL

Quizás afectado por todo lo extradeportivo, su carácter temperamental no le ha ayudado a recuperar la calma y el poso dentro de la pista. Al contario, ha exacerbado esos momentos de frustración, que se vuelven constantes tras cada derrota. A lo largo de este verano, Rublev ha caído ante Sebastián Baez, Francisco Cerúndolo, Yoshihito Nishioka, Daniel Evans y, por último, Taylor Fritz. ¿Qué tienen en común? Todos ellos son jugadores de ranking inferior al soviético. Sin importar si es en arcilla o en pista dura, Andrey ha sido incapaz de mantener un nivel regular ante jugadores que ya le han perdido el respeto, que le miran sin tener en cuenta su condición de top-10.

Una condición, claro, que perderá a partir de esta semana. Una aficionada al ruso compartía una conversación con Fernando Vicente, su entrenador, en redes sociales: afirmaba Fer que Andrey está trabajando desde hace semanas con un "coach mental", una persona que intenta calmar esas voces en su cabeza. Esto implica que el propio Rublev es consciente de los problemas en los que está envuelto, y que han abierto un proceso de 'recuperación' que se antoja aún largo y tranquilo. El ruso solo volverá a ser él mismo de la misma forma que abordó la élite mundial: sin hacer demasiado ruido, yendo grano a grano, como una pequeña abeja que busca competir con las reinas de la colmena. El proceso solo ha hecho más que comenzar, pero Rublev tiene un gran objetivo: salir de la habitación del pánico. Solo eso le permitirá alcanzar cotas nuevas en una carrera todavía muy larga.

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