David Goffin, el top ten silencioso

El de Lieja entra por fin en la lista de los diez mejores, sin hacer ruido, con un perfil tímido y humilde pero que trae a Bélgica gloria tras Henin y Clijsters.

Rubén Pérez Serrano | 20 Feb 2017 | 19.00
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Bélgica ha vivido en los últimos años un proceso contrario al experimentado por España por ejemplo. El tenis masculino ha sqlido a rescatar al femenino. Tras el final de una época gloriosa con dos jugadores excepcionales como Justine Henin y Kim Clijsters, el tenis belga se ha encomendado a un tenista de perfil silencioso, sin estridencias, sin bombos ni platillos pero que como una hormiguita ha ido trabajando incansable hasta llegar al club de los 10 mejores tenistas del mundo. Esa hormiguita atiende al nombre de David Goffin. Logró en 2015 meter a Bélgica en su primera final de Copa Davis y en 2017 se convierte en el primer tenista masculino de su país en ingresar en la lista de los top ten.

Con 26 años, el 'pequeño' tenista de Lieja ha conseguido todo un logro para un 'pequeño' país que sin embargo en tenis no había sido precisamente pequeño en el siglo XXI. El dúo formado por Justine Henin y Kim Cijsters pusieron literalmente a Bélgica en el mapa tenístico con sus triunfos, sus Grand Slams y sus números uno del mundo. Una nación que pasó a estar muy orgullosa de su tenis femenino pero no tanto de su tenis masculino. Buenos jugadores como Xavier Malisse o los hermanos Rochus pero lejos de la excelencia de las féminas. ¿Desaparecería Bélgica de la primera escena del tenis mundial tras Henin y Clijsters? Todo parecía indicar que sí.

El recambio sin embargo apareció y lo hizo al hilo. En 2011 ese maravilloso revés a una mano de Henin abandonaba el circuito definitivamente. En 2012, era la pegada y carácter de Clijsters el que profería usu particular adiós sin vuelta atrás del tenis. Entre medias de la retirada de ambas diosas del tenis belga, irrumpía un jugador que sin estridencias iba a pegar un sonoro golpe en Roland Garros.

Goffin no había experimentado la típica explosión de un tenista llamado a hacer cosas grandes en el tenis. Su carrera júnior no había llamado la atención del gran público si bien tocó el top ten de esa clasificación. Pero el verdadero escenario y casi balanza donde se mide la valía de un júnior, los Grand Slams, no había sido satisfactorio para el belga. Apenas un partido ganó en esos torneos David. Su evolución fue lenta, silenciosa. El de Lieja quería golpear sin avisar. Y así fue. En aquel Roland Garros de 2012 había cedido en la fase previa. Pero la baja de última hora de un ídolo allí como Gaël Monfils le dio la opción de entrar como 'lucky loser'. No dejó pasar aquel tren y cargándose rivales, arribó a los octavos de final donde caería eliminado por Roger Federer en cuatro mangas. Antes de esa participación, Goffin no había hecho una sola aparición en un cuadro final de Grand Slam. De la nada, el belga se había puesto en órbita.

Tras esa irrupción, Goffin volvió al silencio y casi al anonimato. Tras Wimbledon 2012, encajaría siete derrotas en primera ronda seguidas en 'majors'. El belga se desvanecía. La gesta de Roland Garros había sido casi olvidada ya. Y entonces vino el 'click' tras el Wimbledon de 2014. Goffin ganó al hilo cuatro torneos seguidos, los tres primeros de categoría Challenger y el último, su primer ATP en la tierra batida de Kitzbühel. De nuevo de la nada, aparecía para remover los cimientos. Ese sería el comienzo definitivo Goffin, el que le acabaría conduciendo hasta la posición en la que estoy en día, la número diez del mundo.

Su 2015 fue bueno, progresó sin demasiada espectacularidad, pero al menos progresó, en un claro movimiento que evidenciaba que el belga esta vez sí iba en serio. Ya en 2016, David destapaba el tarro de las esencias con dos semis seguidas en Indian Wells y Miami, cuartos en Roland Garros y dos octavos más de 'major'. Y en 2017, lo que ya conocemos. Cuartos de final en Australia, dos finales seguidas en Sofía y Rotterdam y entrada en el top 10. Primer tenista masculino de su país en lograrlo.

¿Pero cuáles son las expectativas que uno puede generarse en estos momentos sobre el de Lieja?

Goffin ha demostrado ser un tenista de rachas, no de rachas aisladas y que se reducen a un torneo, pero sí a una parte de la temporada. Capaz de ganar cuatro torneos seguidos, de alcanzar dos semis seguidas en los dos primeros Masters 1000 y ahora de hacer otras dos finales al hilo. Sin embargo, su capacidad ganadora, en cuanto a títulos, queda en entredicho. Curiosamente ganó las dos primeras que disputó en aquel maravilloso verano-otoño de 2014. Las seis siguientes por contra, las ha perdido. Ha enfrentado rivales duros pero alguno más ganable como Nicolas Mahut. Esa frialdad y ese temple que posee parecen ser fantásticos para el día a día, el ronda a ronda. Pero en instancias calientes, decisivas, Goffin se arruga y se ve superado ante el mayor ímpetu de otros con más determinación y arrojo.

Su versatilidad, su adaptabilidad a cualquier superficie (ha hecho finales en todos los suelos) y su espíritu callado, humilde y silencioso parecen mimbres muy sólidos y sobre los que se puede confiar. Defiende una auténtica pared de puntos en el mes de marzo con las semis de Indian Wells y Miami. Es más que posible que salga rápidamente del top ten. Lo normal es que no tarde en volver. El reto que se le plantea y el que debería exigírsele es el de dar un pasito al frente y empezar a ser mejor en las finales. El top ten está muy bien y es un reconocimiento a una gran regularidad y a muchas victorias. Pero alguien con su tenis y su entereza necesita más títulos. Necesita ser menos silencioso y causar más estridencia. Esperemos que no sea pedirle demasiado porque es un tenista sobresaliente. Y un modelo de tenista y de persona que hace muy bien a este deporte.