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"Carta a mi yo futuro", por Milos Raonic

El canadiense ha escrito de su puño y letra una sincera e imperdible carta para el futuro en la que pone el esfuerzo y la ambición por encima de sus resultados.

Milos Raonic es el último contribuyente a la columna de The Players Tribune en la que el canadiense ha plasmado mediante una carta todos sus pensamientos sobre su carrera, sobre cómo ha evolucionado desde pequeño y cuáles son sus ambiciones y miedos. Una misiva a su él del futuro en la que se sincera sobre lo que debe articular su vida tenística, por encima de resultados y esa búsqueda del número 1 que para otro grande como Andre Agassi, era lo único que podía conseguirse y más allá de eso, la mediocridad. Un viaje a los pensamientos de Milos Raonic.

Querido Milos,

Estoy seguro de que lo has olvidado ya, pero existe una vieja historia de Andre Agassi que quiero recordarte. Andre no era precisamente tu jugador favorito cuando eras pequeño - eras de Sampras - pero por alguna razón he estado pensando sobre ello mucho últimamente.

Temprano en la carrera de Andre, a finales de los 80 creo, cuando él era un prodigio pero no aún una superestrella. Todavía estaba subiendo la escalera-acababa de alcanzar el número 3 del mundo-. Aún seguía luciendo sus mechones rubios, aunque esto no venga al caso.

Un periodista entrevistaba a Andre después de un partido. Acababa de ganar y estaba saliendo de la pista. "¿Qué se siente al ser número 3?", preguntó el periodista. "No soporto la mediocridad", respondió Andre.

Mediocridad.

Eso es lo que él sentía. No estaba agradecido. No estaba aliviado - incluso después de pasar una infancia en la que se le había tildado como el siguiente grande del tenis.

No, nada de eso.

Andre era número tres del mundo. Y él se sentía... mediocre.

Andre era número tres del mundo - un lugar que incluía leyendas de este deporte como Pete e Ivan Lendl.

Y aún así no era lo suficientemente bueno. Ni siquiera cerca de serlo. Para un jugador del calibre de Andre, había que ser número uno... y nada más. Estaba la cima de la montaña y había algunos que intentaban escalarla. Andre sabía cuál era su objetivo y sabía que cualquier posición en el ranking entre donde él estaba y lo que él quería, tanto si era estar número 2 como número 202, era simplemente eso. Entre medias. En el medio. Mediocre.

¿Una locura, no?

Y esto no es ni siquiera lo más descabellado.

Lo más sorprendente es que, en este punto de mi vida, me puedo ver totalmente reflejado en lo que él tuvo que atravesar.

Escribo esto con 26 años y soy el cuarto jugador del ranking ATP en individuales. ¿Suena bien, verdad?

Imagina que te dijera que, volviendo a cuando tú tienes 16 años y estás entrenando con una máquina de bolas en un club público de tenis en Ontario, ibas a ser algún día el cuarto del ranking. Estarías en la luna. Número 4, ¿del mundo?

Hace más de 10 años, yo era un chico que se levantaba temprano antes del colegio para entrenar en un club en Richmond Hill. Había firmado una carta para asistir a Virginia con una beca de tenis. Había empaquetado todas mis cosas y estaba listo para ir.

Pero entonces... no lo hice. ¿Recuerdas por qué?

Quería ser un jugador del top 50 de la ATP.

Sí, así era. Top 50. Perdón, ¿qué esperabas? ¿Ser número uno? Quizá seas demasiado mayor para recordar esto ahora, pero es verdad. Conoces todos esos viejos perfiles de Sport Illustrated que leías, donde un deportista decía, "desde el día que nací, mi objetivo era ser el mejor del mundo". ¿Algo así? Si, bueno, ese no eras tú. Tú eras simplemente un chico normal, Milos. Tú eras simplemente un chico que jugaba tenis en el instituto en Canadá, un país que nunca había producido ningún finalista en un Grand Slam.

Pero después averiguas, con 16 o 17 años, que podías tener la ocasión de ser alguien jodidamente bueno en el tenis. Suficientemente bueno para ser profesional, de hecho. Y cuando lo estás visualizando... visualizando ser profesional cuando eres un adolescente, visualizando lo que podría ser un carrera de ensueño, visualizando el tipo de carrera por el que merecía la pena dejar la universidad... estás visualizando el ranking más alto que te podrías imaginar.

Top 50.

Eso no quiere decir que no seas ambicioso. Tú eras extremadamente ambicioso, lo suficientemente ambicioso para renunciar a una de las más prestigiosas universidades de Estados Unidos y lo suficientemente ambicioso para apostarlo todo a ti mismo para convertirte en profesional.

Top 50. Esto, para ti, un Milos de 16 años, habría sido una vida satisfactoria.

Y ahora tienes 26 años y eres número 4 del mundo.

Lo que sugiere una pregunta. Milos... ¿quién eres tú? ¿Es la tuya una apasionante historia de éxito, que voló a través de sus más fuertes sueños de niñez hasta el momento en el que tenías 21 años? ¿O eres lo que Andre Agassi describió cuando él estaba una posición más arriba que tú en el ranking hoy? ¿Eres mediocre?

La respuesta corta, por supuesto, depende de la perspectiva que se tenga. Una perspectiva en la que ojalá puedas ganar más y más a cada año que pase.

La respuesta larga es... aguanta, Milos: Eres demasiado mayor para recordar lo que es FOMO? Ya sabes, el temor a perderse (fear of missing out, en inglés).

Te escribo desde 2017, desde una sociedad obsesionada con el FOMO. Comprueba Instagram... moviéndote a través de las fotos de tus amigos de ese fin de semana en Coachella que tú no pudiste hacer... echando una ojeada y viendo un 'ganador de Grand Slam' próximo. Creamos todas esas ideas sobre a donde irán nuestras vidas... sobre las experiencias que tenemos, o sobre las que están teniendo otras personas. Estamos absorbidos por estas ideas y dejamos que nos consuman, incluso cuando la realidad no va necesariamente por ahí. Cualquiera que haya echado un vistazo a una panorámica de la vida de alguien y piense, parece que mola, ha sufrido un caso de FOMO. Y para veinteañeros, que solo tratan de averiguar cómo quieren que sean sus vidas, el FOMO puede ser realmente duradero.

Estoy en una encrucijada en mi carrera, habiendo cumplido con mis objetivos originales en el tenis, mientras estoy lejos de los logros de mis ídolos... y me encuentro aprendiendo a procesaar versiones del FOMO en dos direcciones independientes.

Algunas veces me pregunto si, por centrarme en mi objetivo, ¿no estaré dejando que el mundo me sobrepase? ¿O es conseguir mi objetivo, a través de la auténtica persistencia y deseo, lo que compensa los sacrificios que tengo que hacer?

Mi mayor fobia en este momento de mi vida es la posibilidad de que algún día eche la mirada atrás y sienta que no era consciente de todo mi potencial como jugador. Así no conseguí ser número 1. Así no gané varios Grand Slams.

Así me perdí.

Conoces la respuesta definitiva a esta pregunta, pero yo no.

No hace tanto, era el chico que estaba renunciando a la oportunidad de aprender en una de las mejores escuelas de negocios de Norteamérica, por una locura de sueño, irrumpir en el top 50.

Cada paso en los rankings ATP, era algo nuevo que aprendía.

Aprendí que, cuando estoy entrenando, respondo mejor al aislamiento y a la incomodidad.

¿Recuerdas esas dos pretemporadas en Barcelona en 2011 y en 2012, viviendo por ti mismo en una habitación de residencia universitaria cerca de la universidad? No estabas rodeado por otros jugadores o entrenadores, o por la constante charla sobre los rankings. Estabas simplemente tú y tu juego y nada más sobre tus hombros.

Te encantaba Barcelona, incluso si la cultura de la noche no encajaba con tu horario de entrenamiento. Habías estado siempre el primero para llegar a la cena en el restaurante, la cual empezaba a las 9, como muy pronto. Comías solo, y después caminabas hasta casa, solo, justo cuando cualquier otro estaba saliendo a la calle para empezar su noche.

Aprendiste mucho.

Cuando subías la escalera, confiabas en tus fortalezas. Tu complexión atlética y tu servicio eran tu pan de cada día. Viajabas por todo el mundo con entrenadores específicos en sus academias. Contrataste a John McEnroe para que te ayudara a competir en la hierba de Wimbledon, y te ayudó a llegar a la final de Wimbledon 2016.

Y ahora eres el número 4.

Estás tan cerca, aunque parece tan lejos, los pasos son más altos y la luz es mucho más brillante. Y esto te está poniendo más nervioso. De repente, el camino desde el número 4 al número 1 se siente más largo que cualquier otro camino que hubieras tomado nunca. Estás luchando por aprender cómo relajarte sin caer en el miedo al fallo. Al final del año pasado contrataste a Richard Krajicek para reforzar tu juego de ataque con el fin de ganar a los jugadores que estaban situados por encima de ti.

Todos esos años hasta ahora, espero que no hayas olvidado cuánto has aprovechado la escalada, desde estar sin ranking a irrumpir en el top 50 y hasta ahora.

Incluso si nunca alcanzaste el número 1, tengo fe en que continuarías haciendo todo tan meticulosamente como lo estás haciendo ahora. No importa lo que acabases haciendo después del tenis, espero que encontrases algo que conecte tu pasión y tu espíritu competitivo. Hay una cita de Steve Jobs, que he estado leyendo a menudo últimamente, la cual espero que la guardes contigo: Si hoy fuera el último día de mi vida", decía, ¿querría hacer lo que iba a hacer hoy? Y siempre que la respuesta no haya sido durante muchos días seguidos, sé que necesito cambiar algo".

¿Recuerdas cuánto soñabas con entrar en diferentes empresas cuando te retiraras? Espero que exploraras eso. Espero que volvieras al colegio, en un intento por refinar todos esos profundos pensamientos que habías tenido siempre, si solo fueran menos caóticos. Espero que siguieras explorando: Tú creciste en una casa donde no había una tonelada de arte y música, pero en los últimos 18 meses más o menos, esos dos campos te habían empezado a inspirar. Pasando el tiempo con Jeff Elrod en su estudio en Nueva York, y escuchando a la esposa de John, la músico Patty Smyth, estaban dos de las mejores cosas que hiciste el pasado año.

Admitiré que me duele pensar sobre lo que sentiría si no consigo mi objetivo. Pero mi carrera tenística es lo que me ha aportado el significado para continuar mi profunda curiosidad sin miedo al fallo o a la ruina financiera. Es una bendición.

Justo ahora, tú eres número 4 del mundo. Me pregunto cómo a u edad de mayor, te puedes sentir. Me pregunto qué es lo que pasará en el futuro. Me pregunto si escalaré los últimos tres pasos hasta el número uno. Hay muchas cosas que no puedo controlar. Imagino que esto es por lo que soy tan meticuloso con las cosas que hago, mi ética del trabajo, mi persistencia, mi energía.

No sé qué es lo siguiente que vendrá. Solo espero que cuando tú leas esto, puedas decirte a ti mismo, "yo dí cada paso que pensé correcto, en ese momento".

Si puedes decirte eso, estarás satisfecho, Milos.

Si hiciste esto, todo el respeto para Andre, tu vida habrá sido bastante más que mediocre.

Lo mejor, Milos Raonic