Bautista tira de épica para noquear a Schwartzman en Toronto

El castellonense salvó tres bolas de partido y rompió el saque de Diego cuando sacaba para partido en un encuentro con tintes absolutamente heroicos.

Roberto Bautista pelea una bola en el partido de hoy. Fuente: Getty
Roberto Bautista pelea una bola en el partido de hoy. Fuente: Getty

Tenacidad, corazón y fé. Roberto Bautista, incluso en sus momentos de mayor irregularidad, sigue mostrando que es el vivo ejemplo de estos valores. El castellonense vuelve a los cuartos de final de un gran torneo tras tumbar en el ATP Toronto 2021 a Diego Schwartzman en un duelo épico: salvó tres bolas de partido cuando el Peque sacaba para cerrarlo y concretó un nuevo break para evitar la agonía del tie-break (6-3, 3-6, 7-5). Casi empujado por el cansancio, Rober perfeccionó los paralelos en un tramo final de partido de película.

Primer set

Cuando uno presencia un partido entre dos grandes contragolpeadores desde el fondo de la pista sabe plenamente qué esperar. En el primer parcial el nivel de tenis no fue demasiado alto, en particular porque Schwartzman no terminaba por encontrarse cómodo. Pasivo, sin variar demasiado su tenis y sin encontrar el punto dulce con el revés, el argentino claudicaba ante la solidez de un Bautista que no mostraba una versión especialmente brillante, pero más que suficiente para dominar y no desgastarse demasiado.

Segundo set

Lo cerró sin demasiados problemas y parecía que la dinámica del partido estaba muy lejos de ser cambiada. Más aún, claro, cuando Schwartzman se ponía con break por delante al inicio del segundo parcial... únicamente para perderlo justo después. Eso sí, ambos tenistas empezaban a entrar en ebullición, en especial el tenista albiceleste, que por fin empezó a encontrar la derecha y que con eso empujó a Rober al fondo de la pista. Diego encontró la capacidad de enjaular a Bautista en el lado del revés para darle el remate final con su drive: abrir pista para cerrar con la bola fácil.

Así, Schwartzman consiguió ahora sí mantener la rotura conseguida para esprintar hasta el final y cerrar el segundo set. Nos encaminábamos al parcial decisivo y, eso sí, no existía la sensación de que ambos jugadores hubiesen aún mostrado su 100%. El partido iba por rachas... pero el set decisivo no iba a ser como nada de lo que habíamos visto antes.

Tercer set

Toma y daca constante. Desde el primer juego. El Peque, por fin, había encontrado las sensaciones con su revés: lanzaba los paralelos para cambiar los patrones de los intercambios, había reactivado claramente su intensidad de piernas, igualaba el desgaste de Bautista con facilidad. Así, fue el primero en conseguir una rotura que, parecía, le lanzaba directamente hacia la línea de meta. La contrarotura de Bautista para empatar a tres, además, se vio acompañada del que parecía el último mazazo psicológico: un nuevo break de Schwartzman que le ponía con 5-3 en el marcador.

Roberto parecía muerto físicamente... pero fue ahí donde emergió el león que no da una bola por perdida. Sin un saque demoledor, que no le acompañó a la hora de cerrar el duelo, Schwartzman iba a tener que maniobrar hasta dejar la última gota de sudor para cerrar el partido. Con 5-4 y saque, el argentino dispuso de hasta tres bolas de partido. Fueron tres puntos cortados por el mismo patrón: presión brutal de Bautista desde el fondo, sin buscar las líneas pero sí la profundidad, que hizo dudar a un Peque al que se le arrugó, en cierto modo, la mano.

Y, claro: cuando salvas tres bolas de partido y tienes tu primera oportunidad al resto... la cazas. Y, cuando en el juego posterior, salvas otra bola de break y recuperas la ventaja con 6-5 a tu favor... toda la inercia psicológica juega a tu favor. Bautista ya había recogido sus flotadores de oxígeno y el último juego fue una absoluta demostración de bravura y valentía: todos los puntos importantes llevaron su sello, con reveses cruzados planos y punzantes que le permitían desbancar a Schwartzman y derechas paralelas precisas que cerraban cada punto, también el de partido.

En definitiva, uno de esos partidos que reivindica la figura de un tenista que nunca hace demasiado ruido, que no es estridente, pero que saca adelante encuentros con el corazón, la casta y el coraje. Un partido de poder a poder, disfrutable hasta el último punto, del que Bautista puede irse contento: es, quizás, la victoria que necesitaba para recuperar la confianza en su tenis tras un tramo de temporada en la que se ha mostrado bastante dubitativo. Próximo escollo, Reilly Opelka... y a soñar.

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