Aravane Rezai: "El Camino de Santiago me salvó la vida"

Campeona en Madrid hace una década, Aravane Rezai explica su desgarradora historia en exclusiva para Puntodebreak. "Soy una nueva persona"

Aravane Rezai en Roland Garros 2010. Fuente: Getty
Aravane Rezai en Roland Garros 2010. Fuente: Getty

Aravane Rezaï (Saint-Ettiene, Francia, 14 de marzo de 1987) reinó en la WTA hace mucho tiempo. Conquistó el Mutua Madrid Open en 2010 y se destapó como una jugadora capaz de ganar a cualquiera. Luchadora, con golpes planos y fuertes y toda una carrera por delante. Tenía 23 años y reclamaba su sitio. La realidad, tiempo después, es bien distinta. Aquella Aravane, que dejó boquiabierta al público madrileño, escondía detrás de la pista una historia que te rompe por dentro. Conforme la relata, no puedo dejar de oírla, de compartir su dolor y entender la realidad de su carrera.

Después de aquel torneo, diez años atrás, la gente dejó de saber sobre Rezaï. Trató de volver a las canchas en 2015, pero antes necesitaba volver a ser ella misma. Esta no es una entrevista más; es una historia de superación, de encontrar la felicidad y de demostrar que, a fin de cuentas, el tenis es solo un deporte. Y, por suerte, es una historia que mira al futuro con un optimismo renovado. Esta es la historia de Aravane Rezaï, contada por ella misma.

CN: ¿Por qué empezaste a jugar al tenis? ¿Qué te motivó a ello?

AR: Mi hermano mayor jugaba al tenis con mi padre como entrenador. Cuando tenía 5 años ya estaba en pista, llevando las bolas y practicando algunas derechas y reveses. Mi padre se dio cuenta de que tenía potencial, de que estaba mostrando buena técnica. Cuando eres una niña pequeña quieres impresionar a tu padre, y por eso quería ser mejor que mi hermano y mejor que nadie. Desde los seis a los diez años fui la mejor de mi edad y mi padre empezó a empujarme hacia la carrera profesional. Mi padre nunca fue jugador de tenis. Cogió el “virus” del tenis cuando vio a Yannick Noah ganar Roland Garros. En ese momento dijo: “uno de mis hijos será un campeón”. No había nacido aún, pero se puede decir que mi vida ya estaba determinada.

Sigamos con tu progreso, desde esos inicios hasta la llegada al tenis profesional.

Mi padre se fijaba mucho en Agassi y su juego. Podría decirse que mi juego se construyó en base a él. Agassi tiene antepasados iraníes, como yo, así que mi padre vio algo que en él. Cuando tenía 13 años empecé a estudiar en casa, dejé de ir a la escuela. Entrenaba ocho horas al día. Mi familia no tenía mucho dinero, era la persona que podía “salvar” a mi padre y a mi madre.

No sé si lo recuerdas, pero hubo un rumor sobre un viaje a Australia en caravana. Evidentemente eso es imposible, pero aquella sería una época dura para ti.

Viajamos en esa caravana durante dos o tres años. Iba a los torneos ITF y dormía allí porque sencillamente no tenía dinero para dormir en los hoteles. Sentía la necesidad de llegar al top-100 pronto para que no perdiésemos más dinero. Cada vez que iba a un torneo, iba a ganarlo.

Esa era la única mentalidad posible. Ganar sí o sí el torneo.

Claro. Es que, si no, ¡no podíamos volver! Me acuerdo de que, para comprar esa caravana, vendía flores junto a mi hermano. Con el dinero que ganamos, la compramos. Muchas de mis compañeras tenían padres que podían invertir en sus carreras, pagar por un entrenador. Probablemente fuese la única en esta situación. Fue un milagro que llegase al top-20. Pensaba que tenía que trabajar más duro que nadie para ganar aquellos torneos. Ocho horas al día. No recuerdo disfrutar ningún cumpleaños, ninguna Navidad… nunca celebré mi cumpleaños. Ese día, el día de mi cumpleaños, estaba en la pista.

Wow. Lo importante es que, al final, lo conseguiste. 2005, Roland Garros. Llegaste a segunda ronda y perdiste ante Sharapova. Después de trabajar toda tu vida para ello, ¿qué sensación experimentaste en tu primer Grand Slam?

Aquel año gané el Campeonato de Francia junior y la Federación me dio una invitación con 17 años. Solo estaba empezando. En ese momento, deberías sentir que has alcanzado algo, pero para mí era normal porque sabía que ahí era donde tenía que estar. De hecho, en todo caso, iba tarde. Mira dónde estaba Sharapova con mi misma edad. Aquello era otro paso adelante, una forma de decir ‘ya estoy en las grandes ligas’.

Aquel año aún estabas recorriendo el circuito en caravana, familiarizándote con el escalón más bajo del tenis.

Fueron los momentos más duros de mi carrera, pero era una chica que quería ganar. Estaba lista para todo, aunque peleaba por sobrevivir. Cuando empecé a ganar partidos y torneos (25K, 50K, 75K) aumenté mi confianza. No tenía dudas de que iba a llegar arriba, porque sabía que había trabajado durísimo para eso.

Al cabo de un año juegas la previa de Roland Garros, 2006.

Jugué la previa porque la Federación Francesa no me dio una invitación. Tuve un problema con ellos, no seguía sus reglas. Me obligaban a entrenar en la Federación y yo no quería, estaba bien con mi padre. No me ayudaron y algunas jugadoras francesas a las que gané estaban celosas y se quejaban. Aquel año fui la primera tenista francesa en mucho tiempo en llegar tan lejos desde la fase previa, ya que muchas de estas chicas acceden a través de las wildcards.

Supongo que sería un año de acostumbrarse al circuito WTA, jugando por primera vez muchos grandes torneos.

No sabía que los torneos Mandatory (obligatorios) existían. Yo pensaba: “vale, voy a jugar Roland Garros y a partir de ahí veremos”. No sabía que estaban Indian Wells o Miami (risas). Aprendí mucho ese año, todo parecía nuevo. Por ejemplo, apenas había jugado en hierba; llegué a Wimbledon sin zapatos para jugar en hierba. ¡No lo sabía! Cuando llegué al Us Open ya estaba dentro del top-100 y alcancé los octavos.

Tu mejor resultado allí, si no me equivoco.

Es curioso porque dos semanas antes de aquel torneo no podía sacar. Literalmente. Pero tenía 18 años y me di la oportunidad. Ir a América, con tu hermano… era esa niña viviendo mi sueño. Sentía que todo era grande, pero no inmenso. Lejano, pero no inalcanzable.

Pero tu primer gran torneo llega en Estambul en 2007, donde llegaste a tu primera final tras ganar a Venus Williams y Sharapova. Teniendo en cuenta tus raíces persas, supongo que te sentirías como en casa. ¿Qué recuerdas de aquel torneo?

Me sentí como en casa, sí. La gente me trató como si fuese de su familia. Hay una gran comunidad iraní allí. Seis meses antes de aquel torneo, perdí contra Venus en un torneo en Estados Unidos, no recuerdo el nombre de la ciudad.

Fue en Florida. Te ganó 6-1 y 6-2.

Me dio una lección (risas). Es que aquel año, 2006, acabé en el top-40 por primera vez después de jugar bien en los grandes torneos. Un año después, me estaba enfrentando a jugadoras top-10 en cada cuadro, cada semana. Pasé de ser prácticamente una jugadora amateur, a enfrentarme a las mejores en muy poco tiempo. Perdí muchos partidos. Así que cuando jugué ante Venus de nuevo, no me impresionaba. Había perdido demasiadas veces ante jugadoras como ella (risas). En la final me lesioné en el hombro ante Dementieva.

De aquella lesión te costó recuperarte y en 2008 tuviste resultados más normales.

Todo era un proceso de aprendizaje. Las jugadoras de mi generación llegaron a la cima muy pronto. Golovin, Martina Hingis, Sharapova. Llegaron al top-10 con, qué, ¿17 años? Yo era top-40 con 18 años y sentía que llegaba tarde.

Curioso que pensaras aquello. Hoy día, algunos jugadores ganan su primer gran título en la treintena.

Depende de la generación. No se puede comparar a la actual. Si te soy honesta, creo que mi generación era más dura que la actual. No físicamente, aunque teníamos a gente como Justine Henin. Hoy día todo el mundo es muy bueno físicamente. ¿Pero a nivel de tenis? No. Para nada.

En 2009, después de tu primer título en Estrasburgo, llegaste a octavos de final de Roland Garros. Aquel torneo fuiste una de las pocas tenistas que se quejó a un juez de silla sobre los gritos de tu oponente, la portuguesa Michelle Larcher de Brito.

Ella estaba jugando increíble en aquel momento, número uno del mundo en juniors… pero se enfrentaba a mí, en mí país. No la iba a dejar hacer eso (risas). Puedes gritar alto, pero el suyo era un grito que continuaba hasta que yo golpeaba. Eso no era justo. Muchas jugadoras no hubiesen hecho lo que yo hice, pero no me importó. No puedes gritar de esa forma, para mí, eso va en contra de la belleza, del respeto de este deporte. Recibí un montón de insultos de fans portugueses, amenazas, pero no me importaron. Aquel año fue bastante complicado fuera de la pista. Me invitaron a ir a jugar al Torneo de Campeonas en Bali, a final de año. No estaba preparada.

Aravane Rezai en Roland Garros 2010. Fuente: Getty

Y aún así ganaste el torneo. ¿Cómo?

(risas) Todo estaba en mi mente. Viajé a Bali con mis padres como si fuesen unas vacaciones.

Te dejaste llevar, te liberaste de toda la presión que rodea al tenis.

Todos los días bailábamos cerca de la playa, había barbacoas… en Bali sentí que todo estaba en su lugar. Me dije que no había presión, que podía jugar mi mejor tenis ante grandes jugadoras. Cuanto mejor me sentía en pista, más feliz estaba fuera de ella. Aquel torneo, además, invité a mi amigo Patrick Mouratoglou y todos disfrutamos juntos. Gané el torneo y decidí que trabajásemos juntos.

Creo que debemos pararnos aquí porque es un momento muy importante en tu carrera. Se ha escrito mucho sobre tu padre y su carácter. En aquel momento en el que empezaste a trabajar con Patrick, después de estar toda tu vida con él, ¿cómo se lo tomó? ¿Le molestó?

Al principio todavía estaba con mi padre, trabajaba con ambos. Lo que Patrick trajo a mi equipo fue un verdadero plan de trabajo. Estaba con mi padre en pista ocho horas al día, pero Patrick me dio ese toque de profesionalismo: una hora de fitness, una hora de masaje… Además, me llevó a pistas de entreno de calidad, me dio hitting partners, facilidades. Mi padre tenía un carácter muy fuerte. A veces era algo posesivo, quería protegerme costase lo que costase. Me di cuenta de que Patrick, en ocasiones, quiso calmar esa situación. El problema es que él era ese tipo de persona que no acepta sus responsabilidades. Me presionó para que me enfrentase a mis padres. Me puso enfrente de ellos, cara a cara, para conseguir lo que él quería: control total. Quería resultados y no le importaba de qué forma los consiguiese, no le importaban ni mi educación ni mi pasado.

Me decía: “Te prometo que llegarás al top-10, así que escúchame”. OK. Confié en él plenamente. Pero, como hombre, no está bien poner a una chica todavía pequeña a pelear contra su padre mientras tú te quedas atrás y esperas.

Digamos que no tienes buenas memorias de Patrick en ese sentido.

No, tampoco diría eso. Es un hombre apasionado por el tenis, se nota que le importa. No diría que es un gran entrenador, pero sí que es un gran hombre de negocios: sabe cómo jugar, cómo analizar las cosas desde un punto de vista táctico. Pero si entro en detalles… cuando gané en Madrid, no te puedes ni imaginar lo que hizo conmigo. Me puso bajo tantísima presión para ganar aquel torneo…

Quería resultados sin tener en cuenta nada de lo que te rodeaba.

Exacto. Apenas comía, solo tomaba un vaso de leche cada día. No desayunaba, no podía coger el teléfono, la tarjeta de crédito, nada. Era como estar en una cárcel. Me levantaba a las 6AM a correr una o dos horas, hacía fitness justo antes de mi partido, era demasiado. Mi padre ponía mucha presión sobre mí, y él pensó que poner esa presión extra también me llevaría a ser mejor. Y sí, funcionó.

Ganaste el Mutua Madrid Open, al fin y al cabo.

Claro. Pero hay un momento en el que eso te desgasta. Por eso mi relación con Patrick duró solo algo más de un año. La gente que estaba con él (dietistas, doctores), que estaban en mi equipo, le advirtieron. Le decían que, si seguía quemándome de esta forma, me acabaría rompiendo. Y él les respondía que no le importaba. No le importaba mi salud mental. Me puso bajo muchísima presión, estaba muy delgada, y lo peor es que le habían avisado de que me iba a romper física y mentalmente. Si te fijas en lo que ha durado con otras jugadoras, te das cuenta de que no son capaces de estar con él más de ocho meses. ¡Es que no lo aceptan! Era una soldado. Y así gané Madrid…

Vayamos a aquel torneo, un torneo que, debido a la altitud de Madrid, se adaptaba a la perfección a tus golpes planos. Fue tu rampa de lanzamiento, la gente empezó a hablar más de ti. ¿Cuál fue la clave para ganarlo?

Diría que la clave fue que… estaba bajo una presión inmensa (risas). No fue fácil. Para cada partido solo comía tres piezas de ensalada. Solo eso. Tenía un vaso de leche y ensalada en mi estómago, nada más. No me dejaba comer más, constantemente me decía que tenía que perder peso. ¿Tenía que hacerlo? Sí. Pero necesitaba tiempo, no podía ser de esa forma. Cuando trabajaba con él, escuchaba historias. “Patrick Mouratoglou acaba de ganar otro gran torneo”. Eso era lo que él quería: pedigrí, reconocimiento. Le gané a Justine Henin en primera ronda en tres sets, pero quería más, no estaba satisfecha con eso. En tercera ronda me medí a Andrea Petkovic. Fue el partido más duro de aquel torneo.

Le ganaste 6-4 y 7-6(8).

Aquel partido fue la clave del torneo. Fue durísimo, no me dejó ganar fácil. Después de aquel partido, estaba on fire. Ponía la bola donde quería. Madrid fue un torneo increíble, pero en aquel momento no sabía que sería mi mejor título. Tenía otros planes: ganar Grand Slams, otros torneos grandes… estaba en camino. Además, me hizo feliz porque fue justo antes de Roland Garros. Pero aquel torneo fue una historia completamente distinta…

Hablemos sobre ese Roland Garros. Quizás no tengas recuerdos tan buenos como del torneo de Madrid.

En aquel momento, llego a Roland Garros y me encuentro un artículo sobre mí. Primera plana de un periódico francés. “¿Va a ganar Aravane Rezai Roland Garros?" Pensé: “Periodistas franceses, por favor, ¡dejadme en paz!”.

De hecho, el New York Times sacó un reportaje sobre ti. Su titular era, “Llevar las esperanzas de Francia puede ser una carga pesada”. Ganaste en Madrid y eso te dio exposición mediática. ¿Cómo te afectó aquello?

Cuando perdí ante Petrova (tercera ronda, 8-10 en el tercer set), sentí que había jugado un gran partido. Tienes que saber algo: por primera vez en mi carrera arrastraba seis victorias consecutivas y, en aquel momento, era muy débil físicamente. Estaba agotada. Recuerda que tenía seguir perdiendo peso, aún me levantaba a las 6AM para correr, solo comía una ensalada a las 12AM… aún así, en aquel momento pensé que, por primera vez, podía llegar a ganar un Grand Slam. Aquella derrota no me dolió tanto. Pensé: “Está bien. En el próximo Grand Slam, lo conseguiré”. Pero aquel torneo, aquel Roland Garros, pasaron muchas cosas.

Había muchas peleas entre Patrick y mi padre. Discusiones acaloradas que no me dejaban dormir por la noche. No era algo que quedase entre ellos dos; me perjudicaban a mí. Me decían: “Ve a decirle a Patrick/tu padre que haga esto o aquello”.

Aravane Rezai con su padre. Fuente: Reuters

Te quedaste en medio de todo lo que estaba pasando.

Sí. Ambos ponían presión sobre mí. ¿Cómo puedes lidiar con todo eso? ¿Cómo podía jugar un partido en dos horas? Era imposible. Y aún así llegué a tercera ronda, sin estar a mi mejor nivel porque mentalmente no estaba allí.

Y, al final, el tenis es un deporte mental.

Exacto. Se veía que mi espíritu luchador estaba ahí, pero no era libre en mi mente. Estaba muy triste, para ser sincera. Me daba alegría ganar partidos, pero era algo temporal, de disfrutar el momento. No era felicidad verdadera. Después gané el torneo de Bastad, pero la gira americana fue un desastre. Había perdido mucho peso, seguía con el proceso.

El tema es: Mouratoglou podía irse de vacaciones mientras me entrenaba, pero yo no podía tomarme un día libre. Me pedía ser más profesional cuando él no lo era. Hablamos sobre aquello, discutimos y se acabó. Mi padre se alegraba de aquella decisión, pero yo no. Sabía que, aunque Patrick fuese egoísta, era quien me facilitaba pistas de entrenamiento, un plan de trabajo… muchas cosas que mi padre no podía darme. Ahí empezaron las discusiones con mi padre. Nos peleamos mucho y dejé mi relación con él.

Claro, en este punto pasas de tener a ambos en el banquillo… a no tener a ninguno de los dos. Algo totalmente distinto.

Cuando hablo de terminar la relación con mi padre no me refiero solo a la relación profesional. Dejé de hablar con mi familia. Me aislé de ellos, porque la situación me estaba destrozando. Era demasiado. Necesitaba un descanso, mentalmente era demasiado. Cuando eres una niña, escuchas a tus padres, quieres darles todo. Cuando creces, empiezas a hacer cosas por ti misma y ahí empezaron las discusiones. Mi familia decía que mi carrera era un proceso, que si había empezado con ellos tenía que terminar con ellos. La educación persa es totalmente distinta a la francesa. Mi padre fue muy duro conmigo en aquel momento. Pasé una depresión muy dura, no podía centrarme en el tenis. Decidí irme a España, yo sola, y centrarme en mí misma. Dejé de entrenar.

Querías desaparecer, básicamente.

Exacto, no quería que la gente hablase de mí.

Pero, después de todos estos años, intentaste volver al tenis en 2015.

2015 era el último año en el que podía usar mi ranking protegido y lo utilicé para tratar de volver en Roland Garros. Pero si te soy sincera aún no estaba preparada. Necesitaba entrenar como cinco o seis meses, fui allí sin apenas entrenamiento. Empecé a estar en contacto con mi familia de nuevo, volví a Francia para poder hablar con mi padre. Tenía que recuperarme del daño del pasado. Cuando llevas años sin hablar con tu familia, ese proceso no es fácil. Aún no estaba recuperada al 100%, así que tomé una decisión: hacer el Camino de Santiago.

¿Lo hiciste? Yo pienso hacerlo en un futuro. Quizás todavía soy muy joven para hacerlo.

(risas) Tienes que hacerlo cuando no estés bien, para que te cures por dentro. Hice el Camino durante un mes y medio, en torno a 1/3 de la ruta, empezando en Francia. Fue la mejor experiencia posible: me salvó la vida. Volví a encontrarme con mi espíritu de lucha, mi mente había vuelto. Pasé página, nuevo capítulo, y me mudé a París. Empecé a trabajar en mi aspecto físico, tuve problemas hormonales, de tiroides. Dediqué una temporada completa a ganar peso y trabajar en mi tenis de nuevo. Necesité un año y medio para volver a poder hacer deporte de nuevo; cuando estás fuera mentalmente, lo estás al 100%. Pero me reuní con muchos entrenadores y sentía que nada funcionaba.

Así que volví con mis padres, aunque con una diferencia que me ayudó a ser fuerte y convertirme en una persona diferente. Empecé a creer más, a confiar en mi Dios. La meditación me ayudó a tener una mente más clara, a respetar a mi familia. Empecé de cero. Y ahora mismo, meses después, he descubierto a un padre y una madre nuevos y completamente maravillosos…

O sea, que por fin todo encaja en el puzzle de tu familia.

Siento que estoy en el paraíso ahora mismo. Creo que, después de todo, me lo merezco (risas). Estoy feliz por tener a mis amigas, que son como hermanas para mí. Siento que estoy disfrutando las pequeñas cosas de la vida. No me importa el dinero ni la fama; las cosas que me importan ahora mismo son mi fe, mi familia y mis amigos. ¿El resto? Es un bonus. Si llego a la cima, seré feliz. Si no lo hago, está bien. Siento que soy libre, y eso es lo que importa. Solo eso. Eso es vida. Lo que estoy sintiendo ahora mismo no tiene ni punto de comparación con lo que sentí al ganar Madrid, por ejemplo. Ahora juego al tenis mucho mejor que antes (risas).

O sea, que esto es un aviso para el resto, ¿no? Por eso quería preguntarte, para finalizar esa entrevista, si tienes pensado volver a jugar al tenis, empezar de cero una vez pase todo esto del coronavirus.

Estos últimos meses he estado jugando al tenis muchísimo. No sé qué pasará, pero estoy trabajando duro para volver. Quiero ganar partidos primero, que sea mi tenis quien hable por mí. No quiero ir anunciando esto por todos lados, no publico nada sobre tenis en mi Instagram porque no quiero que la gente piense en mi pasado. Ahora mismo, soy una nueva persona. Quiero que la gente vea a la nueva Aravane, no a la antigua.

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