“No sé quién le dijo de jugar revés a una mano, pero acertó”

Carlos Martínez, entrenador de Margarita Gasparyan, nos cuenta su historia de superación después de tres operaciones. “Tiene una ambición increíble”.

Margarita Gasparyan y Carlos Martínez posan con el título en Tashkent.
Margarita Gasparyan y Carlos Martínez posan con el título en Tashkent.

Cuando Margarita Gasparyan se metió en el top50 con tan solo 21 años, seguramente pensaría que lo más difícil ya estaba hecho. Tan joven, en una etapa tan competitiva, verse rodeada de las mejores era un premio al talento y la precocidad. Pero su amable viaje de ingreso en la élite en 2016 se iba a ver truncado en Wimbledon, donde aterrizó con molestias en su rodilla tras una larga quincena en Roland Garros. Aquel dolor terminó siendo una grave lesión de menisco que la mantuvo apartada del tenis hasta finales de 2017, año y medio de sufrimiento en el que pisó el quirófano hasta en tres ocasiones. ¿Estaba su carrera en peligro?

Lo cierto es que la operación no era complicada, pero el resultado de su primera intervención en España no acabó siendo satisfactoria. Tres días después, seguía notando dolor. Luego probó suerte en Rusia, pero el desenlace de la operación tampoco le convenció. Margarita no avanzaba, la lesión le acompañaba y seguía sin poder entrenar. Hasta que encontró un médico en Austria que acertó, eso sí, con una rehabilitación de tres meses que auguraba por fin algo de luz al final del túnel. Volvió a los entrenamientos en noviembre de 2017, aunque de manera precipitada. Hizo cuatro días de pretemporada y rápidamente hizo las maletas rumbo al Open de Australia. Demasiado precipitado. Aquel error le costaría una sobrecarga de hombro que le apartaría del circuito todo el mes de enero.

La de Moscú había caido hasta el número 1.115 de la clasificación y no podría volver a jugar hasta el mes de abril. Era evidente que necesitaba ayuda, así que decidió llamar a Carlos Martínez. El técnico español, que ya la conocía de hace un par de temporadas, se encontraba en febrero trabajando con Svetlana Kuznetsova. Trabajar juntos en aquel instante no era posible, hasta que en mayo cambiaron las cosas. Carlos y Sveta separaron sus caminos después de un lustro juntos y el teléfono de Margarita sonó con una respuesta firme.

“Me motivó mucho desde el principio. Venía con muchas ganas de aprender, se entregó de entrada y así es un placer trabajar”, explica Carlos en una charla con Punto de Break. “Sobre todo me llamó la atención tanta ambición, por eso decidí apostar por ella y dedicar mi tiempo en este proyecto. A nivel de tenis me gustó lo que vi, tiene grandísimas posibilidades y además tuvimos un gran feeling desde el primer día. El sistema que utilizo con ella de momento funciona, ella confía, así que por eso seguimos adelante”, confiesa el español.

Para todo aquel que haya visto jugar a Gasparyan sabrá que no es una tenista común. De hecho, es una jugadora bastante llamativa sobre la pista. “Es una jugadora diferente a lo que yo pensaba”, confirma Martínez. “Tiene mucho talento, para ser tan grande y corpulenta no se mueve nada mal. Los tiros que tiene sorprenden, parece como que no tenga fuerza pero de repente la saca. Con el revés a una mano sí que fue una sorpresa, por ahí pensé que íbamos a sufrir pero es que tiene un guante. No al nivel de Carla (Suárez), que actualmente es una jugadora top, pero Margarita está en el camino. No tengo ni idea de quién le dijo de jugarlo a una mano, pero acertó. El objetivo al prinicipio era ordenar un poco más su juego, hacerle entender cómo tenía que jugar, poco a poco vamos mejorando”, relata el técnico.

¿Y qué tal fuera de la cancha? “Es una persona muy fácil, muy relajada, hablamos muchísimo. Agradezco que no sea una chica que esté todo el día pegada al teléfono móvil, como algunas en la actualidad, ella es una chica sencilla, de familia muy humilde y con unos valores que van por delante de todo. Estoy muy contento, el día a día se hace muy ameno y eso ayuda para que no se hagan tan duro los viajes", asegura después de cinco meses trabajando juntos.

Cinco meses que arrancaron estando fuera del top1000 y que, tras el título en Tashkent del pasado sábado, vuelven a situarla dentro de las 150 mejores del mundo. “Si te digo la verdad, venía con mucha fe de que hiciera cosas buenas. Le tengo mucha fe, la veo jugar y le veo el potencial, además es una jugadora muy ambiciosa, nunca tiene suficiente. Yo soy igual, lo haga bien o lo haga muy bien, para mí siempre se puede hacer mejor, somos los dos muy perfeccionista. Partido a partido empezó a ganar y así hasta la final, donde la rival no creyó en sus posibilidades y Margarita se vio muy superior”, repasa tras el triunfo holgado ante Potapova por 6-2 y 6-1.

“Cuando ganó el último punto… imagínate. Un mar de lágrimas. Es algo muy emocionante vivir algo así después de seis años impresionantes con Sveta. Y para ella, después de tres años desahuciada, donde nadie creía en ella, viene a mí, nos ponemos a trabajar y pasa esto… es la bomba”, destaca Carlos tras una semana mágica que llevó a Margarita a ganar su segunda corona WTA, tres años después de la primera. “Estoy tremendamente feliz por ella, además de sentir una satisfacción personal enorme”, concluye. Un punto de inflexión que nos invitará a seguirles muy de cerca durante todo 2019.

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