Coric bloquea la Décima

El croata sorprende a Roger Federer en la final de Halle y levanta su primer título del año. El suizo acumulaba 20 victorias seguidas sobre hierba.

Borna Coric toca el cielo en Halle. Fuente: Getty
Borna Coric toca el cielo en Halle. Fuente: Getty

Borna Coric tardará muchos tiempo en olvidar esta semana. Quizá no lo haga nunca. ¿Se imaginan ganarle una final en hierba a Roger Federer en uno de los momentos más dulces de su carrera? Pues el croata lo consiguió este domingo en el pasto de Halle (7-6, 3-6, 6-2) demostrando una madurez y un talento que veníamos esperando desde hace años. Puede que el mundo no esperara esta explosión en esta plaza y ante este adversario, pero el destino quiso que el de Zagreb se consagrase en un contexto de ensueño. Cuando todos esperaban el título número 99 del suizo, el pequeño Borna apareció para capturar el segundo trofeo de su carrera.

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Dicen que la hierba siempre se alía con los jugadores de gran envergadura, potente servicio, derecha fulminante y una poderosa combinación para cerrar los puntos por la vía rápida. Muchos seguro que revisaron este librillo cuando vieron a Rafa Nadal, Novak Djokovic o Andy Murray gobernando la gran alfombra verde de Wimbledon, días en los que quedó demostrado que son varias las actuaciones que tienen cabida para practicar en pasto. Borna Coric es de esta misma escuela, cabeza pensante desde el inicio y capacidad creativa hasta el final. Sin prisa, midiendo los tiempos y sin mostrar sus cartas al rival. Su rostro gélido llega incluso a preocupar, pero pueden estar tranquilos, es solo una táctica.

El croata llegó a Alemania con un duro bagaje sobre hierba en su joven carrera: dos victorias. Sin saber muy bien cómo, se plantó en la final sin ceder un solo set e insistiendo que el domingo sería un día especial, una fecha en la que no tenía nada que perder, solo disfrutar. Típicas palabras que no te las crees hasta que se cumplen. Véase mejor con el ejemplo del primer set. De poco le sirvió a Roger ceder tan solo cinco puntos con su primer servicio, ni siquiera el hecho de ganar cinco puntos más que su rival en todo el parcial. Por encima del librillo mencionado en el primer set, existe otro todavía de mayor jerarquía que dice que ‘quien perdona lo acaba pagando’. Fueron dos bolas de ser para el helvético, ambas malogradas. Cuando llegó la primera a favor del croata, todos sabían cuál sería el desenlace.

Mala cara se le puso a Ljubicic y a los millones de aficionados del suizo en todo el mundo. La película nos sonaba mucho, esa que siempre castigaba al de Basilea por no aprovechar las pelotas de break en el momento exacto. Llama la atención que se produjese justo aquí, en su templo más sagrado, lugar donde lleva toda la semana sacando la cabeza en los puntos clave y superando barreras vestidas de tiebreak. Hoy el obstáculo tenía 21 años y, según sus propias palabras, todavía andaba muy perdido sobre la hierba. Pero el de Zagreb llegó un par de días antes a Halle y eso le sentó como agua bendita. Un curso express para dummies voleadores que ha sabido poner en práctica en apenas siete días. Sin embargo, el tenis a veces es injusto y un pequeño error puede matar todo lo anterior. Sucedió con 4-3 y un 15-40 inoportuno contra Borna. Una volea sencilla, de esas que llevaba firmando toda la semana, no pasó la red y ahí cambió todo. O eso parecía.

Después de ceder innumerables ocasiones de quiebre, no iba Federer a dejar escapar esta invitación. El 6-3 apareció en el marcador cuando ya muchos se olían la tragedia helvética, aunque todavía quedaba tela que cortar. Cuando uno recibe un golpe así con 21 años lo normal es que tu cabeza desconecte y empiece a pensar en hipotéticos finales que ya nunca serán realidad. Pero no Coric, protegido en esa manta que recordaba tras ganar en semifinales: “No tengo nada que perder, a disfrutar”. Dicho y hecho, el balcánico saltó al tercer parcial dispuesto a pegar palos. Sin miedo, sin complejos, pensando solamente en jugar y dejando el marcador para la prensa.

No hizo falta ni que llegaran los momentos clave, ahí donde el suizo siempre se hace grande. Rompió Borna cuando la temperatura todavía estaba templada, para ponerse 5-2 y rematar una faena gloriosa con un nuevo break. El hombre que llegaba a Halle con dos victorias en hierba en su carrera, se marcha de Alemania convirtiéndose en el sexto hombre capaz de ganarle una final en pasto al suizo. Por cosas tan impredecibles como ésta, a veces el tenis es maravilloso.

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