Wozniacki conquista la cima

La danesa Caroline Wozniacki se proclama campeona del Open de Australia 2018 tras derrotar a la rumana Halep en un partido dramático

Caroline Wozniacki. Foto: Getty
Caroline Wozniacki. Foto: Getty

Caroline Wozniacki es la nueva campeona del Open de Australia después de doblegar a la número 1 del mundo, Simona Halep, en tres mangas (7-6 3-6 6-4), en un encuentro plagado de momentos muy duros, que pusieron a prueba la capacidad de concentración y resistencia de dos jugadoras habituadas a correr con una raqueta en la mano. Un partido que tuvo muchas cosas que contar, en todo momento, cuyo desenlace corona a Wozniacki, que arrebata el cetro del tenis mundial a Halep y levanta así, a sus 27 años, su primer título de Grand Slam.

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Sin poder reprimir las lágrimas, sonriendo en mitad del llanto, entremezclando sentimientos que explican toda una carrera, Wozniacki hizo el partido que sabía que tenía que hacer para ganar. Fue lo esperado. La tremenda igualdad de estilo y nivel que caracteriza a ambas quedó subrayada por un componente de extremo calor, problemas físicos y una constante respuesta anímica por conseguir el objetivo. Una lucha contra una misma, contra una portentosa rival y contra los elementos. El vivo reflejo de ascender una cima, de coronar un monte.

El encuentro abre con un set impecable, formidable, absolutamente espectacular. Como si el formato hubiera cambiado por un día y se jugara a un set, ambas jugadoras jugaron un parcial imposible de mejorar, jugado a una intensidad impresionante, con una energía, una claridad, una inspiración y un poderío tales difíciles de recordar. Las estadísticas que dibuja dicha manga ilustran a la perfección el nivel de discusión al que asiste la Rod Laver Arena.

Halep: 3 aces, 68% de primeros servicios, 74% de puntos ganados con él, 64% de segundos saques ganados, 74% de puntos restados, 15 ganadores, 14 errores no forzados.

Wozniacki: 2 aces, 72% de primeros servicios, 81% de puntos ganados con él, 60% de segundos saques ganados, 76% de puntos restados, 9 ganadores, 9 errores no forzados.

Todo ello a un nivel de intensidad extremo, con las piernas generando una energía constante, con la pelota golpeada en todo momento con limpieza e intención, con la pista completamente abierta y estirada por paralelos constantes, cruzados angulados, defensas preparadas, firmeza en los ataques, mentalidad de campeonas. Y eso que Wozniacki lo tiene en el bolsillo, pues en 24 minutos ya va 5-2 arriba, pero Halep sabe recurrir a su juego de ataque para ofrecer tramos potentísimos de tenis. Y pasa al ataque para no dar por perdido un parcial que parece clausurarse con facilidad.

La rumana iguala a 5-5 diez minutos después y sólo el tie break da la primera ventaja a la posterior campeona. Wozniacki vuelve a preparar su mente para ganar dos veces cada pequeño triunfo. Halep, lo mismo. Y el partido, ahí, después de un set agotador, cambia por completo. El calor hace mella, Halep sufre las condiciones, pide al fisio porque ha notado lo que parece un bajón de tensión que pasa poco después a pequeños calambres. Tras un segundo juego tremendo, durísimo, Halep se viene abajo. El físico va a condicionar el ritmo de juego. Seguirá siendo alto, pero tendrá más interrupciones, bajones, errores más numerosos. la cabeza entra en juego para sostener todo ello. Hay que remar.

Esta situación desconcentra a Wozniacki, que pierde claridad y foco en su tenis. Se deja llevar, deja de conectar su defensa con su ataque, deja de hacer cosas que antes hacía en cada punto, y Halep vuelve para igualar un partido que se ha enrarecido. En todo ese tiempo, el calor es tal que la juez de silla toma la decisión de activar la regla de extremo calor, la que posibilita descansar durante diez minutos a las jugadoras. La contienda se iguala a un set.

En el tercero las dos jugadoras recuperan ciertos patrones, sobre todo de intensidad. La pista se hace muy larga, la que defiende lo hace desde más atrás, refugiándose en un espíritu de sacrificio que busca el fallo en la rival, pues las fuerzas y las ideas se mezclan para que la mano tiemble. En dicha asunción de papeles, intercambiados punto a punto, con una igualdad que corta el aliento del público, tener el saque a favor una vez se acerca el desenlace juega un papel fundamental.

Wozniacki se pone 3 a 1 pero vuelve a ceder ventaja. Después, varios juegos igualadísimos estrechan la final hasta el detalle. Uno va a ser el que defina la final. Uno que se sucede con 5-4 y 30-40. Punto de partido para Wozniacki, que juega con su memoria para ganar su primer Grand Slam gracias a la bola extra, a la perseverancia por negar todo lo que está en su mano. Halep falla un revés cruzado y Australia corona a una jugadora que venía avisando. Su momento vital y profesional se han dado la mano para hacer posible lo que siempre faltó. Wozniacki es número 1, campeona de Grand Slam y campeona de las WTA Finals. Lo tiene todo.

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