Descanso exhibido: la pescadilla que se muerde la cola

El cargado calendario no impide que muchos tenistas acaben la temporada disputando exhibiciones

Del Potro y Federer jugarán una exhibición. Foto:viajesgrandprix.com
Del Potro y Federer jugarán una exhibición. Foto:viajesgrandprix.com

Cada vez más, los tenistas aprovechan el descanso de final de temporada para disputar exhibiciones, algo que se contradice con las continuas protestas por parte de ellos sobre lo cargado que se encuentra el calendario.

En tiempos recientes ha surgido cierto debate en cuanto a una realidad emergente en el mundo del tenis. El curso deportivo de la disciplina abarca prácticamente toda la temporada. Por este motivo, los jugadores llevan varios años reclamando un período más amplio de descanso para poder recuperar sus castigados cuerpos de cara a la campaña siguiente. Habiendo conseguido ampliar ese parón adelantando la final de la Copa Davis a mediados de noviembre, la competición se mantendrá parada durante mes y medio. Sin embargo, vemos de forma cada vez más frecuente la planificación de eventos de exhibición en estos períodos reclamados por los competidores para, en teoría, poner el organismo en barbecho.

Federer y Tsonga jugarán una exhibición en Colombia.

La pregunta que surge de manera prácticamente espontánea es la siguiente: ¿los jugadores desean más tiempo lejos de la competición para descansar o para incrementar sus posibilidades de organizar esta serie de acontecimientos de carácter lúdico de los que obtener pingües beneficios económicos? ¿No resultaría un poco contradictorio estar reclamando a los organismos oficiales un poco de margen para mantener sus cuerpos protegidos de las lesiones y por otra parte estar pendientes de estos eventos?

Visto desde una perspectiva optimista, esta serie de acontecimientos pueden contribuir a alimentar el interés por el deporte. Las grandes figuras se muestran en un ambiente competitivo más desenfadado que en los compromisos profesionales, y en muchas ocasiones visitan regiones del planeta donde el circuito no les permite competir de manera oficial. De esta forma, el impulso atrayente de la novedad y una actitud más cercana al aficionado puede contribuir a sentar bases para el desarrollo de la disciplina en enclaves sin una profunda tradición.

No obstante, el hecho de que las protestas por la falta de descanso no surjan a la hora de planificar este tipo de eventos, más aún cuando algunos jugadores sacrifican parte de sus escasas vacaciones para acudir a ellos, puede generar corrientes de opinión que tachen de hipócritas las actitudes de los jugadores. En este sentido, desde Punto de Break hemos querido contactar con profesionales de la disciplina para que nos muestren su parecer sobre estos hechos.

“Creo que están en su completo derecho ya que la exigencia mental en los torneos puede ser más grande y el desgaste físico de todos los partidos de un torneo no son equiparables a los de una exhibición. Y económicamente también es compensatorio” comenta Laura Pous. La tenista catalana incide en un aspecto que encuentra aceptación general entre los profesionales a la hora de defender la idoneidad de este tipo de eventos. La intensidad tanto a nivel psicológico como físico de una exhibición no aguanta la comparación con un partido profesional.

En sentido parecido se expresa Xavier Budó, cabeza visible del mayor grupo de competición del tenis femenino español –ELITIA-. “Para mí no es comparable la exigencia mental del circuito profesional y el desgaste que ocasiona, con las exhibiciones. Además de que la vida deportiva de un tenista es corta y es lógico que busquen optimizarla” indica el entrenador y economista desde un punto de vista pragmático. Vemos que el segundo punto clave al margen de la ‘suavidad’ competitiva, reside en el interés puramente económico. El deportista tiene una trayectoria profesional de duración limitada y debe recoger frutos allá donde pueda. Como cualquier otra persona, por otra parte.

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La competición profesionalizada debe de generar en el deportista una tensión continua con la que debe aprender a convivir. Ese ‘disfrutar sufriendo’ que subraya Rafa Nadal con cierta frecuencia. De este modo, estas exhibiciones ofrecen un desahogo a nivel de sensaciones a la hora de estar en pista, y de esa manera plantea el escenario Beatriz García-Vidagany. “Sí que es un pelín contradictorio [sobre la petición de acortar temporadas y jugar exhibiciones], pero a la vez estás jugando un partido sin presión, para ‘divertirte’ y encima cobrando dinero. Con lo cual, no tiene el ritmo ni la exigencia de un partido de alta competición. Además, un deportista lo es desde que nace hasta que se muere. E incluso estando de vacaciones coge la raqueta. Es como una droga” indica la tenista valenciana. Una tercera lectura, junto a componente físico y económico, reside en esa tendencia a no abandonar por completo la pista. Y si pueden hacerlo recibiendo una contraprestación interesante por ello, se antoja lógico que den el paso de aceptar participar en dichas exhibiciones.

El antiguo campeón del Masters de Hamburgo Roberto Carretero resume la realidad en dos certeras pinceladas: “Es un entrenamiento divertido por pasta. Es como estar de vacaciones, pero trabajando”. El dinero mueve montañas, y en este caso a los jugadores por todo el globo en períodos estipulados de descanso o preparación para el siguiente curso.

Nadal y Del Potro jugarán en el Madison Square Garden.

Este último punto que sitúa al dinero como catalizador de voluntades no es un fenómeno nuevo. Las grandes figuras reciben sumas importantes para ser atraídos, sobre todo, por aquellos torneos que no figuran en su calendario obligatorio de citas competitivas. Uno de los ejemplos más recientes y representativos lo encarna la Kremlin Cup de Moscú 2013. Yevgeny Kafelnikov, leyenda del tenis ruso y figura cercana a la organización, indicó esta semana la voluntad de lograr la participación en la próxima edición del alicaído evento de Novak Djokovic y Rafael Nadal. Ofreciendo sumas de siete cifras –sólo por participar- en un torneo donde el campeón ingresa poco más de 120.000€.

Conclusión

Resultaría una actitud francamente demagógica criticar a alguien por el mero hecho de tener ambición económica, más aún cuando lo ingresado tiene una relación directa con su prestigio profesional, esto último ganado a pulso tras una vida de esfuerzos y sacrificios. Ahora bien, también es cierto que en la proliferación de exhibiciones en transiciones de temporada hay una contradicción de base: actividad extra tras reclamar con insistencia una imperiosa necesidad de descanso. ¿Lógico o no? Queremos saber tu opinión. Tienen disponible su espacio en la sección de comentarios.

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